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Cómo aplicar la economía a los sentimientos

Cómo aplicar la economía a los sentimientos

Nuestra capacidad económica, además de ciertas aptitudes psicológicas, influye en cómo disfrutemos de una buena vida.

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Todo cuesta en la vida

Elegir la pareja que más nos conviene, inclinarse por los platos más apropiados del menú en un restaurante o sacarle el máximo partido a un reunión de trabajo puede depender de nuestra capacidad económica, además de ciertas aptitudes psicológicas. Basta con controlar determinados impulsos reflejos antes de tomar una decisión para que el efecto sea el más adecuado para cada ocasión.

Nuestra vida está inundada de sentimientos, entre otras cosas porque somos espíritu, de acuerdo con la teología. Pero como al tiempo somos materia nos vemos obligados constantemente a tomar decisiones que nos permitan la supervivencia en la selva del "homo homini lupus" (el hombre es un lobo para el hombre), según recordó el clásico Plauto y popularizó el filósofo inglés Thomas Hobbes en el siglo XVII.

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La vida también es un mercado en el que casi todo se vende y se compra. Por ello la economía actúa como elemento integrador en cuántas transacciones realizamos a lo largo de nuestra existencia. Sin embargo, no todo está en venta (o no debería estarlo al menos). Los sentimientos que brotan del espíritu no deben tratarse como una mercancía. "Ni se compra ni se vende el cariño verdadero... no hay en el mundo dinero para comprar los quereres", decía el cantante español Manolo Escobar en uno de sus temas de los años 60 del pasado siglo.

Los incentivos como clave

No obstante, el economista estadounidense Tyler Cowen sostiene que el concepto clave no es el dinero a la hora de lograr los objetivos, incluidos los sentimentales, sino los incentivos.

A fin de cuentas, conquistar a la persona que nos atrae puede depender de un incentivo, que no es otra cosa que una motivación de la conducta humana que anima al individuo a tomar una decisión en lugar de otra. Por supuesto que el cariño verdadero ni se compra ni se vende pero no está prohibido recurrir a los incentivos para lograr una conquista sentimental o decidir de forma acertada.

En su libro "Discover your inner economist" (Descubre al economista que llevas dentro, Ed. Planeta, 2007), Cowen recuerda que los mercados siempre interactúan con las complejidades de la motivación humana y, cuando se establecen de manera tosca y escasamente reflexiva, tienden a fallar.

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Por ejemplo, cuando queremos perder peso solemos acudir a un dietista al que pagamos para que nos obligue a seguir un régimen de comidas adecuado. Pero esto no basta para "querer perder peso". La generación del deseo de dejar los kilos es la única solución a largo plazo, y siempre a partir de los incentivos que nosotros mismos nos tracemos.

La economía comenzó a desarrollarse a partir de la evidencia de que muchas cosas que merecen la pena no nos caen del cielo.

En este planteamiento se incluyen cuestiones personales tan habituales como elegir a la persona amada más acorde con nuestra personalidad, inclinarse por los platos más adecuados del menú de un restaurante o significarse positivamente durante una reunión de trabajo.

El verdadero objetivo de la economía, resalta Cowen, es sacarle el máximo partido a las cosas buenas de la vida.

Las falsas ilusiones

De acuerdo con estos presupuestos, el secreto de una buena relación sentimental y/o marital radica en las falsas ilusiones, que es una fórmula aleatoria de incentivos.

Según el economista norteamericano, las parejas que permanecen más tiempo juntas son aquellas que viven bajo el paraguas de la ilusión y cuando vuelven la vista hacia el pasado lo ven todo de color de rosa, gracias al mecanismo de "olvido selectivo".

Es decir, la clave para que un matrimonio perdure radica en saber cuándo olvidar y también cuándo no darse por enterado de ciertas cosas negativas.

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A la hora de las encuestas, las parejas felizmente casadas durante decenios tienden a creer que tienen más en común con sus cónyuges de lo que en realidad tienen.

Cuando se les pregunta sobre ciertos aspectos de su vida en común suelen responder que son "espíritus afines" o "almas gemelas", incluso cuando siguiendo criterios objetivos se llegue a la conclusión de que en realidad no parece que sea así.

Algunos estudios revelan que la frecuencia sexual de las parejas que llevan mucho tiempo juntas es muy escasa, e incluso nula. Este hecho puede ser un reflejo de la frustración acumulada en este tipo de relaciones que determina una imagen negativa del otro.

Cowen aconseja cerrar esta peligrosa senda y mantener una visión positiva de nuestros cónyuges, si queremos que la relación sea duradera. Por supuesto, unas relaciones íntimas con una frecuencia normal también influyen en el futuro de la relación de la pareja, aunque no sea una condición "sine que non".  

Reuniones prácticas

El incentivo también se plantea como recurso a la hora de abordar una reunión de trabajo. Definición inadecuada de objetivos, ausencia de toma de decisiones o de asignación de tareas, duración excesiva, lentitud e interrupciones son los problemas más comunes de este tipo de encuentros que suelen llevar a la conclusión de una inútil pérdida de tiempo, en la mayoría de los casos.

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Para que las reuniones de trabajo sean cortas y efectivas Cowen propone en su volumen las siguientes ideas radicales:

1.- Hacer que todo el mundo permanezca de pie desde el principio hasta el final de la reunión. Esta incómoda postura obligará a todos a tener prisa por concluir lo antes posible.

2.- Que la reunión se mantenga por teléfono aunque los participantes tenga sus despachos en la misma zona de la oficina. Este sistema evitará las chácharas y los comentarios paralelos inútiles.

3.- Que los participantes en el encuentro acudan con un reloj como les que se utiliza en las partidas de ajedrez para limitar la cantidad de minutos que les está permitido hablar.

4.- Monitorizar las emociones durante la reunión a través de sensores PAL (vínculos de asistencia personal) para evitar que ésta se prolongue hasta el aburrimiento de los participantes.

Sin embargo, hay otros factores en estas reuniones que pueden proporcionar beneficios a quienes en ellas participan y, por tanto, resultar provechosas.

Existen empleados que tienen en estos foros la única oportunidad de hablar y de ofrecer su aportación. Una vez que esa persona interioriza la idea tratada en la reunión y convence al resto,  llevará a la práctica esa propuesta con más entusiasmo.

Excelente comida a precios razonables

Unas pocas y sencillas reglas, tomadas del economista que llevamos dentro y de una mejor compresión de los incentivos, nos pueden ayudar por otro lado a encontrar alimentos mejores y comida excelente a precios razonables.

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Lea detenidamente la carta de los restaurantes caros y sofisticados y pregúntese cuál de esos platos suena menos apetitoso. Pida ese plato y acertará, recomienda Cowen.

El economista esgrime que, por lógica, en este tipo de establecimientos un plato que suena mal probablemente es que sepa especialmente bien mientras que platos populares, como el pollo asado, pueden estar por debajo de la calidad media de la carta.

Por lo que se refiere a la comida en casa, el economista la considera como la opción más probable de tomar alimentos sanos ya que en los restaurantes es prácticamente imposible controlar tanto la calidad como el proceso de cocción y aliñado de los platos.

Lo que vamos a tomar en el hogar, con un mínimo de esfuerzo e incentivos, lo podemos elegir previamente a la hora de comprarlo en la tienda, lo podemos hacer a fuego lento o rápido y podemos echarles la sal, el aceite y las especias a nuestro gusto.

Cowen recomienda las recetas sencillas como base de alimentación saludable y no tomarse demasiado en serio las recetas de cocina que nos ofrecen los tratados culinarios, los periódicos, los programas de televisión o Internet.

"Trátalas (a las recetas) como museos de arte o "grandes" novelas clásicas. Úsalas, maltrátalas, mófate y ríete de ellas y menosprécialas. No están puestas ahí necesariamente para ayudarte a mejorar", dice el experto, quien advierte de que los autores de recetas de cocina no son altruistas y casi siempre albergan intereses ocultos.

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Hay que saber elegir las recetas de cocina menos complicadas pues no disponemos ni de tiempo ni de herramientas para lograr la perfección de los platos fotografiados que nos muestran los grandes chefs.

También hay que procurar que las materias primas sean las más rentables para nuestros bolsillos y no fiarse totalmente de los condimentos que nos recomiendan. El punto final de sabor lo debemos de poner nosotros de acuerdo con nuestro sentido común.

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