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Irene Román jura que no volverá a prisión.

Perdón con olvido, es lo único que quieren tres hispanas confinadas en Nueva Jersey

Perdón con olvido, es lo único que quieren tres hispanas confinadas en Nueva Jersey

Mailyn Marrero, Irene Román y Gislaine Concepción sufren tras rejas el alto precio que les costó violar la ley: la separación de sus hijos.

Sed de perdón entre madres hispanas confinadas en Nueva Jersey Univision

JERSEY CITY, Nueva Jersey. – “Es bien duro”, suelta sin tener que pensarlo Mailyn Marrero cuando se le pregunta cómo es su vida tras las rejas, sobre todo este domingo, “Día de la Madre”.

Los barrotes y la distancia la mantienen lejos de su madre, “la mejor de mundo” y de su hijo, pero su mente y corazón están con ellos en todo momento. A diario se pasa pensando, “si mi hijo ya vino de (las prácticas) de la pelota (béisbol), si ya está en la casa, si vino bien de la escuela”.
Marrero es una de tres madres hispanas confinadas en la correccional Edna Maham, en Clinton, Nueva Jersey, que quisieron hablar aunque fuera unos minutos con Marijoel Durán, de Univision 41 Nueva York. Es que la soledad -sobre todo un día como hoy- pega demasiado fuerte en esta cárcel, donde hay 709 confinadas distribuidas en edificios de máxima, mediana y seguridad mínima.

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Irene Román conoce esta prisión desde pequeña, pues aquí visitaba a su mamá. “Yo decía que nunca haría algo así a mis hijos… Y lo llegué a hacer”, espeta con la mirada bañada en tristeza, vergüenza y remordimiento.

Hoy, lo más que quiere es que su hijo sepa que “lo quiero mucho… que me perdone, you know, las cosas van a ser diferentes”, le asegura.

Y es que en la Edna Maham hay más de 20 programas funcionando con el único fin de que estas mujeres que perdieron la libertad por violar la ley, jamás vuelvan a cometer un delito.

En uno de estos programas participa Gislaine Concepción, quien entrena perros en la cárcel que luego darán servicios a ciegos y a organizaciones como el FBI, la CIA, el Ejército y hasta la policía local y estatal. Sus “estudiantes” aprenden a detectar bombas, entre otras destrezas.

Para Gislaine, que a diario sufre perderse el crecimiento de su familia, su perro se ha convertido en su fortaleza máxima. “Una aquí se siente sola, sin familia, sin nada. Yo al perro le hablo y aunque no me habla pa’ trás, él me entiende. Sabe lo que yo siento”.

Al igual que Mailyn e Irene, en este Día de las Madres, Gislaine lo único que anhela es ser perdonada por su grave error y que los primeros en darle esa oportunidad, ese perdón con olvido total, sean los suyos.

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