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La inconografía de Lee y otros militares sureños hoy enfrenta a los estadounidenses.

Quién es Robert Lee, el general del Sur que siglo y medio después de muerto regresa a las noticias

Quién es Robert Lee, el general del Sur que siglo y medio después de muerto regresa a las noticias

Al mítico comandante de los ejércitos de la Confederación que luchó contra EEUU durante la Guerra Civil en defensa de la esclavitud no le habría importado que derribaran sus estatuas, el centro de la polémica política que enfrenta a la extrema derecha con el resto de la sociedad.

La inconografía de Lee y otros militares sureños hoy enfrenta a los esta...
La inconografía de Lee y otros militares sureños hoy enfrenta a los estadounidenses.

Robert E. Lee es el general más famoso del Ejército de los Estados Confederados de América, los 11 estados del Sur que entre 1861 y 1865 se separaron de los Estados Unidos de América por diferencias sobre la continuación del trabajo esclavo y en rechazo a la elección del notorio anti-esclavista Abraham Lincoln como presidente.

Si por el general Lee hubiera sido, esas hordas de supremacistas blancos como las que se vieron en Charlottesville, Virginia, el fin de semana pasado no habrían tenido que salir a impedir el derribo de sus estatuas ecuestres o pedestres porque no habría existido ninguna que defender.

Cuando en 1869 fue invitado a participar en una ceremonia con combatientes de la batalla de Gettysburg, en Pensilvania, que se había luchado seis años antes, Lee declinó ir porque le parecía que era mejor no marcar esos recuerdos.

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"Creo más sabio, además, no mantener abiertas las llagas de la guerra sino seguir el ejemplo de aquellas naciones que se esforzaron por borrar las marcas de la lucha civil, para mandar al olvido los sentimientos que se engendraron”, se lee en la carta de respuesta que envió a los organizadores del encuentro.

Pero nadie la prestó mucha atención y hoy Gettysburg, que significó el principio del fin para las tropas sureñas que Lee comandaba durante la Guerra Civil, está lleno de marcas donde se desarrollaron los combates.

Igual pasa en decenas de campos de batalla esparcidos en varios estados del país y en todas esas plazas donde hay estatuas o monumentos cuya presencia ofende a parte de la población por el contenido discriminador que le asocian y que ha motivado una reacción en grupos de extrema derecha..

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De la Unión a la Confederación

Nacido en Virginia en 1807, se graduó en la famosa academia militar de West Point y con su experiencia en la Guerra con México (1846-48), adquirió una gran reputación. Dos años después, llegó a ser el superintendente de esa institución donde se forman los oficiales del Ejército estadounidense.

Paradójicamente, eso haría que después tuviera que enfrentarse en batalla con muchos oficiales que se formaron mientras el fue director del instituto.

Cuando en abril de 1861 se le ofreció comandar la defensa de Washington DC ante la rebelión de los estados del Sur que habían venido declarando su secesión progresivamente, el general declinó argumentando que no podía dirigir una fuerza que inminentemente terminaría enfrentándose a sus compatriotas virginianos.

Pocos días después, Lee renunció a sus cargos militares en la Unión y se integró al llamado Ejército del Norte de Virginia, frente al cual escenificaría varios de los combates más famosos de la Guerra Civil, incluyendo Gettysburg, a principios de julio de 1863, donde acabaría su idea de llevar las hostilidades al Norte.

Rendición con las mejores condiciones

Fracasada la estrategia de poner presión sobre Washington DC para forzar un acuerdo de paz entre la Unión y la Confederación, los confederados empezaron el repliegue a sus territorios. Un par de años después, como comandante del ejército del Sur, Lee terminó rindiéndose en Appomattox, Virginia, ante el comandante de las muy superiores fuerzas de la Unión, Ulysses Grant.

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“No me queda nada más que hacer sino ir a ver al General Grant, y preferiría morir mil veces”, dijo Lee a sus oficiales el 9 de abril de 1864, cuando quedó claro que tenía bloqueada cualquier posibilidad de reunificar sus fuerzas, la última esperanza que tenía para mantener el esfuerzo de guerra por un tiempo más.

Ese día Lee se reunió con Grant en Appomattox y aceptó los términos de la rendición, que respetaba el rango de sus oficiales y dejaba a sus hombres en libertad de regresar a sus casas, desarmados, sin el temor de ser procesados por traición ante tribunales militares, unas condiciones que muchos historiadores consideran generosas y que el propio Lee agradeció como un gesto en favor de la reconciliación.

150 años de iconografía confederada

Escuelas

Monumentos en edificios judiciales

Otros (incluidos otros monumentos)

1954-1968

Movimiento de los Derechos Civiles

1865

1954

1896

Fin de la Guerra Civil

1921

Brown v. Junta Escolar

Plessy v. Fergusson

Revueltas raciales en Tulsa

1866

Formación del Ku Klux Klan

1861

1870

1880

1890

1900

1920

1930

1950

1970

1980

1990

2000

2010

2016

1910

1940

1960

FUENTE: SPLC (Southern Poverty Law Center)

Claro que la rendición no era la idea Lee, quien esperaba concentrar los diferentes ejércitos sureños que seguían activos y formar una fuerza suficiente para seguir la lucha o al menos garantizar una negociación de paz entre dos estados soberanos, aunque ya para ese momento la Confederación no era viable.

Algunos sugirieron al comandante sureño desbandar sus tropas y empezar una guerra de guerrilla que acosara a los soldados de la Unión como si se tratara de una fuerza de ocupación extrajera, pero el general rechazó la idea como explicó en una carta a su jefe, el presidente confederado Jefferson Davis, el 20 de abril, dos semanas después de firmada la capitulación.

“Una guerra partisana puede continuarse y las hostilidades prologarse, causando sufrimiento individual y la devastación del país, pero no veo perspectivas de que por ese medio se logre una independencia. Para ahorrar una efusión inútil de sangre, recomendaría que se tomen medidas para la suspensión de las hostilidades y el restablecimiento de la paz”, escribió Lee a Davis.

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Sin ciudadanía

Tras la guerra, Lee se retiró de la vida militar y presidió el Colegio Washington en Lexington, Virginia (un instituto universitario privado que hoy se llama Universidad Washington y Lee) hasta su muerte en 1870 de un ataque al corazón.

Cuando en mayo de 1865, el sucesor del asesinado Lincoln, el presidente Andrew Johnson, proclamó una amplia amnistía a quienes se rebelaron contra EEUU, quedaron excluidos los principales catorce jefes militares y políticos de la Confederación, entre ellos Lee.

El general tuvo que hacer una solicitud para la restitución de su ciudadanía, pero aparentemente su trámite quedó en el limbo. Cien años después, en 1970 un trabajador de los Archivos Nacionales en Washington descubrió el documento extraviado.

La ciudadanía de Lee fue reestablecida con efecto retroactivo, y en agosto de 1975, durante una ceremonia para la firma de la declaración, el presidente Gerald Ford aseguró que la “el carácter del General Lee ha sido un ejemplo para las sucesivas generaciones restauración de su ciudadanía era un evento en el que todos los estadounidenses pueden enorgullecerse”.

Lee, el polarizador

Existe una tendencia a mirar benévolamente a Lee, a quien todos reconocen como gran estratega militar, a pesar de que no haya podido evitar la derrota de sus fuerzas.

Algunos aseguran que contemplaba la eventual liberación de los esclavos, pero que luchó por la Confederación por un sentido pertenencia regional. Otros los consideran un traidor a su país (EEUU) y defensor de un sistema que sojuzgaba a seres humanos por su color de piel.

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Lee tenía esclavos en su propiedad de Arlington, en la orilla sur del río Potomac que atraviesa Washington DC. Pertenecían a su esposa, Marie Anne Custis, quien los había heredado junto con los terrenos en los que hoy está el Cementerio Nacional donde se entierra a militares, políticos y otras personalidades estadounidenses.

El padre de Custis dejó en su testamento la indicación de que los esclavos, unos 150, fueran liberados después de su muerte, una voluntad que Lee terminó honrando en 1862, un año antes de que Lincoln proclamara la emancipación.

Pero eso no significa que el general fuera un promotor de los derechos de los afro estadounidenses.

“Superioridad blanca”

De sus escritos se evidencia cómo sus ideas lo emparentan con los supremacistas contemporáneos, aunque eso es una característica común a la mayoría de los blancos por aquellos tiempos, incluso los que más benevolentemente consideraban que los negros eran una raza inferior que necesitaba la tutela blanca.

“Basado en sabiduría y principios cristianos, le haces un gran mal e injusticia a toda la raza negra al dejarlos libres. Y es sólo esa consideración que ha dirigido la sabiduría, inteligencia y cristiandad del Sur apoyar y defender la institución hasta ahora”, dijo Lee en una entrevista con The New York Herald.

Quienes defienden un Lee antiesclavista suelen presentar un extracto de una carta que en 1856 envió a su esposa en la que escribe: “En esta época ilustrada, hay unos pocos creo, pero que reconocerán que la esclavitud como institución es un mal político y moral en cualquier país”.

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Sin embargo, la cita está incompleta y la carta sigue: “(Pero) es un mal mayor para el hombre blanco que para la raza negra (…) Los negros están inconmensurablemente mejor aquí que en África, moralmente, socialmente y físicamente. La dolorosa disciplina que atraviesan es necesaria para su instrucción como raza y espero que los prepare y conduzca a mejores cosas”.

Como suele suceder con las figuras históricas, en el debate colectivo se habla de Lee en extremos, como un hombre muy bueno o muy malo, sin tomar en cuenta los condicionantes de la época que explican sus contradicciones.

Y esta polémica en torno a esas estatuas que el general sureño nunca hubiera querido que se le erigieran no ayudará a dimensionar su figura.

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