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Heroína, la droga más fácil de traficar en pequeñas cantidades.

Por qué el muro de Trump no impedirá la entrada de heroína

Por qué el muro de Trump no impedirá la entrada de heroína

Es la droga más fácil de traficar en pequeñas cantidades y es muy lucrativa.

Heroína, la droga más fácil de traficar en pequeñas cantidades.
Heroína, la droga más fácil de traficar en pequeñas cantidades.

Por Sam Quinones (*)

Sinaloa, México.- No hace mucho conocí a un pequeño ranchero aquí, en la cuna del narcotráfico mexicano. Le pregunté si alguna vez había ido a Estados Unidos. Me dijo que había sido deportado hace varios años y que no podía regresar. Fue capturado contrabandeando heroína "alquitrán negro" en sus zapatos en el cruce fronterizo Tijuana-San Diego, dijo. No era mucho — ni siquiera un kilogramo. Lo hacía para recaudar el dinero para comprarse un par de vacas, o un tractor.

En Sinaloa, dijo, los zapateros tienen un floreciente negocio cortando compartimientos en las suelas y los tacones de los zapatos y rellenándolos con heroína. Hay un mercado para esta labor porque muchos agricultores y ganaderos — personas conservadoras, en su mayoría — subvencionan su agricultura a pequeña escala con el dinero de la droga.

Casi todo agricultor en las cercanías hacía lo mismo, dijo. Había contrabandeado drogas 50 veces antes de ser capturado. Pasó dos años en una prisión federal y luego fue deportado.

Mientras hablaba, pensé en el muro que Donald Trump quiere construir en la frontera mexicana. Actualmente luchamos contra una epidemia nacional de opioides y adicción a los opiáceos, primero a los analgésicos narcóticos que los médicos recetaban en exceso y ahora a la heroína. En mi recorrido por Estados Unidos hablando de nuestro flagelo de los opiáceos, he encontrado a muchas personas que creen que un muro evitará que la heroína pase hacia el norte.

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De hecho, está demostrado que los muros evitan que las persona pasen. Los cruces ilegales prácticamente han cesado en Tijuana a causa de dos muros, incluyendo uno que empieza en el Océano Pacífico y se extiende por más de 14 millas antes de llegar a una montaña. Pero los muros no han detenido las drogas, especialmente la heroína. Es la droga más fácil de traficar en pequeñas cantidades a través de la frontera, porque se condensa muy fácilmente — y es fácil cortarla posteriormente. El ranchero de Sinaloa me dijo que se guardaba un poco más de una libra y media de heroína en aquellos zapatos, y ganaba hasta 12,000 dólares en un solo viaje a Estados Unidos. Nunca se habría podido esconder suficiente cocaína, marihuana o metanfetamina en un zapato como para que valiera la pena el riesgo. "Son muy voluminosas", me dijo.

Por supuesto, las grandes operaciones de narcotráfico mexicano trafican cantidades mayores ocultas en camiones, especialmente en los largos recorridos hacia la costa este. Estados Unidos no puede controlar cada uno de los millones de camiones que cruzan hacia el norte cada año.

"Tráfico hormiga"

Pero muchas personas comunes y corrientes trafican pequeñas cantidades de heroína, el llamado "tráfico hormiga". Necesitan el dinero — para cosas tan mundanas como vacas o tractores, para terminar una casa, o simplemente para gastar como reyes durante un tiempo. Una buena parte del tráfico de heroína se realiza un kilogramo o dos a la vez. Otros rancheros me dijeron que utilizan martillos huecos, tubos de pasta de diente, el grosor de un pelo de mujer, mochilas o el carburador de un camión. Ningún muro detiene ese tipo de tráfico. Probablemente no detendrá tampoco el tráfico de fentanil, el opiáceo sintético mucho más potente que la heroína.

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Actuamente la demanda estadounidense de droga es mayor que nunca. En nuestras calles, la heroína proveniente de México sigue siendo potente, frecuente y barata — muestra de cuánto se está traficando, sospecho que mucho, a través de las zonas fronterizas amuralladas. Entiendo a aquellos que consideran a México un socio frustrante. Viví allí durante 10 años y he visitado y escrito sobre el país desde entonces. Los cambios necesarios — en educación, aplicación de la legislación ambiental, gestión municipal y, por supuesto, cumplimiento de la ley — ocurren a un ritmo muy lento, mientras que las élites políticas pelean por minucias.

Siento la amargura de los padres que han perdido hijos a causa de la heroína, sabiendo que casi todo lo que mató a sus hijos nos llega desde, o a través de México. (Sospecho que sienten lo mismo que muchos padres mexicanos cuyos hijos han sido asesinados con armas compradas fácilmente en Estados Unidos y traficadas hacia el sur). Entiendo que esos padres pudieran considerar que un muro es la solución. Incluso yo podría estar de acuerdo si pensara que un muro detendría el flujo de la droga que se trafica con más facilidad. Ese ranchero me hace ver las cosas de otra forma.

Sin embargo, lo que un muro sí podría detener es lo único que reduciría el flujo de heroína en la era global: una profunda, continua y franca cooperación entre los dos países. México ha demostrado una cooperación poco común con las fuerzas estadounidenses del orden en los últimos años, compartiendo información y extraditando a los principales narcos, de los cuales Joaquín Guzmán, conocido como El Chapo, fue el más reciente. Esa colaboración es precisamente la que un muro destruirá.

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Esto no quiere decir que no debemos hacer nada. La élite de México necesita la presión estadounidense para cambiar. Sus fracasos destrozan la vida de los mexicanos que más trabajan, y eso nos afecta. Pero el muro propuesto por el presidente Trump ha provocado exactamente el resultado opuesto: ha unificado las clases políticas mexicanas, mientras que al mismo tiempo le ha dado al país una distracción más de los cambios tan importantes que necesita.

Por supuesto, la clase política de México podría sorprender a todos. Sus miembros podrían utilizar esto como un momento para abordar con honestidad las razones por las que México es un país de personas dispuestas a correr el riesgo de muerte para escapar. Espero que lo hagan. Sin embargo, históricamente se han replegado hacia la falta de cooperación.

Mientras tanto, gente como el ranchero sinaloense encontrará maneras de cruzar, porque ahora nosotros tenemos sed de su droga y ellos necesitan terminar la última habitación de una casa, o una vaca, o un tractor.

* Sam Quinones es el autor de "Dreamland: The True Tale of Americas Opiate Epidemic (Mundo de ensueño: la verdadera historia de la epidemia de los opiáceos en Estados Unidos)". Este artículo fue elaborado en colaboración con The New York Times. Se publicó originalmente en inglés aquí

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