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Los retos de cultivar marihuana sin atentar contra el medio ambiente

Los retos de cultivar marihuana sin atentar contra el medio ambiente

Para el crecimiento de una sola planta de cannabis se requieren aproximadamente unos 6 galones de agua diarios y casi la misma energía de 22 refrigeradores. El 'boom' de la hierba enciende las alarmas ambientales.

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Que la marihuana es "solo una planta", dicen muchos. Que sus cultivos consumen agua y luz y alimentación de manera similar a casi cualquier otro cultivo, suponen otros. Y aunque es sabido que todas las plantaciones, hasta las más orgánicas, tienen un impacto ambiental, pocos son conscientes de que la marihuana es una hierba sedienta en las plantaciones abiertas y que requiere enormes cantidades de luz en los cultivos cerrados. Y esto es cada vez más latente a medida que crece esta industria.

Durante las pasadas elecciones en EEUU, ocho de nueve estados aprobaron su uso medicinal o recreacional. Y actualmente ya son 29 estados en los que está permitido el uso medicinal y en ocho estados, más el distrito de Columbia, el recreacional. Definitivamente es una industria floreciente: solo en 2014, los mercados legales de cannabis movieron $2,700 millones y se calcula que para 2019, superen los $11,000 millones.

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Lejos de abordar los beneficios o perjuicios para los usuarios, la liberación de su venta en estos estados significa un probable aumento en la demanda y, por consiguiente, en la oferta. Sin embargo, detrás de ello existen al menos tres retos ambientales que llaman la atención.

El primero: el agua. Para el crecimiento de una sola planta de cannabis se requieren aproximadamente unos 6 galones de agua diarios (más de 22 litros). Según cálculos del Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California, esto es el doble de lo que requiere una vid (o planta de uvas), por ejemplo.

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El segundo reto es la luz: la marihuana también necesita enormes cantidades de luz para crecer. Según Evan Mills, quien realizó uno de los estudios más completos sobre el impacto ambiental de la industria de esta hierba, para mantener sólo cuatro plantas de cultivo en espacios interiores se requiere la misma electricidad que requieren 90 refrigeradores estándar.

En el estudio hecho por Mills, quien es analista de sistemas de energía y medio ambiente del Lawrence Berkeley National Laboratory, se calculó que el consumo de energía para producir marihuana equivale a cerca del 1% del uso de electricidad total en los Estados Unidos. Estas plantaciones incluyen dispositivos como lámparas de alta intensidad, calentadores, aires acondicionados, deshumidificadores, purificadores de agua y balastos eléctricos que se usan actualmente en plantaciones interiores de cannabis.

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Aunque la Agencia de Protección Ambiental (EPA) reconoce que hay menos investigación al respecto, hay un tercer reto que es el manejo integral de la fauna asociada a las plantaciones. Un estudio exploratorio del Ithaca College y la Universidad de California evaluó el impacto de los cultivos de marihuana sobre los animales en este estado y concluyó de que las grandes industrias de marihuana pueden tener especial impacto sobre dos especies de la zona que están bajo amenaza: el salmón real y la trucha arco iris. Esto ocurre debido a la erosión de la tierra y a los pesticidas químicos utilizados en algunas especies de la plantas pueden escurrirse y llegar hasta las granjas acuícolas.

Finalmente, el último gran reto es mantener los cultivos de forma legal y que, movidos por el alza en los precios de los terrenos, estos no se expandan de manera ilegal a zonas como los parques nacionales.

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El problema de la ilegalidad y las grandes industrias

Kris Krane, presidente de 4Front Ventures, una organización líder en la industria del cannabis medicinal, asegura que el mayor impacto al medio ambiente proviene del mercado ilegal. “En California, por ejemplo, están entrando a los parques naturales, talando árboles, usando pesticidas y químicos y derrochando agua. Simplemente no tienen buenas prácticas”, aseguró a Univision Noticias.

“En los últimos 20 años hemos visto un enorme crecimiento exponencial en la producción de cannabis medicinal en las colinas del condado de Humboldt (California) y hemos visto efectos realmente devastadores sobre el ambiente”, añade Krane.

Tras las elecciones y la aprobación de la Proposición 64 –la cual regula el cultivo y la venta de marihuana recreacional en California– los precios de las tierras para el cultivo de marihuana se dispararon. En menos de un mes, el precio de una hectárea de terreno en Emerald Triangle, al norte de California, ha pasado de costar $1,500 a $4,000, reveló el San Francisco Chronicle. Esta es la región productora de cannabis más grande de los Estados Unidos.

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“Hasta ahora la principal amenaza para nuestro medio ambiente ha sido el cannabis no regulado”, explica Natalynne DeLapp, directora ejecutiva del Centro de Información de Protección Ambiental, quien asegura que la mejor alternativa es que este cultivo sea regulado e investigado de la misma forma que se hace con la agricultura convencional.

Del mismo criterio es Tom Angel, director de la organización Marihuana Majority, para quien es esencial establecer reglas muy claras para el cultivo, las etiquetas y el uso del agua de los productores legales e impedir los cultivos ilegales de cannabis. “A los cultivadores ilegales no les importa el medio ambiente. A los legales les tiene que importar, de lo contrario perderán sus licencias”, puntualizó Angel a Univision Noticias.

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“La marihuana sigue siendo ilegal bajo la ley federal entonces no es nada fácil operar en más de un estado a la vez. Eventualmente va a haber algunos productores a gran escala que llevarán los precios abajo, pero no creo que puedan hacer productos de gran calidad. Entonces tendrán la oportunidad los pequeños cultivadores para hacer un producto de muy buena calidad. Será similar a lo que ocurre con la cerveza. Hay unas muy grandes masivas y otras pequeñas artesanales, con mejor calidad”, afirmó Krane, de 4Front, a Univision Noticias.

“No habrá necesidad de tener un mercado negro. Como ocurre con el alcohol, creo que será muy marginal o casi nulo. Nadie va a querer comprar algo que no sabe de dónde viene y que no sabe qué le puede hacer a sus clientes. Como ocurre ahora con el alcohol”, puntualizó.

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En 2015 los estadounidenses gastaron cerca de 5.400 millones de dólares en productos legales de marihuana. Entonces, ¿por qué cerca de la mitad de los 646 miembros de la Asociación de Productores de marihuana de California se opusieron a la Proposición 64 para legalizar su consumo recreativo?

Contrario a lo imaginado popularmente, algunos pequeños inversionistas ven el panorama de forma desalentadora. “Todos los permisos, tasas y los impuestos van a hacer que sea muy difícil sobrevivir con una pequeña granja de cannabis. Ser un pequeño cultivador será igual a ser vinicultor. Será un deporte de ricos”, explica al San Francisco Chronicle Nikki Lastreto, quien tiene su cultivo en una remota finca en un pequeño condado en California.

Y entonces, casos como este, llevan a preguntarse: ¿se convertirá la industria de la marihuana en un nuevo monstruo del capitalismo?

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