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Una joya con tradición rusa logo-noticias.6bcb5218ff723b30f6c272bb9bfc7b...

Una joya con tradición rusa

Una joya con tradición rusa

En noviembre se subastará uno de los huevos de Pascua de Fabergé, una de las joyas más preciadas del mundo.

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La herencia de los zares

La más pura tradición rusa se concreta en las joyas que el orfebre Peter Carl Fabergé diseñó para los zares y los aristócratas que podían pagar sus codiciados diseños.

Los huevos de Pascua son algunas de las piezas más emblemáticas. El próximo mes saldrá a subasta uno de los tres huevos con reloj y cuco, una joya que, previsiblemente, alcanzará precios astronómicos.

Los huevos Fabergé no tienen nada que ver con el chocolate pero simbolizan, al igual que los elaborados con cacao, una nueva vida dentro de la tradición cristiana.

El domingo de Pascua fue en tiempos zaristas una de las fiestas más populares de Rusia hasta el punto de que los huevos cocidos y pintados, tradicionales en la gastronomía de esos días, dieron origen a la conocida rama de la orfebrería de Fabergé.

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Beatrice Ephurussi de Rotchschild, quien fuera esposa del multimillonario banquero ruso Maurice Ephrussi, le regalo a Germaine Halphen en 1905 un huevo con un cuco de diamante en su interior, con motivo del anuncio de su compromiso con el barón Edouard de Rothschild, hermano menor de Beatrice.

Una pieza excepcional

Una pieza de colección, ya que su existencia sólo figuraba en los registros privados de la familia, el huevo será el plato fuerte de las jornadas rusas que la casa de subastas Christie's celebrará del 26 al 29 de noviembre en Londres.

De dimensiones excepcionalmente grandes, el huevo tiene un reloj en su parte frontal, dentro del cual se halla un cuco elaborado con diamantes que, cada hora, se asoma, mueve sus alas cuatro veces y asiente con su cabeza mientras abre y cierra su pico para cantar.

La fascinante actuación del pequeño cuco dura quince segundos, tras los que una campanada marca la hora exacta.

La joya representa uno de los tres únicos ejemplares de huevos Fabergé con reloj y cuco conocidos hasta el momento: el "Huevo Imperial con Cuco", de 1900, y el "Huevo Chanticler", de 1904.

Una vida excepcional

Peter Carl Fabergé nació en 1846. Se formó como joyero y relojero en Alemania y después se trasladó a Moscú donde estudió las colecciones del Museo del Hermitage.

Su carácter emprendedor le llevó a establecerse por su cuenta siendo muy joven. Su vena creativa la heredó viendo trabajar a su padre. Tras su fallecimiento pasó a sus manos la joyería familiar en San Petersburgo, que por aquellas fechas ya gozaba de cierto prestigio.

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En 1884 la suerte del orfebre cambió. Su ingenio y creatividad se vieron recompensados cuando el zar Alejandro III adquirió en su joyería un huevo de Pascua para regalárselo a la Emperatriz María, el domingo de Resurrección.

Una sorpresa al año

La acogida fue tan buena ante una creación tan delicada que el monarca encargó todos los años un huevo para obsequiar a la zarina en esas fechas.

El diseño de tan singulares encargos siempre surgió de su imaginación, cada vez más originales y exquisitos.

Siempre constituían una auténtica sorpresa para sus clientes, que nunca dieron una directriz ni se quejaron de su iniciativa, quedando siempre admirados por la joya, la belleza de sus esmaltes y la perfección de su trabajo.

Además de los huevos por encargo del zar, Fabergé diseñó un número indeterminado de huevos, no ya imperiales, para personalidades de relieve mundial como Alfred Nobel.

Ni zares, ni encargos

El zar Nicolás II continuó con la tradición paterna, pero en esta ocasión el encargo se duplicaba: un huevo para su madre y otro para la nueva zarina, Alejandra. La revolución de 1917 acabó con los zares y con los encargos.

Con la muerte de los Romanov, Faberge cayó en desgracia. Los bolcheviques le requisaron los talleres aunque el joyero pudo escapar indemne a Suiza.

Joyas con alma rusa

De aquella prolífica producción, que se extendió durante más de 30 años, quedaron para el recuerdo más de 50 piezas, y sólo a ocho de ellas se les ha perdido el rastro.

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De las 42 restantes, el Kremlin conserva 10; tres piezas forman parte de la colección de la Reina Isabel II de Inglaterra; cinco integran la colección Pratt del Museo del estado de Virginia (EU).

Otro lo posee el príncipe Rainiero de Mónaco; el resto forman parte de colecciones privadas y los nueve restantes, pertenecían a la colección Forbes que fue vendida al magnate ruso Víktor Verselberg.

Materia prima de subastas

Hace unos años también en Sotheby´s se subastó el "Huevo de la coronación", encargado por Nicolás II en la primera Pascua tras su subida al trono en 1897, a los 28 años, y que se valuó entre $20 y $27 millones.

En esa ocasión, también figuraba el huevo "Los lirios del valle", entregado por el zar a su esposa Alejandra en 1989 y con un precio estimado entre

$13 y $20 millones.

“La colección de huevos Fabergé representa quizás el ejemplo más significativo de nuestra herencia cultural fuera de Rusia", ha manifestado Vekselberg.

El industrial subrayó en declaraciones el vínculo entre el contenido religioso, espiritual y emocional de los huevos y el alma del pueblo ruso, y explicó que, al saber que iban a subastarse, vio que "era una oportunidad única en la vida para devolver a Rusia uno de sus tesoros”.

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