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El mercado de las pulgas de Buenos Aires

El mercado de las pulgas

El mercado de las pulgas

El que busca encuentra en el mayor mercado de pulgas de Buenos Aires, ubicado en el barrio de Colegiales.

El mercado de las pulgas de Buenos Aires
El mercado de las pulgas de Buenos Aires

Todo un viaje al pasado

El que busca encuentra. Es la frase más repetida en el mayor mercado de pulgas de Buenos Aires, ubicado en el barrio de Colegiales. Una feria de curiosidades donde se puede comprar a precios muy moderados objetos insólitos y antigüedades que en otros países salen mucho más caras.

Funciona de martes a domingo en el Mercado de Dorrego. Un paseo por esta feria es un viaje al pasado y una alternativa al tradicional circuito de anticuarios del turístico barrio de San Telmo o de las zonas elegantes de la ciudad.

El que busque diversidad y disfrute peleando los precios debe venir a este pintoresco galpón donde se suceden los puestos atiborrados de objetos.

Los vendedores están casi siempre dispuestos a explicar con detalle la historia que se esconde detrás de antiguos juguetes, lámparas arte-decó, vajillas de porcelana y loza, libros y montones de cachivaches.

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El desorden impera en cada uno de los puestos, con lo que es recomendable mirar con paciencia y no dejarse abrumar por el amontonamiento de mercancías que no tienen relación alguna entre sí.

En un mismo local puede cohabitar un caballo balancín de madera que quizá llegó a Buenos Aires en algún barco de inmigrantes, varios pares de zapatos de los años sesenta en perfecto estado y una vajilla de la más fina porcelana.

El sombrero del piano

María es dueña de un puesto repleto de adornos y cristalería. Las poncheras que vende tienen bastante éxito entre los extranjeros, así como los sifones de vidrio coloreados de entre 35 y 80 pesos argentinos ($11 y $25 dólares).

"Los turistas jóvenes se los llevan de adorno, porque les gustan las cosas antiguas que en Europa cuestan más caras o directamente no se encuentran", afirma la vendedora.

Rocco tiene un local que ofrece lámparas y sillones del estilo de los años 70. Parte de lo que vende son piezas originales fabricadas en países como Alemania, y también hay reproducciones que fueron hechas a mano en Argentina, en una serie limitada.

Las sillas con forma de huevo destacan entre la mercancía, así como un tocadiscos fabricado en este país sudamericano en los años setenta.

"Los sillones salen unos 1,200 pesos (unos $400 dólares); en Europa te los cobrarían por 2,600 euros", asegura.

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Aparecen recuerdos centenarios

Uno de los personajes más famosos del Mercado de Pulgas es Tony (Antonio Valiente), un anciano que fue uno de los puesteros que primero se instaló en esta feria.

Se enorgullece de haber desarmado un piano de 150 años y con un valor de varios miles de dólares para hacer con sus teclas un sombrero que agregó a su apreciada colección.

Los sombreros que fabricó se exhiben con chalecos y cuadros diseñados con miles de insólitas piezas que fue recolectando en los últimos 20 años.

En "El viejo secreter", Mario vende antigüedades. Hay algunos muebles que viajeros argentinos adinerados compraron en el siglo XIX o XX en Europa y luego trajeron en barco. Pasaron de generación en generación hasta que la necesidad económica o la falta de espacio obligaron a algún familiar a desprenderse de ellos.

En el local se muestran además finas arañas, cómodas, mesas de luz, escritorios y espejos esmerilados.

En un puesto cercano, otro vendedor muestra orgulloso un farol que hace más de cien años pendía del palo mayor de un barco pesquero, y una lámpara que pudo haber iluminado perfectamente alguna plaza pública de Buenos Aires.

Al Mercado de las Pulgas también se pueden llevar muebles para su restauración. Carpinteros y ebanistas trabajan con sus herramientas en los puestos donde tienen a la venta sus mercancías.

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Los puesteros explican que a los visitantes les cuesta extraerse al magnetismo que despide este peculiar bazar, y terminan comprando. "Algo, lo que sea", para llevarlo de recuerdo, explican.

Suelen ser cosas manejables, decorativas: un juego de té, una lámpara de lectura, un cenicero de fino cristal, un jarrón oriental o un antiguo disco de vinilo.

También reparan objetos

Otros clientes habituales del Mercado de Dorrego son los diseñadores y las productoras de cine o publicidad que necesitan alquilar objetos y armar decorados para sus filmaciones.

También acuden exportadores que compran antigüedades y las venden a anticuarios del otro lado del Atlántico a un mayor precio.

En el mercado se pueden encontrar objetos a los que a primera vista es difícil encontrar un destino práctico, aunque todos lo tienen.

Hay lavatorios ingleses, rejas de hierro, antiguas vitrinas de farmacia, máquinas de escribir, sillones Thonet, bancos de colegio,  libros, platería, instrumentos musicales, manteles, sábanas y juguetes antiguos.

Recuerdos centenarios

Piezas similares a las expuestas quizá se perdieron en las guerras ocurridas en el siglo pasado en Europa y otras partes del mundo.

La feria se nutre de recuerdos materiales acumulados por la burguesía argentina, que decidió cambiarlos con la llegada de la fiebre del consumo, explican los dueños de los puestos.

Estos muebles o adornos esconden historias de familias. Muchos fueron tesoros muy apreciados, que con el tiempo han encontrado otro destino.

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