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El hombre mejor vestido de Estados Unidos ayuda a los homeless

El hombre mejor vestido de Estados Unidos ayuda a los homeless

Frank Kelly ganó $5,000 por ser el mejor vestido de EU. Con ese dinero montó un proyecto de ayuda a homeless.

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Donó el premio de $5,000

Según Valeria Kelly, con frecuencia sus amigos y familiares comentan cómo se viste su esposo, Frank Kelly.

"No tiene que ser lo más caro, pero siempre anda vestido elegantemente", comenta Valeria.

Por eso cuando en 2007 vio que la revista Esquire estaba buscando participantes para el concurso del hombre mejor vestido de Estados Unidos, se lo mencionó.

"Al principio fue un chiste.  Le dije: 'Frank, deberías meterte'", recuerda Valeria.

Después de enviar fotos, pasar una serie de entrevistas y participar en varias sesiones fotográficas, Kelly, quien trabaja como ejecutivo en una corporación, resultó ser el ganador entre cinco mil aspirantes.

El premio al "mejor vestido de Estados Unidos", además de promoción en la revista, incluía $5,000. Lo que sorprendió a algunos es que Kelly no depositó ese dinero en su cuenta bancaria, sino que dio el 50 por ciento a una fundación de Nicaragua, y la otra mitad la regaló al Community Partnership for Homeless de Miami, Florida, donde Kelly empezó a trabajar con los desamparados, después de vencer varios prejuicios.

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"Yo en esos tiempos tenía un esteriotipo de una persona desamparado, que era un drogadicto o un vagabundo, o alguien con problemas sicológicos... O un alcohólico", explica Frank. Pero la experiencia de conocer más de cerca esa realidad hizo que la viera con otros ojos.

"Me impactó tanto el carácter como el tipo de persona que estaba viviendo en esta casa de desamparados. Gente con unos corazones enormes, gente que de verdad tenían mucho para dar en esta sociedad", añade.

Y por eso dice que decidió ayudarlos.

"Siempre ha sido el que motiva al grupo, el organizador de nuestros amigos, el que baila, no le da pena, le encanta hablar en público", asegura Valeria.

Usando esas habilidades, empezó a dictarles charlas.

Frank Kelly vio desde niño vio en una de sus abuelas en Nicaragua un ejemplo de generosidad. 

"Nunca pedía, sólo daba. Mi abuela, que acaba de fallecer, ha sido una inspiración increíble. Ella cada fin de semana recogía ropa, dinero de los primos, de los tíos y donaba la comida y la ropa y el dinero", recuerda Frank.

Proyecto Calles Vacías

Carmen Guerra, llegó a Estados Unidos en 1994, después de pasar un año y medio en la base de Guantánamo, Cuba, y tres días con sus noches en el mar sobre una balsa.

"Todo este tiempo he estado de un lado para otro. No he tenido una estabilidad en este país", dice Guerra.

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Después de quince años de frecuentes cambios de trabajo y muchas mudanzas, el año pasado, en plena recesión, Guerra terminó en un refugio para desamparados con sus dos hijos.

"Ellos han vivido los momento malos y los momento buenos; y han madurado con esos momentos.  Yo pensé que mis hijos iban a quedar traumatizados con lo que han vivido", explica Guerra.

Fue entonces cuando ella y Kelly se conocieron.  

"Desde que vi a Frank, vi que era una persona bien sincera y que cumple lo que promete", asegura Guerra.

Kelly creó el Proyecto Calles Vacías, o Project Vacant Streets, en inglés, cuyo objetivo es motivar y devolver la seguridad a los desamparados para que regresen al mercado laboral.

A través de sus charlas, Kelly les insiste en la importancia de dejar una impresión duradera trabajando en la actitud, la comunicación y la imagen externa.

Por ejemplo, Kelly les habla de la importancia del saludo, de causar una buena impresión, mostrar energía positiva cuando se conoce a una persona.

Para él, la comunicación no tiene que ver sólo con un buen vocabulario.

"No se trata de conquistar un tesauro o una enciclopedia. Es conquistar el sentido de utilizar tus palabras. Y es sencillo. Se trata de usar tus palabras para inspirar en vez de insultar", explica.

Según Kelly, una vez los desamparados recuperan su autoestima, la imagen externa viene naturalmente.

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"No se trata de la ropa que uno se pone, sino de la imagen que uno proyecta", matiza.

Inicialmente, el proyecto incluía un intensivo programa de entrenamiento para entrevistas de empleo, rutinas de ejercicios físicos y recomendaciones para mejorar la apariencia.

"Esto es como un prueba a ver si sales del lodo, tú puedes salir del cualquier cosa que te pase en tu vida", asegura Guerra.

"Ojalá hubiera más Frank Kellys"

"Cuando yo veo el proyecto de Frank Kelly, digo: ojalá que hayan más Frank Kellys allá fuera", comenta Ingrid Hoffmann, presentadora del programa de televisión Simply Delicioso y que se ha unido a Kelly y su proyecto. 

El equipo de Hoffmann toma gente del programa de Kelly y los entrena para la rama culinaria. Ya ha empleado a varios de quienes en un momento estuvieron desamparados, como Robert Peebles.

"Hago algo que me gusta hacer. Me demuestra que lo puedo hacer", dice Peebles, que ahora trabaja como cocinero. "Lo único que pido es que la gente deposite su confianza en mí y así ha sucedido. De esta manera he podido recuperar la confianza en mí mismo".

Hoffmann dice haber visto una transformación: "Yo veo una persona completamente diferente en Robert Peebles".

"Cuando le ves la sonrisa en la cara, que están trabajando…  es una emoción, una sensación que es increíble. Uno se dice: ésta es la razón por la que estamos aquí", asegura Kelly.

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"Si me caigo, me levanto, las veces que sea"

Después de tres meses en el refugio y tres semanas en el proyecto, Carmen Guerra consiguió trabajo y se mudó a su propio apartamento en diciembre de 2008. 

"He sabido sobrellevar las cosas malas y las buenas. La he llevado con felicidad y mis hijos están felices, tienen más estabilidad", dice Guerra.

Ella asegura que en el proyecto aprendió algo que conservará para siempre: "Me enseñó que yo puedo lograr lo que me proponga. Si me caigo, me levanto, las veces que sea". 

Vidas cambiadas

El proyecto no sólo ha cambiado la vida de muchas personas, sino también la del propio Kelly.

"Antes del proyecto, yo solamente me dedicaba a mi vida. Pero ahora con este trabajo, de verdad que estoy apreciando el impacto que le da a una persona cuando ayudas a alguien", explica.

Los Kelly acaban de cumplir cinco años de casados y, según Valeria, su matrimonio también ha tenido que ajustarse al proyecto. 

"Hemos tenido que adaptar hasta nuestra relación para encontrar tiempo para que él trabaje en su pasión. Hemos hasta esperado en tener nuestra propia familia para que él lance este proyecto", dice Valeria. 

Ella dice que la dedicación de su esposo al proyecto es tal, que a veces ha tenido que ponerle los pies sobre la tierra.

"Yo he tenido que básicamente tranquilizarlo y recordarle que nosotros, si él deja su trabajo, tal vez nosotros vamos a estar en la calle", comenta.

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En la Nochebuena pasada, en vez de estar celebrando con su familia, Frank Kelly acompañó a uno de sus candidatos a una entrevista de trabajo.

"Me puse a pensar que no había mejor manera en que quisiera pasar yo esa Navidad. Aquí ayudando a este hombre. Porque cuando él salió de esa entrevista, la sonrisa, la inspiración y la alegría, eso no tiene valor", recuerda Frank Kelly.

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