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“Padre, me confieso: tengo una 4x4”

“Padre, me confieso: tengo una 4x4”

Nos guste o no, la encíclica del Papa Francisco supone un torpedo contra la línea de flotación del estilo de vida de muchos en países occidentales. 

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Por Clemente Álvarez: @clementealvarez

La encíclica ecológica del Papa resulta incómoda para muchos. No solo para los gobiernos, los políticos, las empresas… También para millones de ciudadanos. ¿Hasta qué punto la gente está dispuesta a cambiar su forma de vida para contribuir a frenar el cambio climático?

Coche

Lo sentimos, pero es así. Uno de los principales causantes del calentamiento global del que advierte la encíclica del Papa (y el 97% de los científicos) es el CO2 que sale del tubo de escape de los automóviles de gasolina o diésel. Y los que más emiten son justamente esos potentes deportivos o esos enorme 4x4 que más suelen gustar. Hay ciudades del mundo en los que los ciudadanos se mueven mayoritariamente caminando, en bicicleta o en transporte público. Claro que si usted es uno de esos que no pueden bajarse de este símbolo sagrado de nuestros días, también puede optar por un carro híbrido o eléctrico. O, simplemente, uno más pequeño. Piense en el dinero que se ahorraría.

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Comida

Esto va a doler, pero otro de los grandes culpables del cambio climático es la carne. La producción de ganado vacuno no solo constituye un importante emisor de gases de efecto invernadero, como los carros, sino que además en algunas regiones del mundo se ha vinculado con la destrucción de ecosistemas y la pérdida de biodiversidad, como en la Amazonia. ¿Está dispuesto a decir adiós a esas deliciosas hamburguesas? Bueno, tampoco hay que exagerar. Algunos colectivos ambientalistas simplemente proponen dejar de comer carne 1 solo día a la semana. Comer más ensaladas y fruta hasta puede ser bueno para su salud.

Para un resumen de la encíclica 'Laudato Si', lea: El Papa pide “otro estilo de vida”

Frío/Calor

La historia es como sigue: las emisiones que calientan el planeta están causadas en gran medida por el uso de carbón, petróleo y gas natural.  Estos combustibles se utilizan para mover automóviles, pero también para generar electricidad, para cocinar o para climatizar las casas. De este modo, otra parte significativa de las emisiones tienen que ver con calentar o enfriar nuestros hogares. Ahora que es verano en el hemisferio Norte, más bien con enfriar. O sea con… el aire acondicionado. Que no cunda el pánico. No es que haya que acabar con estos aparatos. Tampoco se trata de sufrir en vida como si uno estuviera ya en el infierno. De nuevo, sería ya un gran avance si simplemente se suben unos grados la temperatura del aire para no tener que pasar frío en verano. O también bastaría con construir las casas de forma diferente: hay viviendas como las Passivhaus que prácticamente no requieren gastar energía en climatización.

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Vuelos

Este es uno de los puntos más terribles. Volar en un avión comercial de Nueva York a París supone  por pasajero unas 2 toneladas de CO2, más de lo que emite de media durante todo un año un ciudadano de algunos países africanos y tanto como lo que emite un europeo en unos dos meses de su vida (de esto habla también la encíclica del Papa cuando se refiere a la “deuda ecológica”). Por desgracia, viajar lejos, conocer lugares exóticos supone muchas emisiones. Y lo peor es que aquí no existen muchas alternativas, pues hay ocasiones en los que no existe otra opción que el avión (se están investigando combustibles alternativos).

¿Es esto tan terrible? Lo cierto es que la reducción de emisiones necesaria para no superar el límite fijado por científicos y políticos como seguro (un aumento de 2 grados en la temperatura media del planeta) supone un enorme desafío a todas las escalas. Para conseguirlo, habría que cambiar el actual modelo energético del mundo (usando más renovables y menos combustibles fósiles) y modificar hábitos de consumo de los ciudadanos. Ambas estrategias están llenas de complicaciones. Sin embargo, se puede empezar evitando el mal uso y el gasto innecesario de la energía. Corrigiendo esa cultura del derroche criticada en su encíclica por el Papa.

Lea también: ¿Por qué es relevante lo que diga el Papa sobre cambio climático?

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