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Robert Mueller, fiscal especial para investigar la interferencia rusa en la elección de 2016.
Daniel Morcate
Opinión

Miembro de la unidad política de Univision Noticias.

Robert Mueller a la carga en el Russiagate

Robert Mueller a la carga en el Russiagate

“Le corresponde al Congreso el garantizar que la furia presidencial no se desborde al extremo de poner en peligro el trabajo investigativo de Mueller”.

Robert Mueller, fiscal especial para investigar la interferencia rusa en...
Robert Mueller, fiscal especial para investigar la interferencia rusa en la elección de 2016.

La intrincada madeja de la injerencia rusa en nuestras elecciones y la probable complicidad de la campaña del presidente Trump empieza finalmente a desenredarse. El asesor especial, Robert Mueller, acaba de demostrar la seriedad con que ha acometido su trabajo al revelar los primeros encausamientos criminales. A medida que avance la investigación, iremos descubriendo una auténtica galería de villanos que literalmente estaban dispuestos a vender aspectos y responsabilidades de nuestro gobierno y a comprometer nuestra democracia –la más antigua y la más estable del mundo hasta ahora– a cambio de ganar una elección, acceder al poder y, en algunos casos, recibir pagos por sus turbios servicios al autócrata ruso Vladimir Putin.

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Luego de cinco meses de frenética labor investigativa, bajo el asedio del presidente Trump y sus alabarderos, Mueller encausó al exjefe de la campaña presidencial de Trump Paul Manafort y su segundo en los negocios y la política, Rick Gates. También se sacó un importante as de la manga que nadie esperaba, ni siquiera la Casa Blanca: la confesión de culpabilidad de George Papadopoulos, quien actuara de asesor en política exterior del candidato republicano. El pasado cinco de octubre Papadopoulus admitió en corte que había mentido a los agentes federales de Mueller sobre sus tratos con rusos que le ofrecieron “suciedad” para desacreditar a la candidata presidencial demócrata Hillary Clinton. La confesión es altamente significativa porque se trata de la primera vez que un miembro de la campaña de Trump confiesa el haber interactuado con agentes del régimen de Putin; y porque su confesión forma parte de un acuerdo mediante el cual Papadopoulos está denunciando a otros implicados entre los que podrían estar miembros de mayor rango de la campaña e incluso el presidente mismo.

Manafort y Gates enfrentan 12 cargos criminales por conspirar contra Estados Unidos, actuar ilegalmente como agentes de intereses extranjeros y lavar dinero. Tal y como había revelado la prensa incluso durante la contienda presidencial, ambos hombres movieron millones de dólares a través de cuentas bancarias escondidas en paraísos fiscales de Chipre, San Vicente, las Islas Grenadinas y las Islas Seychelles, según reza la acusación formal. Por esos y otros delitos encaran penas máximas de 40 años de cárcel cada uno y multas millonarias. El expediente investigativo sugiere que Manafort y Gates son los típicos pillos sin escrúpulos, avezadas figuras del bajo mundo, que propiciaron la candidatura presidencial de un personaje de tan turbia trayectoria y dudosa catadura moral como Trump.

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Días antes de que se anunciaran estos históricos encausamientos, Trump y sus secuaces lanzaron campañas de distracción y balones de ensayo sobre la posible destitución de Mueller. Aun antes de que lo demuestre la justicia, el presidente se comporta como si en efecto fuera culpable de haberse coludido con el régimen ruso para conquistar la Casa Blanca. “Lo siento, pero esto es hace años, antes de que Paul Manafort fuera parte de la campaña de Trump”, tuiteó minutos después de conocerse los encausamientos. “Pero ¿por qué no son el blanco la villana Hillary y los demócratas?”. Un presidente inocente de colusión habría reconocido públicamente la gravedad de los cargos contra los tres antiguos miembros de su campaña, prometido respetar el proceso judicial y respaldado a Mueller. Lejos de eso, el Washington Post asegura que Trump reaccionó con furia desmedida al ver por televisión la noticia de los arrestos. Ahora le corresponde al Congreso el garantizar que esa furia presidencial no se desborde al extremo de poner en peligro el trabajo investigativo de Mueller, trabajo del que pudiera depender el futuro de nuestro sistema electoral y de nuestra democracia.

La historia de Estados Unidos recoge otros ejemplos alarmantes de contubernio entre candidatos presidenciales y regímenes extranjeros, algunos de ellos enemigos de nuestra nación. En los albores mismos de la república, Thomas Jefferson famosamente se coludió con los jacobinos de la Revolución Francesa para socavar la presidencia de George Washington. Temía que su viejo adversario político, Alexander Hamilton, el poderoso secretario del Tesoro de la primera presidencia, manipulara a Washington para convertirlo en un hombre fuerte al servicio de la antigua metrópoli, Gran Bretaña. Solo algunos miembros de la academia han juzgado a Jefferson como traidor, pues a la sazón era secretario de estado de Washington y ambicionaba la presidencia que eventualmente conquistaría. En los 1980, Ronald Reagan fue objeto de una extensa investigación por acordar con el régimen de los ayatolas iraníes, mientras aspiraba a la Casa Blanca, la liberación de rehenes norteamericanos. Se libró de la justicia gracias a que algunos de sus allegados asumieron la culpa. La campaña de Trump parece haber seguido esa peligrosa tradición. Mueller podría acabar de una vez con ella realizando una investigación exhaustiva, enérgica y transparente que conduzca a castigos ejemplares contra los bellacos que se saltaron las reglas de nuestra democracia, traicionaron los legítimos intereses nacionales e insultaron nuestra inteligencia y nuestra confianza en el proceso electoral.

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Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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