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La nave OSIRIS-REx reposa en su base, en el Centro Espacial Kennedy, pocos días antes de su lanzamiento en un cohete Atlas 5, el 8 de septiembre de 2016
Angela Posada-Swafford
Opinión

Periodista científica, autora de novelas de ciencia y aventura para jóvenes.

OSIRIS REx busca rastros de la formación del sistema solar en un asteroide

OSIRIS REx busca rastros de la formación del sistema solar en un asteroide

Los asteroides más primitivos tienen en sus entrañas unos granos llamados ‘cóndrulas’, que fueron una vez literalmente gotas líquidas de roca, formadas por grumos de polvo que se calentaron durante la formación del sistema solar.

La nave OSIRIS-REx reposa en su base, en el Centro Espacial Kennedy, poc...
La nave OSIRIS-REx reposa en su base, en el Centro Espacial Kennedy, pocos días antes de su lanzamiento en un cohete Atlas 5, el 8 de septiembre de 2016

Rocas informes con órbitas extrañas e intenciones oscuras, los asteroides han sido tradicionalmente ciudadanos de cuarta categoría en el sistema solar. Ya no. Ahora entendemos que, si bien tienen el potencial de chocar contra nosotros, lo más subyugante es que poseen las claves de nuestro pasado y los recursos de nuestro futuro. Por eso son objetos del deseo de astrónomos, astrobiólogos y científicos planetarios; y el destino de misiones de varias agencias espaciales públicas y privadas, con fines de ciencia y minería.

La más ambiciosa de ellas despega el jueves 8 de septiembre a las 7 de la tarde (hora del Este), del Centro Espacial Kennedy, no lejos de la plataforma de lanzamiento donde hace apenas una semana estallara el Falcon 9 de la empresa privada Space X: como si necesitáramos más demostraciones de que la ciencia espacial es una amante difícil.

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El fantástico y faraónico acrónimo de OSIRIS REx (Explorador de los orígenes, interpretación espectral, identificación de recursos, seguridad y regolito –o partículas de tierra fina y rocas–) es suficiente para uno darse cuenta de la complejidad de esta misión, que lleva 12 años de planeamiento y demorará otros siete en el espacio antes de regresar a nosotros literalmente con un poco de cielo entre el bolsillo.

Desde el punto de vista de ingeniería espacial, el proyecto OSIRIS REx es verdaderamente alucinante. La NASA, que lo ha intentado casi todo, jamás había procurado algo así: acercarse a un cuerpo celeste que rota como una pirinola cada 4.3 horas sobre su eje; ajustar la trayectoria para que la nave rote en sincronía con la roca espacial; sin aterrizar sobre el asteroide, extender un brazo mecánico que dispara un chorro de nitrógeno para soltar guijarros y tierra del piso y aspirarlos en un lapso de cinco segundos; guardar esa invaluable muestra en la cápsula que la traerá a la Tierra; y capturar la cápsula en nuestra atmósfera en plena caída libre, en el año 2023. Todo esto, no sin antes haber mapeado, auscultado y fotografiado al asteroide hasta la saciedad.

Tales maromas son apenas la salida de campo, el acto de ir por la muestra de guijarros y polvo –como quien dice el ADN– del asteroide 101955 Bennu. La ciencia verdadera comienza en 2023, cuando esa muestra esté a salvo dentro de los laboratorios del Centro Espacial Johnson, en Houston, los mismos que guardan las muestras lunares traídas por las misiones Apollo.

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Hace algunas semanas hablé largamente con Dante Lauretta, el director científico de OSIRIS REx, un experto en la química del cosmos que dicta clases en la Universidad de Arizona. Armándose de paciencia, Lauretta me explica cómo los asteroides más primitivos tienen en sus entrañas unos granos llamados ‘cóndrulas’. Y que estas cóndrulas fueron una vez literalmente gotas líquidas de roca, formadas por grumos de polvo que se calentaron durante la formación del sistema solar.

El interior de los guijarros recolectados de la superficie de Bennu permitirá buscar las cóndrulas, y entonces los científicos tendrán en sus manos, por primera vez en la historia, la química preciosa que dio comienzo a nuestro rincón del universo.

La cara oscura de Bennu les hace pensar a los investigadores que el asteroide contiene mucho carbono; y probablemente agua alojada entre esas moléculas. El experto se muere de ganas de saber específicamente cómo y cuándo se incorporó el agua a los materiales de construcción de los planetas y por qué la Tierra tiene un océano. ¿Será Bennu el tipo de asteroide que habría podido traer el material que hizo posible nuestra existencia, la molécula de la vida?

Uno se pregunta por qué no buscar el tesoro en los meteoritos caídos a Tierra, solo que desde el momento en que toca la atmósfera, el meteorito queda contaminado con el material de nuestro mundo, y su valor para este tipo de estudios baja como la finca raíz mal ubicada.

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En nuestra conversación, Lauretta también puso en perspectiva lo que es llevar 12 años liderando un equipo disparejo de gente de distintas edades, culturas e intereses, trabajando en un objetivo distante, fantástico y algo borroso. A veces sicólogo, a veces alcalde, el científico tenía que hurgar en la cabeza y el corazón de todas esas personas para mantenerlas enfocadas y motivadas en el diseño de la misión y sus componentes. Ese es el detrás de cámaras que a uno poco le cuentan.

Pero, si la misión trae exitosamente una muestra del asteroide, cualquier sacrificio y cualquier costo habrán sido recompensados con creces. Porque tener trozos de un objeto celeste es tener un recurso del cual se puede extraer información durante varias generaciones. De hecho, aún hay gente estudiando las muestras lunares. Por eso, un cierto porcentaje del regolito, o la tierra y guijarros recolectados de Bennu, se dejará sin tocar para que los investigadores del futuro, con tecnologías e instrumentos que ni siquiera existen, vengan a darle una segunda mirada.

Pero eso no es todo con OSIRIS REx. La misión es también una prueba de concepto de la que inevitablemente será la siguiente etapa de la colonización humana del espacio: aquella de la minería del cosmos.

Los asteroides están llenos de oro, iridio, plata, osmio, paladio, platino, hierro, cobalto, manganeso, titanio, níquel, molibdeno, aluminio, y la lista sigue. De hecho, todos esos minerales que rutinariamente extraemos de la corteza terrestre originalmente llegaron hasta allí gracias al bombardeo de meteoritos sobre la Tierra mientras se enfriaba la corteza. Aunque los asteroides y la Tierra se cristalizaron a partir de los mismos ingredientes primordiales, la enorme gravedad terrestre se llevó todos esos elementos metálicos a su núcleo derretido y hambriento, hace más de 4,000 millones de años. Esto dejó nuestra corteza vacía de estos preciosos minerales. En cambio, la mayoría de los asteroides tienen tan poca gravedad, que nunca sufrieron ese robo.

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Los medios masivos de información nos tienen lavado el cerebro con la idea de que asteroide = ”impacto que acabó con los dinosaurios”. La frase ya suena como un disco rayado. Sí es verdad que algunas rocas tienen órbitas que las acercan a la Tierra; y aunque es cierto que algunas de ellas están dirigiéndose hacia nosotros en este instante, afortunadamente su puntería es malísima.

Es más productivo para la mente, para el bolsillo, y para nuestra propia seguridad, verlas con los ojos de la ciencia.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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