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Opinión: El efecto Joe Biden

Opinión: El efecto Joe Biden

Carlos Chirinos considera que la declinación de Biden simplifica las cosas para los demócratas

Opinión: El efecto Joe Biden GettyImages-Biden-Obama.jpg


Por Carlos Chirinos (@carl_chirinos), editor político principal de UnivisionNoticias.com

 

Joe Biden no quiere ser presidente. O a lo mejor si quiere, pero reconoce que ya no puede.

Por el tono de la declaración que dio Biden este miércoles desde los jardines de la Casa Blanca se puede percibir que al vicepresidente le habría gustado mudarse a la mansión presidencial.

Pero un doble pragmatismo le llevó a desistir de lo que, según repiten expertos analistas y presentadores de medios de comunicación, era su "última oportunidad" de ser presidente.

Lo primero es que no hay tiempo, como dijo el mismo Biden flanqueado por su esposa Jill a su izquierda  y el presidente Barack Obama a su derecha. Se hace tarde para montar una plataforma electoral viable.

Es tarde para salir a competir con los candidatos ya cimentados, como Hillary Clinton o Bernie Sanders, en la búsqueda de fondos para la campaña. Si hemos de confiar en la tendencia que marca la estadística, aquellos que llegan tarde nunca logran el objetivo de quedarse con la nominación presidencial.

Sin divisiones


El mayor pragmatismo de todos parece radicar en el deseo de Biden  de no fragmentar el campo demócrata, al menos más de lo que quedará cuando eventualmente se resuelva el pulso entre la "progresista pragmática", como se define Clinton, y el también autodenominado "revolucionario" Sanders.

La reacción casi inmediata de ambas campañas refleja alivio por no tener que lidiar con un candidato fuerte que rompería la relación bipolar Clinton-Sanders.


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Una sensación que debe ser mayor en el comando de la ex secretaria de Estado, quien de acuerdo con los sondeos era la que más se habría visto afectada por la entrada de Biden en la competencia.

Las encuestas que se barajaban mientras se esperaba la eventual candidatura del vicepresidente, indicaban que éste le quitaba más apoyos a Clinton que a Sanders.

Ahora, con su decisión, Biden apuntala la solidez de la fachada que los demócratas quieren presentar en contraste con el partido Republicano.

Ya con el tono cordial que cerró el primer debate entre los aspirantes demócratas la semana pasada, el partido de gobierno había logrado presentar un panorama distinto al que ofrece el llamado Gran Viejo Partido. De unidad.

En cambio, con 16 precandidatos presidenciales y una rebelión interna de su sector más conservador que significó la caída de su líder en el Congreso, por momentos diera la impresión de que la organización coquetea con una traumática división.

Campo definido

Algunos dicen que Clinton pierde la posibilidad de tener un contrincante "de peso" que le ayudara a agilizar su campaña. Pero el efecto puede ser otro y beneficioso.

Se puede decir que ahora tendrá tiempo para cimentar su liderazgo y empezar ya su proyección más allá de la etapa de primarias, aunque ella ya es una figura suficientemente conocida dentro y fuera de Estados Unidos.

Al final el "efecto Biden" simplifica las cosas para los demócratas del aparato, para los simpatizantes y particularmente para los financistas que le apoyan, algunos de los cuales esperaban una definición de última hora para decidir a dónde dirigir su dinero.

Y mientras tanto, el segundo de Obama se ahorra la humillante posibilidad de una tercera aspiración presidencial fallida, donde habría visto someterse a prueba esa alta popularidad de la que goza.

En cuanto a últimas oportunidades, si bien Biden tendrá 76 años en las próximas elecciones de 2020, si hay algo seguro en política es que no suele haber tiempos definitivos.

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