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Mariana Atencio: Venezuela, la incógnita de la violencia

Mariana Atencio: Venezuela, la incógnita de la violencia

La periodista narra en primera persona su cobertura electoral durante un lustro

Mariana Atencio: Venezuela, la incógnita de la violencia GettyImages-Ven...

Por Mariana Atencio, conductora y corresponsal de Fusion

Soy una periodista venezolana de 31 años. Como muchos de mis colegas, jóvenes y no tan jóvenes, me fui de mi país ante la triste imposibilidad de ejercer mi profesión allí. Eso me quedó muy claro en el último año de universidad, cuando salí junto con mis compañeros a protestar el cierre del canal Radio Caracas Televisión, y nos recibieron tanquetas de la Guardia Nacional.

Pero me impuse el objetivo de regresar con regularidad a hacer periodismo y contar lo que otros allá no pueden. Y, parece mentira, durante los últimos cinco años he regresado a cubrir procesos electorales con una preocupante tendencia: la violencia en aumento.

En 2011, entrevisté a Henrique Capriles y a Leopoldo López –en su momento inhabilitado– para las primarias de la oposición. En 2012, con un Hugo Chávez enfermo, me monté en el “autobús del progreso” para seguir a Capriles por el estado Barinas, el territorio de los Chávez. En 2013, me encontraba en Fuerte Tiuna cuando los militares allí reunidos se dieron cuenta de que el resultado entre Nicolás Maduro, heredero del proyecto de Chávez, y un fortalecido Capriles, era más cercano de lo que hubiesen esperado.

Recuerdo que me llevaron a una zona apartada del comando militar, junto con mi camarógrafo. Nos interrogaron. Nos quitaron los celulares. Sentí miedo. Lo percibí en la cara de la única periodista de oposición que nos vio entrar. Cuando me dejaron ir, salí corriendo, aliviada de haberme quedado con el material que grabamos. Fue allí donde noté un elemento nuevo, que se hizo más evidente cuando Capriles canceló la marcha donde iba a defender sus votos: la violencia se había vuelto una táctica política. Quizás había existido antes, pero era algo nuevo para mi generación.

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En 2014, la violencia se concretó con la represión de las protestas de calle, luego de la entrega de Leopoldo López, que también capté en cámara. Cada vez que salía a la Plaza Altamira a cubrir a los jóvenes, o iba a los supermercados populares a cubrir la escasez, tenía esa sensación de que podía ser que “no saliera de esa”. “Por lo menos tú no vives aquí”, me repetían mis colegas locales, cansados de tener los celulares pinchados y a sus familias amenazadas.

En abril de este año regresé a cubrir las consecuencias de las protestas. Grabé testimonios de jóvenes torturados, opositores encarcelados, vecinos que se espiaban unos a otros… Un clima de miedo y tensión que nunca había visto en Venezuela.

Así llegamos a las elecciones de este domingo. El resultado de la contienda por la Asamblea Nacional prácticamente ya se conoce: la oposición lleva una amplia ventaja, según casi todas las encuestadoras. La única incógnita es la violencia. Si la oposición gana con un margen grande, ¿se respetarán los resultados? ¿Habrá derramamiento de sangre?

En estas últimas semanas hemos visto la antesala del espectáculo. Maduro ya anunció que la oposición tiene un plan “fraude o violencia”. La semana pasada Lilian Tintori –esposa de López–, quien se ha convertido de una de las figuras más importantes de la oposición, sufrió dos atentados; mientras el opositor Manuel Díaz perdió su vida en un acto político.

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“¿Quién va a perder su vida por defender a Nicolás Maduro?”, me preguntó un colega colombiano con cierto sarcasmo esta semana. Pero más allá de Maduro, los oficialistas tienen mucho que perder.

Los riesgos de esta votación son altos, a pesar de ser una elección legislativa, pues se renovará toda la asamblea por un periodo de cinco años. Ese cuerpo con mayoría simple tendría suficiente poder como para autorizar al Tribunal Supremo (TSJ) el enjuiciamiento de Maduro; la liberación de Leopoldo López, o cortar el presupuesto de las misiones sociales del gobierno. Es decir, por primera vez en 15 años, la revolución bolivariana, el proyecto que Hugo Chávez comenzó, está en riesgo de extinción.

Un gobierno nervioso, una era que parece estar terminando y un escenario electoral donde la gran incógnita es si un traspaso de poder puede ocurrir sin violencia.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.    


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