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Mar-a-Lago, propiedad de Donad Trumpo en West Palm Beach, Florida.
Henrik Rehbinder
Opinión

Periodista. Editorialista del diario La Opinión de Los Angeles.

Mar-a-Lago en un sitio gubernamental de internet: ¿historia de interés o mera publicidad?

Mar-a-Lago en un sitio gubernamental de internet: ¿historia de interés o mera publicidad?

“A partir del primer día de Trump en la Casa Blanca el valor de la membresía se duplicó. Hoy está en 200,000 dólares, y es solo el principio”.

Mar-a-Lago, propiedad de Donad Trumpo en West Palm Beach, Florida.
Mar-a-Lago, propiedad de Donad Trumpo en West Palm Beach, Florida.

La descripción del sitio de internet es muy clara: “ShareAmerica is the U.S. Department of State’s platform for sharing compelling stories and images that spark discussion and debate on important topics like democracy, freedom of expression…”

La plataforma ciertamente cumplió con la misión de "generar discusión y debate en tópicos importantes como la democracia…” cuando le dedicó al exclusivo Mar-a-Lago una página en un sitio presentándolo como un lugar que promueve la cultura estadounidense y como un sitio para visitar en nuestro país.

Digamos que el punto más relevante del debate es: ¿cómo demonios terminamos con este hombre como nuestro presidente?

La página fue removida luego diciendo “we regret any misperception”. Se temió que alimentara la imagen de que Trump quiere promover su club privado o hacer dinero con la presidencia.

Hay que ser muy mal pensado para creer que había un interés económico detrás de la idea de dar a conocer en el mundo a través de un sitio gubernamental la "inusual historia" de una propiedad que tiene como dueño al presidente.

Es claro que las cosas no son como antes. A partir del primer día de Trump en la Casa Blanca el valor de la membresía se duplicó. Hoy está en 200,000 dólares, y es solo el principio

No es lo mismo para los miembros, o para quienes alquilan un salón para una conferencia o para un casamiento, sacarse una foto con el dueño del club que hacerlo con el presidente de Estados Unidos.

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Uno tendería a pensar que el presidente Trump no podría pasar mucho tiempo en su club porque está muy ocupado en Washington “con todos los problemas y dificultades” de su cargo. Esa fue, al menos, la esencia de la crítica que le hizo Trump al presidente Obama en un tuit de octubre del 2014 por la afición del expresidente a jugar golf.

Pero no hay motivos para preocuparse y los clientes del club no deben temer por su inversión. El presidente no será parte de los paquetes de bodas, pero no deja de ser atractiva la posibilidad de que aparezca en cualquier momento.

Es más, es muy probable que eso ocurra ya que está muy seguido por esos lares.

Un cálculo estima que en siete de sus primeras 14 semanas estuvo en Mar-a-Lago. Y otro que en sus 12 primeras semanas fue 19 veces a jugar en el Trump International Golf Club, en West Palm Beach. Eso significa, según thegolfnewsnet.com, que si el president sobrevive dos periodos presidenciales y mantiene ese ritmo, al final habrá jugado al golf en más de 650 ocasiones.

La Casa Blanca dice que estos viajes son de trabajo. En realidad, Trump aprovechó sus visitas a Mar-a-Lago en dos oportunidades para recibir a jefes de Estado, pero es difícil saber cuándo termina el trabajo y empieza el golf. La sala de periodistas del club tiene tapadas las ventanas que dan al campo del golf para que los reporteros no sepan qué ocurre allí cuando va el presidente…

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Obviamente, los periodistas suelen ser muy negativos. Quizá Trump encontró la manera atender asuntos de Estado desde el ‘green’, como lo hacía Obama. Sino, ¿cómo explicar semejante contradicción?

Pero ese no es el único interrogantes sin responder. Otro es el costo de convertir un club privado de Palm Beach, Florida, en la “Casa Blanca de invierno”.

Se estima que cada visita del presidente Trump cuesta a los contribuyentes entre uno y tres millones de dólares. Cada visita. Mientras los clientes del club ven cubiertas sus expectativas los contribuyentes estadounidenses no tanto.

Por un corto tiempo, aquellos que pagan las cuentas pudieron ver en la internet la historia oficial del club privado/palacio presidencial. Al final son ellos los que pagan con sus impuestos los costos de desplazamiento del mandatario y los salarios de los funcionarios del Departamento de Estado que colocaron la página en ShareAmerica. Además de los empleados de la embajada estadounidense en Gran Bretaña (no hay embajador oficial) que la subieron al sitio diplomático tan rápido como la bajaron.

Ah, pero ni siquiera eso. El sitio del Departamento de Estado no está dirigido a los estadounidenses sino a los extranjeros.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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