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Donald Trump durante un mitin de campaña (archivo)
Tanius Karam
Opinión

Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

Los recursos de la emotividad en Trump

Los recursos de la emotividad en Trump

“El discurso del miedo se caracteriza por no dar detalles ni información de contexto. La fórmula se puede resumir así: cuantos menos detalles, mejor, porque la información siempre matiza o modula el tipo de emociones que podemos tener”.

Donald Trump durante un mitin de campaña (archivo)
Donald Trump durante un mitin de campaña (archivo)

El miedo ha sido una estrategia histórica para generar asentimiento y adhesión a grandes públicos y multitudes. Cualquier manual básico de teoría de la manipulación, comunicación pública, o persuasión y comunicación colectiva dedica espacio al manejo de sentimientos y del miedo en particular como un recurso central.

No hay nada de nuevo en las estrategias y recursos, pero sí el hecho que un millonario blanco presuntamente beneficiado por el sistema-mundo de la globalización estadounidense, parezca ahora abanderar cierto cierre del libre flujo de bienes y personas. Ello genera divisiones y cruces de tendencias y etiquetas que no siempre son claras como llamar a Trump “populista de derecha”.

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El discurso político de Trump da una mayor inclinación a lo emotivo por sobre un discurso más racional, estratégico o técnico en donde sea posible identificar argumentos, datos o relaciones lógicas. En ese sentido no resulta casual que por ejemplo Newt Gringrich, uno de los aliados del candidato republicano, señale que las estadísticas no cuentan tanto como los sentimientos.

Los sentimientos no son lo contrario a la razón, sino que consisten en otra forma de percepción y reacción a la realidad; otra manera de nombrarla y relacionarse con ella. Mientras que la razón se puede separar y organizar siguiendo criterios lógicos, en el discurso emocional no es necesario; bastan amenazas, imprecaciones, advertencias o perspectivas catastrofistas.

Los recursos del miedo son una de las estrategias del discurso del Trump. Este discurso no actúa solo, sino que aparecen sensaciones donde se mezclan la inseguridad, la ansiedad, la falta de confianza, la incertidumbre, etc. Contrario a lo que se pueda pensar, la estructura de los discursos emotivos suele ser sencilla. La virtud no consiste tanto en pronunciarlos como en hacerlos creíbles. Cualquiera puede amenazar pero pocos logran generar la creencia en la validez y posible ejecución de dicha amenaza. Por ello el factor de confianza en el orador es tan importante o más que el mensaje mismo.

En los muy diversos análisis que a diario se hacen de los discursos de Trump resulta más o menos fácil señalar sus errores, plagios y demás impresiones en su visión del mundo. Pero ello no alcanza a explicar el porqué de su éxito o efectividad; dicho análisis no puede quedarse únicamente en el discurso en sí, sino en el estado actual de la sociedad estadounidense, en el peso histórico de sus creencias y prejuicios que se vienen activando o validando a través del discurso de Trump.

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Demás está decir lo sabido: que no tiene experiencia, que nunca ha tenido un cargo público, que en sus empresas sí acepta la presencia de mexicanos, etc., etc. El malestar preexiste a Trump, y su mérito es activar ese conjunto de sensaciones por medio de un discurso altamente emotivo donde, por otra parte, no deja de llamar la atención lo imprevisto de cierta comunicación política, como por ejemplo ahora los intercambios de elogios entre el candidato republicano y el presidente ruso Putin, entre otros fenómenos.

El éxito de Trump es el resultado de una desconfianza hacia la política tradicional y al malestar preexistente que se mueve a través de reacciones emocionales. Todos estos fenómenos no podrían darse desde un orador cauto, circunspecto y cuidadoso. No sería creíble. Sí lo es en la puesta en escena que ejecuta Trump (gestos, manos, tono de voz, inflexión, etc.), que corresponde a esos discursos intimidantes y agresivos.

El miedo y el aviso

El miedo y el aviso en Trump son efectivos. Usa una vieja estrategia de la manipulación: la insistencia sobre ciertos temas. El mundo de la publicidad y la propaganda conocen de sobra los efectos que puede tener la repetición, de lo que resulta inevitable no asociarlo con aquél aforismo del temido ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, “una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad”.

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A través del miedo se facilita la representación de peligros o amenazas (existentes o no), por ello la importancia de discursos con el aviso de catástrofes inminentes, o deterioros al borde del abismo. En su discurso de nominación Trump intenta generar ansiedad, pinta un panorama con todos los defectos de la sociedad estadounidense, en el que él es el único que puede resolverla.

El discurso del miedo se caracteriza por no dar detalles ni información de contexto. La fórmula se puede resumir así: cuantos menos detalles, mejor, porque la información siempre matiza o modula el tipo de emociones que podemos tener. Por ello, cuando frecuentemente se le pregunta al magnate cómo va atender los asuntos de salud pública, solamente dice que lo va arreglar, pero no dice cómo, ni describe métodos o procedimientos.

En suma, vino aparentemente nuevo en odres viejos y conocidos. Pero en política no cuentan lo “viejo” o lo “nuevo” per se, sino lo efectivo y práctico, recordando al clásico: el uso de cualquier palabra, medio o recurso se justifica en los fines: ganar las elecciones. Tampoco es relevante que todos hablen bien o mal —de hecho la opinión pública internacional parece ir en contra del magnate—, sino que hablen, digan, repitan, se asusten; y para ello, nada como los gritos y los movimientos, los conflictos en torno a los discursos de Trump y los juicios sobre la economía o las relaciones internacionales aparentemente contracorriente; y también a decir de todo ello, se pueden asomar verdades parciales o a medias, en lo que por otra parte es descontento y desconfianza hacia una sociedad a la que fácilmente se le pueden dar mentiras por verdades, o sensaciones en lugar de argumentos.

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Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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