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Un árbol caído por los fuertes vientos del huracán Irma en Miami Beach, Florida.
María Basualdo
Opinión

Filósofa, experta en salud mental y escritora.

Las reacciones ante un desastre: seis lecciones del huracán Irma

Las reacciones ante un desastre: seis lecciones del huracán Irma

“Ante un fenómeno natural como Irma es normal sentirse abrumado, nervioso, irritable, pero es fundamental saber lidiar con estos síntomas para no agravar las condiciones”.

Un árbol caído por los fuertes vientos del huracán Irma en Miami Beach,...
Un árbol caído por los fuertes vientos del huracán Irma en Miami Beach, Florida.

Las reacciones humanas frente a desastres naturales como el huracán Irma son muy variadas, casi tan diversas como personas hay. Dependiendo de la magnitud del impacto, y de otros múltiples factores, cada uno de nosotros ha sufrido el impacto de Irma de un modo único. Hay quienes perdieron la vida, seres queridos o sus hogares. Pérdidas irreparables y dolorosas que implican una monumental dificultad para su superación. Otros, sufren la falta de luz o agua que, si bien es inconveniente, es necesario verlo en perspectiva para entender que podría haber sido mucho peor. Irma, Lección número uno: Valorar lo que se tiene. La vida, por sobre todas las cosas. Esto implica mirar en perspectiva y aprender a tener paciencia y ser tolerante en la adversidad. Dicho bien clarito, no tengo luz, se me rompió un vidrio, pero estoy vivo.

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Más allá de la diversidad de reacciones, hay síntomas comunes que la gran mayoría de nosotros comparte cuando nos confrontamos a un fenómeno natural tan peligroso. Algunos síntomas frecuentes incluyen el miedo, la inseguridad, sensaciones de vulnerabilidad, insignificancia o impotencia y tristeza. Aquellos afectados de un modo más severo pueden desarrollar estrés post traumático, una patología más grave que requiere ayuda psicológica. Los síntomas pueden ser también físicos, como dolores de cabeza, estómago o pecho, falta o exceso de apetito (puede ser una respuesta a la ansiedad), nauseas, falta o exceso de sueño, etc. Todos estos síntomas se ven agravados por la interrupción de la vida cotidiana y la falta de normalidad que traen la falta de luz o agua, víveres, caos de tránsito, disrupción en el trabajo y la escuela, entre otros. La imperiosa necesidad de la vuelta a la normalidad puede ser entendida como un modo de negación (hacer de cuenta que nada ha pasado), una respuesta muy común a la ansiedad. Esto no es un proceso muy saludable. Lo mejor es aceptar, procesar y seguir adelante aprendiendo de la experiencia traumática, en lugar de negarla o minimizarla.

Como en toda situación de nuestras vidas, no hay nada que cause mayor temor que la falta de control frente a una situación. La regla es bien simple: Cuanto menos control tengo sobre el entorno, más miedo me produce. Y, el miedo es la fuente de una gran cantidad de síntomas y trastornos. Irma, Lección número dos: Reconocer que la falta de control es una condición humana, tal vez demasiado humana. Esto no significa rendirnos frente a situaciones adversas. Por el contrario, implica asegurarse de hacer todo aquello que sí podemos controlar. En otras palabras, ocuparse sin preocuparse, prepararse sin desesperarse y hacer en lugar de opinar o quejarse.

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Siempre, un desastre natural nos confronta con nuestra vulnerabilidad e impotencia. Nos enfrenta con la dramática sentencia de que podemos perder todo en un minuto. La insoportable levedad del ser, lo llamaba el poeta. Inmediatamente, nos confronta con el sinsentido y el cuestionamiento de nuestra vida. De ahí a pensar que “no somos nada” hay solo un pequeño paso. No hay ningún otro camino más directo a la depresión. Irma, Lección número tres: Tratemos de asignar valor a las cosas más importantes de la vida. Es una verdad de Perogrullo tal vez –y difícil de internalizar– pero la vida, los afectos y las personas deben ser lo más importante. Encontrar el verdadero valor de la vida no es cosa fácil, es cierto, pero es casi evidente que el valor humano debe superar a lo material.

Se sabe que en toda tragedia los valores más humanos, como la fraternidad y la solidaridad, se vuelven esenciales. Las tragedias pueden sacar lo mejor de nosotros mismos cuando vemos en el otro un igual, con quien nos identificamos. Nos sentimos juntos –uno– porque somos lo mismo frente a la calamidad. No hay color o nacionalidad. No hay muro que pare un huracán. Aunque este no es siempre el caso (por ejemplo, los autores de saqueos durante el huracán). Irma, Lección número cuatro: Saber que no estamos solos, saber que somos todos iguales, vulnerables e impotentes frente a la madre naturaleza. Y esto no significa “mal de muchos, consuelo de tontos”. Esto representa revalorar la humanidad y saber que esta tierra es nuestro lugar. Esto implica concientizar y entender que debemos cuidarnos entre nosotros y cuidar nuestro planeta, que es el hogar de todos.

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Indudablemente, Irma ha producido mucho estrés, antes, durante y después de su infortunado paso. Es normal sentirse abrumado, nervioso, irritable, pero es fundamental saber lidiar con estos síntomas para no agravar las condiciones. Las emociones negativas se contagian y producen conductas y efectos negativos. Irma, Lección número cinco: Es importante reconocer los síntomas y entender que están vinculados a los recientes acontecimientos, este es el primer paso para poder lidiar con ellos. El proceso de recuperación no sólo tiene que ver con recuperar la luz o reparar estructuras. Tiene que ver con resolver, de modo efectivo, los síntomas que este huracán de emociones nos pueda haber producido.

Como frente a cualquier otra crisis, las relaciones interpersonales y el afecto son el mejor antídoto. Estar pendiente del otro, compartir emociones, ventilarlas, comprender y sentirse comprendido, brindar y recibir afecto, decirse te quiero, mostrarle al otro que te importa, ayudar y dejarse ayudar. Lección número seis y fundamental: El afecto y la fraternidad no tienen contra. Y, la empatía –ponerse en los zapatos del otro– es la mejor herramienta humana frente a la adversidad y el dolor. Es la principal fuente de resiliencia porque alimenta la comprensión y nutre la fraternidad. No se trata sólo de compartir el generador o repartir agua entre los vecinos. Se trata de comprendernos y de entendernos, de sabernos juntos, no sólo como habitantes del Sur de la Florida, sino de esta tierra que nos urge, cada vez de un modo más desesperado, que la cuidemos, preservemos y valoremos. La tormenta se ha llevado mucho, pero que, aunque sea, nos deje esto aprendido.

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Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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