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Las autoridades acordonaron los alrededores de la First Baptist Church of Sutherland Springs, una pequeña localidad ubicada al sureste de San Antonio.
María Basualdo
Opinión

Filósofa, experta en salud mental y escritora.

La violencia doméstica y los asesinatos en masa: una señal de alerta

La violencia doméstica y los asesinatos en masa: una señal de alerta

“Más allá de la raza, el fundamentalismo, el status legal, el diagnóstico o la mera opinión, Devin Patrick Kelley, el asesino de Sutherland Springs, evidencia un patrón de conducta usualmente ignorado en el análisis de los asesinos en masa: la violencia doméstica”.

Las autoridades acordonaron los alrededores de la First Baptist Church o...
Las autoridades acordonaron los alrededores de la First Baptist Church of Sutherland Springs, una pequeña localidad ubicada al sureste de San Antonio.

Otro asesinato en masa. ¡Otra vez! Sutherland Springs, Las Vegas, San Bernardino, Orlando y la lista sigue. Mientras tanto, el estado ofrece plegarias y condolencias, nada más.

El debate florece respecto de las motivaciones del asesino, sus posibles problemas mentales o su historial criminal. En este caso, el asesino de Texas no era un radical religioso o político o un extranjero ilegal o de una raza menos privilegiada. La explicación oficial es ciertamente interesante: el asesino era un enfermo mental. Como si dicha sentencia, además de arbitraria, desligara al estado –o al sujeto– de alguna responsabilidad.

Más allá de la raza, el fundamentalismo, el status legal, el diagnóstico o la mera opinión, Devin Patrick Kelley evidencia un patrón de conducta usualmente ignorado en el análisis de los asesinos en masa: la violencia doméstica. Muchos de los hombres que han cometido estos asesinatos barbáricos tienen historia de abuso doméstico, a sus parejas o hijos. Es posible que, porque la violencia doméstica es una cuestión de poder y control, entre otras cosas, estos asesinos armados desplomen su debilidad embestida de arrogancia en la violencia contra los demás. Abusando de sus seres queridos compensan sus miedos ocultos. Usando armas militares disimulan su impotencia.

Novios, esposos, exparejas con historia de violencia doméstica no pueden ni deben tener acceso a armas. Punto. Lamentablemente, la realidad es otra y por eso la lista de asesinatos en masa prolifera. Se estima que cada día un promedio de tres mujeres son asesinadas por su pareja. Y, las armas aumentan exponencialmente ese riesgo de asesinato.

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La violencia doméstica es un problema serio en el mundo y en los Estados Unidos. Es una amenaza constante hacia las mujeres; un peligro subrepticio plasmado en prácticas de discriminación encubiertas y normalizadas. Pero es también una amenaza manifiesta y concreta de muerte. La violencia doméstica siempre mata, ya sea en el cuerpo o la psiquis. Mata la auto-estima, los planes, los sueños, la identidad y, como si fuera poco, también puede quitar la vida.

El Centers for Disease Control and Prevention ha reportado que el homicidio es la quinta causa de muerte en mujeres de entre 18 y 44 años en Estados Unidos y, más de la mitad de esos crímenes son perpetrados por hombres con quien la victima tiene o ha tenido alguna relación romántica. La agencia Everytown for Gun Safety reporta que alrededor del 54% de los asesinatos en masa incluyen la muerte de un miembro de la familia del asesino; este es el caso de la reciente masacre en Texas. En Estados Unidos, las mujeres son 16 veces más vulnerables a ser asesinadas que en cualquier otro país desarrollado. Una estadística muy triste y sobre la que nos urge reflexionar. El acceso indiscriminado a las armas contribuye significativamente con estos lamentables números.

La violencia doméstica es una cuestión que atraviesa varias esferas de nuestra vida. Desde la salud mental hasta cuestiones vinculadas a los sistemas de creencias o pensamientos como el machismo. Es un problema de supremacía masculina, inscrito en una sociedad donde las mujeres se vuelven presas, no sólo del abusador, sino del sistema que avala el abuso. No es casual que la amplia mayoría de asesinos en masa sean hombres. El machismo, como la cultura de adoración a las armas y la defensa irracional del derecho a portarlas, son sistemas de creencias supremacistas y un discurso de poder fundamentado en el miedo.

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Frente a esta nueva matanza debemos recordar que la violencia doméstica no es una cuestión privada, de la pareja, sino una emergencia social y pública de la que hay que ocuparse. Es una señal de alerta de un individuo peligroso que puede proyectar su nimiedad no sólo en su núcleo familiar, sino en la sociedad en su conjunto.

Reportar la violencia doméstica, dejar de negarla o minimizarla es, ciertamente, el primer paso que podemos tomar. Concientizar, divulgar y participar. Contribuir desde nuestro lugar es, sin lugar a dudas, mucho más efectivo que las condolencias o lamentos.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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