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María Basualdo
Opinión

Filósofa y experta en salud mental, con más de diez años de experiencia en ese campo.

La importancia de la empatía para superar las diferencias

La importancia de la empatía para superar las diferencias

“Aceptar que las opiniones de los otros son tan válidas como las propias. Aprender del otro y reconocer otros modos de ser, pensar y sentir, enriquece y mejora nuestras perspectivas”.

Empatía

Vivimos según nuestra propia experiencia de la realidad, con una singular visión del mundo. Parece una verdad simple. Sin embargo, nos cuesta mucho entender este principio básico de la subjetividad: vemos el mundo a través de nuestros ojos. Nuestra percepción está
limitada por nuestros sentidos, historia y sistemas de creencias, por nuestro temperamento y estados de ánimo. La realidad que suponemos objetiva y unilateralmente aprehensible está no sólo sesgada sino construida a partir de nuestra identidad y circunstancias. "Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros," sugiere la máxima atribuida al filósofo Kant (y a la ensayista Anaïs Nin). Lo cierto es que esa realidad subjetiva es la única que conocemos y no podemos ver más allá de ella.

Por tanto, resulta fundamental para nuestro desarrollo individual y como sociedad que aprendamos a ver el mundo según los ojos de los otros. Esto es sólo posible mediante la empatía, entendida como la capacidad de poder interpretar y experimentar el mundo desde el punto de vista del otro. La empatía, entonces, es un intento intencional y activo de tratar de entender la visión del mundo que tiene la otra persona, sus emociones, pensamientos y, en definitiva, su realidad. Una realidad que, como la nuestra, también esta sesgada por su identidad e historia.

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Los seres humanos somos primordialmente sociables y en nuestro lenguaje y capacidad de comunicar se manifiesta esa esencia. Pero comunicar no es solo hablar, implica también la posibilidad de entender los estados emocionales del otro. Y la comunicación es vital para mantener relaciones sanas. Para ello resulta crucial darle entidad a la percepción del otro y entender que su visión de la realidad es tan válida como la nuestra, aunque no la compartamos.

Desde el punto de vista neuro-psico-biológico, nuestra capacidad de empatizar es inherente a la actividad cerebral. El área que asiste en el proceso de empatía es el giro supramarginal derecho, diseñado para ayudarnos a distinguir nuestro estado emocional del de los demás, con un rol fundamental en nuestra habilidad de descifrar lo que el otro pueda estar sintiendo. Parecería que hay un sistema de sinapsis neuronal que hace las veces de espejo, reproduciendo de alguna manera los comportamientos de los otros.

Esto podría explicar por qué cuando alguien bosteza, nosotros también bostezamos. Pero este proceso se complejiza aún más cuando tiene que ver con las emociones, en tanto pareciera producir una suerte de mimesis o reflejo. Si vemos a alguien sentir dolor o alegría, proyectamos esa emoción en nosotros mismos, experimentando, de algún modo, la misma sensación. Las emociones son contagiosas, por eso es crucial conocer las propias y entender las ajenas.

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Las reacciones cerebrales están signadas por procesos inconscientes no-intencionales. Para promover la empatía y mejorar las relaciones es necesario volverlos conscientes y deliberados. En otras palabras, para ser verdaderamente empáticos, hay que ir más allá del reflejo neurológico y hacer un esfuerzo consciente de pensar más allá de uno mismo.

Como casi cualquier otra cosa, la empatía es un hábito que puede perfeccionarse a través de la práctica. Las reglas de la empatía son bastante simples e incluyen, por ejemplo, observar a los otros. Tendemos a pasar la mayor parte de nuestro tiempo preocupados y ocupados en cuestiones propias, en el teléfono o la computadora o presos de nuestra rutina. Tomarse el tiempo para observar a los demás puede ser un gran desafío, pero es crucial para el desarrollo de la empatía. Observar, mirar, descubrir, decodificar y tratar de entender lo que la otra persona piensa y siente. Ver más allá de nuestras narices y tratar de descifrar quién es ese otro, qué batallas está luchando, cómo está o qué le pasa. Más aún, vencer el reto y lograr que esas respuestas nos importen, real y genuinamente. Ver y apreciar, en lugar de prejuzgar, categorizar o negar. Tener una sana curiosidad respecto del otro, para construirlo, no destruirlo, eso es la empatía.

Otro paso imprescindible para volvernos más empáticos es escuchar. ¡ES -CU-CHAR! La mayor parte del tiempo, muestras conversaciones –especialmente esas elevadas de tono o pendencieras– tienden a ser más un combate verbal que un intercambio genuino de ideas, con los interlocutores formulando respuestas antes de dejar que el otro termine de hablar. Hablar sin escuchar, hablar para responder o contra-argumentar es muy diferente que escuchar con empatía. Para verdaderamente entender qué le pasa al otro hay que aprender a parar, a escuchar y tomarse el tiempo para responder, procesar lo que el otro dice y aprender a intercambiar opiniones de un modo sano y constructivo. Antes de tratar de imponer nuestro punto de vista, hagamos preguntas para aclarar la perspectiva del otro, tratando de entender qué quiso decir, cuáles son sus motivaciones, qué siente, qué cree, qué supuestos tiene, qué experiencias lo llevaron a ser quien es. Escuchar para entender no para juzgar o refutar, escuchar para comunicarse, no para ganar el argumento.

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Comunicarse no implica estar de acuerdo y no es necesario compartir un punto de vista para entenderlo y reconocerlo. Cuando escuchamos de verdad, podemos mejorar y amplificar nuestra propia interpretación y completar nuestra sesgada y parcial visión del mundo. El desacuerdo puede ser un complemento de nuestra incompletitud perceptual. Se dice que empatía es ponerse en los zapatos del otro y pensar qué haría yo en su lugar. Sin embargo, es más acertado entender que la empatía es entender qué hace el otro en su lugar.

Otra regla de la empatía es ser flexible y dejar de lado las creencias rígidas. Aceptar que las opiniones de los otros son tan válidas como las propias. Aprender del otro y reconocer otros modos de ser, pensar y sentir, enriquece y mejora nuestras perspectivas. También es importante abrirse y expresar nuestros pensamientos y emociones. Para ello, es fundamental conocerse a sí mismo, ese viejo proverbio socrático. Puede sonar inverosímil, pero, muchas veces no sabemos lo que verdaderamente pensamos o sentimos, menos aún podemos comunicarlo.

La empatía implica desafiar prejuicios y estereotipos, sin juzgar al que es diferente como enemigo. Es imprescindible salir de la dinámica “nosotros versus los que piensan diferente”. Estas etiquetas no sólo nos impiden crecer como individuos, sino que nos estancan como sociedad.

La empatía es una cuestión recíproca, basada en el entendimiento mutuo, observando y siendo visto, prestando atención y siendo escuchado. Nadie es dueño de la verdad. Nadie. Más aun, la verdad la construimos entre todos, a pesar de las discrepancias. Después de todo, debe haber algo en común que nos permita superar las diferencias y poder enriquecernos con ellas.

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Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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