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Los saqueos se han convertido en una manifestación más del descontento popular.
Tanius Karam
Opinión

Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

La crisis de Venezuela: una “tormenta perfecta” sin solución a la vista

La crisis de Venezuela: una “tormenta perfecta” sin solución a la vista

“Todas las variables se coligan en este momento para abonar a un panorama de extrema tensión”.

Los saqueos se han convertido en una manifestación más del descontento p...
Los saqueos se han convertido en una manifestación más del descontento popular.

Del 19 al 21 de junio pasado se llevó acabó en Cancún (México) la 47 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA). El tema principal fue la crisis en Venezuela. Al final no se alcanzó una resolución y las posiciones encontradas han seguido después de la reunión. El pasado fin de semana, el presidente de la OEA Luis Almagro dijo que renunciaría a cambio de la libertad de Venezuela y la liberación de los presos políticos en respuesta a la petición venezolana de su renuncia para que este país regrese a la OEA.

Una de los protagonistas de la reunión fue la canciller venezolana Delcy Rodríguez, quien a pesar de haber defendido la revolución bolivariana y las decisiones de su gobierno fue removida por el presidente Maduro, quien nombró al viceministro Samuel Moncada como sustituto. Otro de los actores importantes fue el canciller mexicano Luis Videgaray, quien asumió una postura defensora de los derechos humanos y abogó por una salida humanitaria en Venezuela. Durante la Asamblea fueron constantes sus diferencias y enfrentamientos con Delcy Rodriguez, quien respondió a las críticas del canciller mexicano con su propio señalamiento sobre la situación de los derechos humanos en el país anfitrión, de manera particular la situación de los 43 normalistas desaparecidos en septiembre de 2014.

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Hay que señalar que la OEA, como no pocas organizaciones internacionales, muestra signos de debilitamiento e incapacidad para atender efectivamente las necesidades de la región. La OEA se formó en 1948 con 21 países y desde entonces ha ido creciendo para incluir a Canadá y varios países caribeños. Como la ONU, han generado instrumentos jurídicos sofisticados que ante fuertes crisis humanitarias como la venezolana resultan insuficientes o inoperantes. Estas organizaciones enfrentan una crisis de legitimidad y con frecuencia parecen más “simbólicas” que con capacidad real de resolver los problemas de la región.

La narrativa oficial del gobierno de Maduro dice defender la revolución bolivariana de la supuesta conspiración de Estados Unidos y de sus aliados para acabar con ella.El régimen considera que Estados Unidos ha decidido activar planes de desestabilización global de la sociedad venezolana, en connivencia con ciertas élites internacionales, con el fin derrocar al gobierno actual. El gobierno no reconoce las limitaciones y violaciones de derechos humanos, y afirma que existe libertad de expresión porque hay diversos medios, públicos y privados, aun cuando muchos han cerrado y otros han sido cooptados. Lo cierto es que en la televisión venezolana de lo que menos se habla es del propio país y existen disposiciones que obligan a los medios, tanto públicos como privados, a transmitir los discursos completos del presidente.

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La crisis en Venezuela es total, una especie de “tormenta perfecta” donde todas las variables se coligan para abonar a un panorama de extrema tensión sin que aparezcan posibilidades de solución en el corto plazo. Uno de los muchos componentes de esa dificultad es la estrecha relación del régimen actual con el ejército, que le apoya incondicionalmente y es la base su fuerza. El gobierno actual no podría gobernar sin ellos; de hecho hay militares o exmilitares en casi un tercio de los ministerios, y el anudamiento de intereses entre el gobierno y el ejército es total: el gobierno basa su sobrevivencia en las fuerzas armadas y éstas deben su estructura y modos de funcionamiento actual al mismo gobierno.

El ejecutivo venezolano tiene una actitud de total confrontación con los partidos de oposición, a quienes acusa de ser los responsables de la violencia, y por ello ha encarcelado a varios de sus dirigentes. Si bien la fuerte carestía de bienes básicos podría justificar que cualquier población del mundo se levante contra su gobierno, lo cierto es que a la violencia tradicional que existe en Caracas –acaso la ciudad más violenta del hemisferio– se suma un clima de completa descomposición de las instituciones sociales, económicas y políticas. Un dato más, por si no fuera suficiente. Venezuela cuenta con el más alto índice de percepción de corrupción en el hemisferio: 17 puntos (0= más corrupción; 100= menos corrupción).

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El antecedente inmediato del incremento de tensión fueron las elecciones parlamentarias de diciembre 2015, en el que la oposición, agrupada en el movimiento Mesa de Unidad Democrática, ganó las elecciones por más de dos millones de votos. Al principio, la reacción de Maduro fue de reconocimiento. Acto seguido el Congreso intentó convocar elecciones presidenciales anticipadas y el presidente cambó de opinión ante la posibilidad de perder en elecciones abiertas. Desde entonces el gobierno ha intentado disolver la Asamblea Nacional, asegurando que algunos parlamentarios habían ganado las elecciones de forma fraudulenta, versión no aceptada por el Tribunal electoral. La estrategia del gobierno es ahora generar un nuevo Congreso (la Asamblea Constituyente) que se encargue de redactar la nueva Constitución para darle poderes plenos al presidente, sin que exista la posibilidad de celebrar elecciones libres.

En suma, no parece que, por sí solos, los actores internos del país puedan resolver la grave crisis que vive Venezuela. El paso que sigue para el gobierno, si no lograra disolver la Asamblea, es militarizar a sus propias bases, que han sido las beneficiarias de sus programas sociales, pero que se han visto afectadas también por la crisis del petróleo.

En política no hay amigos ni causas humanitarias, sino intereses, y que el reto para la inteligencia política (real politik) es buscar por lo menos tomar distancia de un colapso mayor, que se traduce generalmente en un alto número de muertos, encarcelados o desaparecidos. Es preciso evitar por todos los medios que ello suceda, aun cuando hoy día no se ve cómo detener la espiral de violencia. Después de la reunión de la OEA, es claro que esta organización no tiene cómo hacer una contribución en el corto plazo para amainar el clima de tensión en Venezuela.

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Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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