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Jeb Bush: Una política de defensa para el siglo XXI

Jeb Bush: Una política de defensa para el siglo XXI

El candidato republicano propone una estrategia contra la declaración de guerra de los terroristas radicales islámicos

Jeb Bush: Una política de defensa para el siglo XXI GettyImages-Jeb-Bush...


Por Jeb Bush,  candidato a la nominación presidencial por el Partido Republicano  (*)

Los salvajes ataques en París en días pasados son un recordatorio de los que está en juego en estas elecciones: no sólo estamos escogiendo al presidente de los Estados Unidos, sino al líder del mundo libre.

Los últimos siete años con el presidente Obama nos han enseñado que los problemas no se resuelven por sí solos en la ausencia del liderazgo estadounidense y su exsecretaria de Estado, Hillary Clinton, ha dicho que su política exterior no será más agresiva o inclinada hacia delante de lo que ha sido la suya.

Permítanme decirles lo que ellos no le dirán: estamos en guerra con terroristas radicales islámicos. Es la guerra de nuestro tiempo y una lucha que determinará el destino del mundo libre.

La urgencia de atender esta creciente amenaza es clara y Estados Unidos no debería retrasarse en liderar una coalición global para destruir a ISIS con una fuerza abrumadora.

Militarmente necesitamos intensificar nuestros esfuerzos aéreos, aunque solo eso no logrará producir los resultados que buscamos. En conjunto con los aliados de la OTAN y otros socios locales necesitaremos incrementar nuestra presencia local en el suelo.

ISIS no puede ser vencido sin terminar la brutal guerra de Assad en contra de su propia gente, creando una solución política que permita una estabilidad en Siria.

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Por generaciones las alianzas lideradas por Estados Unidos, la diplomacia y el poder militar estadounidenses, y nuestra credibilidad, han mantenido la paz y han disuadido la violencia. Esta es también la manera de movernos hacia adelante en nuestros tiempos. El destino de millones, la seguridad de nuestro propio pueblo y la causa de la libertad de la humanidad dependen de las decisiones que tomemos en los próximos años.

Defender nuestros intereses nacionales siempre implicará riesgos, pero el mayor riesgo de todos es el de ser inferiores militarmente. A menos que cambiemos de rumbo, terminaremos en ese lugar.

El siguiente presidente asumirá una oficina luego de ocho años de disminución del poder militar estadounidense por un descuido y negligencia crónica del presidente y el Congreso. En el lapso de una década nuestro gobierno habrá cortado un billón de dólares del presupuesto de defensa. No hay explicación racional para estos cortes; son completamente arbitrarios, impuestos por un proceso que todos en Washington dicen no gustarles, pero que ninguno allí tiene el coraje de detenerlo.

En mi administración, la seguridad para Estados Unidos significará ganar y mantener una ventaja en todas las categorías antiguas y nuevas. Así sea en nuestro poderío naval, terrestre, aéreo, espacial o cibernético, el objetivo de Estados Unidos debe ser la superioridad tecnológica por encima de cualquier duda.

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Mi plan coloca a los combatientes de primeros, para mantener una fuerza sin igual. Cuando usemos la fuerza debe ser efectiva y nuestros objetivos deben estar bien definidos de manera que ese despliegue no conlleve a otros interminables o deje el trabajo sin hacer.

Yo tengo un plan para  un ejército del siglo XXI que proyecte esa fuerza –cuando sea necesario– alrededor del mundo. No necesitamos ser la policía del mundo pero debemos restaurar nuestro lugar como los líderes y como la potencia indispensable del mundo libre.

Desde el momento en el que sea presidente trabajaré con el Congreso para reconstruir nuestras fuerzas militares, comenzando con la necesidad más urgente: una nueva generación de aviones de guerra, para que nuestros aviones no sean más viejos que nuestros pilotos; ampliar nuestro flota naval para que nuestros patrulleros marinos estén en las embarcaciones más seguras de los mares, así como la aceleración de nuestro programa de submarinos para que el servicio silencioso de nuestro país pueda mantener su ventaja letal; sistemas mejorados de defensa para proteger de las crecientes amenazas que representan los  misiles de Irán o Corea del Norte; programas de vigilancia y seguridad cibernética superiores a cualquiera que se les enfrente, de modo tal que encontremos las amenazas antes de que ellas nos encuentren a nosotros.

También restituiría el programa de recolección de metadatos de la Ley “PATRIOT” para asegurar que tenemos la habilidad de conectar los puntos entre terroristas reconocidos internacionalmente y sus potenciales operadores acá en los Estados Unidos.

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Sin embargo, no podemos solo lanzar dinero sobre este problema para solucionarlo. Necesitamos reformar el Pentágono, renovando el liderazgo, pasando a una nueva generación adaptándolo a los retos del siglo XXI. Esto significa una reforma en la obtención de recursos, para comprar las herramientas adecuadas al precio adecuado y hacerlas llegar a quienes combaten en el momento necesario.

Como resultado del desangramiento en París, esta generación sabe el costo de la guerra pero también sabe el mayor costo de ir a la deriva o no actuar. Los terroristas radicales islámicos han declarado la guerra al Occidente. Su propósito es nuestra total destrucción. No podemos desentendernos de esta amenaza, ni negociar con ella. Como presidente, yo actuaré en busca de nuestra única opción: derrotarlos.

(*) Fue gobernador de Florida.


Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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