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El candidato presidencial republicano Donlad Trump discute su salud en el programa televisivo ‘The Dr. Oz Show’ en septiembre de 2016
Henrik Rehbinder
Opinión

Periodista, estuvo tres décadas en el diario La Opinión de Los Ángeles. Los últimos 15 años como editor de las páginas editoriales.

Hay una conexión directa entre la transparencia camino a la Casa Blanca y el actuar en la presidencia

Hay una conexión directa entre la transparencia camino a la Casa Blanca y el actuar en la presidencia

“Al igual que con sus finanzas, Trump, especialmente a su edad, jugó el tema de la salud a su manera y a su conveniencia, de manera que sigue ignorando olímpicamente la necesidad de los electores de conocer su verdadero estado de salud”.

El candidato presidencial republicano Donlad Trump discute su salud en e...
El candidato presidencial republicano Donlad Trump discute su salud en el programa televisivo ‘The Dr. Oz Show’ en septiembre de 2016


El derecho de los votantes a conocer detalles de la vida personal de los candidatos a la presidencia es un instrumento válido para tomar su decisión el próximo noviembre. La experiencia dice que hay una conexión directa entre la transparencia que demuestra una persona en su camino hacia la Casa Blanca y su manera de actuar cuando ya está en la presidencia.

El reporte del estado de salud, como sus finanzas, ya es parte de la información que se espera que provean los candidatos, más en este caso en que Hillary Clinton a los 68 años de edad y Donald Trump a los 70, son, junto con Ronald Reagan, las personas con más edad en llegar a la presidencia de Estados Unidos. La transparencia en esta área, tanto de la demócrata como del republicano, ha dejado mucho que desear en este ciclo electoral.

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Clinton actúa con la desconfianza a proveer información personal de quien lleva más de 30 años en la vida pública y cree que cuanto menos se sabe, menos vulnerable se está. Aunque con toda su experiencia todavía parece no haber aprendido que es peor cuando se descubre lo que se esconde que cuando se comunica y se controla el mensaje, ya sea con su servidor privado durante su gestión ante el Departamento de Estado o en no dar a conocer que contrajo neumonía hasta que fue imposible esconder el cuadro médico.

El problema no es si su decisión fue correcta de continuar con su agenda, pese a la aparente recomendación de su médica de tomarse un descanso. Tampoco es que la estrategia de Trump, de lanzar golpes a todo lo que ve, con la esperanza de que algo quede adherido a Clinton, se mueva con la verdad cuando dice que la demócrata no tiene la energía para la presidencia ni cuando sus acólitos dicen que el movimiento de cabeza de Hillary en una carcajada es un ataque epiléptico. Es posible que la campaña de Clinton creyó que una enfermedad virósica en este momento daba credibilidad a la falacia de Trump o que la candidata no haya querido cancelar una recaudación de fondos ni estar ausente de la ceremonia oficial del 9/11 en Nueva York.

En cambio se autoinfligió el peor daño posible porque, al esconder la enfermedad, reafirmó su talón de Aquiles que es la desconfianza que los estadounidenses tienen hacia los Clinton, de que cuando las papas queman ellos anteponen sus intereses por sobre todo lo demás. Lo bueno de esto es que este último incidente haya resultado en un mayor caudal de información sobre la salud de la candidata por parte de su campaña.

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El caso de Trump es distinto. El millonario enfrenta la exigencia de transparencia sobre su salud con el mismo desdén con que trata el derecho y la necesidad de los votantes de conocer otro aspectos de su información personal. El mejor ejemplo es su negativa a dar a conocer su declaración de impuestos como lo han hecho todos los candidatos presidenciales desde la década de los setentas. Hay muchas especulaciones sobre los motivos para esconder las finanzas de quien utiliza su éxito como empresario como punto de lanza para llegar a la Casa Blanca y declara tener 10 mil millones de dólares pero no permite que alguien lo verifique. En este caso muestra que su interés personal está por sobre toda ambición política al no querer hacer los sacrificios que se exigen de un candidato presidencial y que quiere imponer sus propias reglas de juego.

Lo mismo en cuanto a la salud. Primero Trump presentó una impresentable carta de una hoja de su médico de cabecera, escrita a las apuradas, con la escueta información de que el neoyorquino será el presidente más sano que tuvo Estados Unidos. Después de meses de burlas públicas, Trump convirtió esta semana en una hábil maniobra de campaña el segundo episodio sobre su salud.

No debe sorprender que el candidato que es una celebridad televisiva haya elegido a un médico de la televisión para que sea quien le dé el visto bueno visto de salud, al mismo tiempo que le ayudaba con el voto femenino que tanto le falta y que es la audiencia principal del programa.

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Primero se dijo que Trump iba dar el resultado de lo que dijo era equivalente a una revisión médica anual en el programa del Dr. Oz, quien ya había anticipado que no le iba a hacer al candidato ninguna pregunta que no quisiera responder. La mañana de la grabación del programa se dijo que Trump no iba a hablar de eso y ya durante la grabación “sorprendió” a todos al compartir con una falsa espontaneidad la información del papel que justo tenía en su bolsillo.

Una jugada maestra de campaña, pero el saber que su colesterol es bueno revela muy poco de su salud. Un chequeo médico equivale a una limitada fotografía del momento y nada más. No hay historial médico alguno que muestre el verdadero estado de salud quien será el presidente con mayor edad en la historia de Estados Unidos de ganar esta elección.

Al igual que con sus finanzas, Trump, especialmente a su edad, jugó el tema de la salud a su manera y a su conveniencia, de manera que sigue ignorando olímpicamente la necesidad de los electores de conocer su verdadero estado de salud.

El ejemplo de lo que debería ser lo correcto lo dio el senador republicano John McCain quien como candidato presidencial en 2008 dio acceso temporal a los medios a cerca de mil hojas de información médica personal. En esta elección nadie quiere seguir ese camino pero es un error colocar al candidato demócrata en una misma bolsa con el republicano. Hoy se sabe muchísimo más sobre la salud de Clinton que de Trump por el solo hecho de estar tantos años bajo el ojo público y en este caso, eso marca una diferencia a su favor. No tanto por su amor a la transparencia, sino por lo que saben los votantes. Y eso es lo importante.

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Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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