publicidad
Fidel Castro con el presidente Miguel de La Madrid.
Tanius Karam
Opinión

Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Fidel Castro a la luz de la contradictoria mirada mexicana

Fidel Castro a la luz de la contradictoria mirada mexicana

A su manera, cada presidente priísta intentó construir con Cuba una relación de supuesta cercanía.

Fidel Castro con el presidente Miguel de La Madrid.
Fidel Castro con el presidente Miguel de La Madrid.

En los noventa proliferó el libro de Francis Fukuyama “The End of History and the Last Man”, 1992, con respeto al presunto “fin de la historia”. Se refería a las condiciones que habían explicado el transcurso de bloques geopolíticos y de tendencias culturales durante el siglo XX. La expresión era exagerada dentro del optimismo por el arribo del paradigma de la globalización, la caída del muro de Berlín y el fin del supuesto autoritarismo político. Era la creencia en el triunfo del liberalismo democrático y el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas

Castro todavía viviría casi un cuarto de siglo más. El Comandante representa en ese sentido, como pocos hombres en el mundo y la historia del siglo XX, la densidad de esos relatos y narrativas así como su tremendo impacto allende las fronteras y las generaciones. Y aquí hay una línea más de discusión –que se suma al alud de interpretaciones devenidos desde el sábado 26–: parte de ese impacto hay que verlo sí por lo que ha pasado en la Isla, pero también por las consecuencias simbólicas, anímicas y materiales prácticamente en todo occidente. Y la manera como en otros tiempos, espacios y sujetos hablaban de Cuba, sí, pero también reinterpretaban a Cuba desde su particular situación, mezclando Cuba con la propia realidad, como lo ejemplificamos con el caso mexicano.

publicidad

Todo lo relacionado con las etapas de la revolución cubana ha sido ampliamente estudiado y comentado: los primeros años, el veto impuesto por la OEA y la siempre cantada excepción de México con respecto al bloqueo; la presencia del “Ché” en Bolivia, su muerte y mitología; los conflictos con los intelectuales del Caso Padilla de 1973; todo lo devenido a raíz del éxodo del Mariel (1980), etc. etc., hasta llegar a la caída del Muro de Berlín, el fin del socialismo real y el llamado periodo especial donde el proyecto revolucionario pasó a otro momento.

Martín Descalzo decía que cuando los de “izquierda” te dicen que eres de “derecha”, y los de “derecha” que estás en la “izquierda” es que estás en el centro. Nada más ajeno a este aforismo que el propio Fidel. Radical, extremo, intenso, siempre en las antípodas que animan afectos, ilusiones, utopías y por otra parte odios, amenazas, injurias; nunca los puntos medios o las razones equilibradas; siempre el pragmatismo, cierta frialdad, la habilidad categórica para convencer de argumentar y defender su verdad por encima de cualquier razón.

Recuerdo lo que me impactó haber leído la biografía del gran escritor Reinaldo Arenas (“Antes que anochezca”, publicada dos años después de su muerte en 1992), quien tras su impactante relato –que luego fue llevado al cine–, declara categóricamente como culpable de todos sus males a un nombre y a una persona. Pocas veces he leído con tal contundencia la declaración de odio, rechazo y crítica ontológica no contra un país o sistema, una ideología o institución, sino contra una persona, a la que responsabiliza igualmente de un conglomerado de males, agravios y situaciones.

publicidad

¿En México se piensa mucho en ti?

En el caso de México, Cuba fue algo más que un tema de política exterior o regional y se encuentra en el corazón mismo de símbolos y deseos de lo que aún hoy sigue siendo un país pobre, desigual. Tras una dubitación por parte del servicio exterior mexicano el Presidente decidió asistir a los funerales de Castro y no es para menos, ya que Castro más que un “amigo de México”, fue un amigo del PRI y del poder en turno; por ello cuando el centro-derechista PAN llegó al poder, uno de los signos de interpretación fue el distanciamiento de México con Cuba.

A su manera, los gobiernos en turno del PRI por una parte y Castro por la otra optaron por una relación de conveniencia enlazada por complementarios objetivos discursivos. A Cuba le convenía al menos un socio, más si éste era el vecino más importante de EE.UU., y a México el vínculo con Cuba para justificar por una parte su política exterior de respeto a los pueblos (aunque eso guarde distancia con la tradición política interior muy represiva), y por la otra sostener simbólicamente el respeto como valor de los regímenes progresistas. ¿Amistad’, cercanía? Ya bien se dice que en política no hay amigos sino intereses.

Ello explica la relación, el discurso y la supuesta cercanía que a su manera cada presidente priísta intentó construir con Cuba. Por ejemplo Luis Echeverría (a pesar de haber encabezado la guerra sucia en México) y sus eufemismos discursivos de seudo-izquierda; o el polémico Carlos Salinas de Gortari, abanderado del neoliberalismo regional, y campeón en violaciones de derechos humanos y políticos contra sus opositores. Ante ello Castro nunca dijo algo. Alguien sintetizó de manera dolorosa y sarcástica esta actitud, “ para qué te vas hacer amigo del ‘chofer de la casa ’ si tienes una buena relación con el dueño de la casa”. Por ello Castro desilusionó a no pocos integrantes de la izquierda y a muchos líderes sociales cuando contento y dejado de la pena asistió a la toma de un presidente que ganó por un fraude que no se pudo probar porque justamente esa elección fue la última que organizaba el mismo estado mexicano. Y no solo eso… cuando prosiguió exitosamente esa relación de conveniencia, que pasaba por encima de cualquier idealismo utópico.

publicidad

Muerto Castro inequívocamente se cierra un capítulo de la historia y ahora vendrán las condiciones para un juicio más sopesado donde las adoraciones u odios ancestrales se puedan atemperar (lo que parece difícil), y donde podamos acercarnos a los sujetos históricos de carne y hueso, con sus motivaciones y contradicciones, con sus logros y errores. Todo ello no será fácil, porque Castro nunca convocó a razones mesuradas o al diálogo pausado, sino generalmente fue la exacerbación de un lado, la reacción del otro (o viceversa), siempre con dos razones y dos interpretaciones opuestas de Cuba, América Latina y la historia que ya veremos si finalmente como dijo en 1953, lo absolverá o no.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

publicidad
Contenido Patrocinado
En alianza con:
publicidad
publicidad