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El filósofo polaco Sygmunt Bauman, fallecido en días pasados.
Tanius Karam
Opinión

Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

¿En qué se parecen la muerte de un filósofo, el “gasolinazo” en México y el trending topic #XVañosRubí?

¿En qué se parecen la muerte de un filósofo, el “gasolinazo” en México y el trending topic #XVañosRubí?

“Lo ‘líquido’ parece ser un fenómeno, si no completamente opuesto, muy distinto a esa modernidad sólida, fija, estable, donde las fronteras entre verdad y falsedad, belleza y fealdad, eran incuestionables”.

El filósofo polaco Sygmunt Bauman, fallecido en días pasados.
El filósofo polaco Sygmunt Bauman, fallecido en días pasados.

Como ejercicio reflexivo en el inicio de este año 2017 voy a relacionar tres fenómenos que al parecer nada tienen que ver entre sí, pero que al final están muy conectados (el primero explica los dos últimos).

Resumamos:

Hecho A: El pasado 9 de enero murió el filósofo de origen polaco Zygmunt Bauman, reconocido por un concepto de particular uso en humanidades y ciencias sociales, “modernidad líquida”, acuñado a finales de los noventa. Hijo del holocausto y de la guerra fría, murió a los 91 años. En los últimos años hizo declaraciones duras contra las redes sociales.

Hecho B: En los medios periodísticos mexicanos se llama “gasolinazo” a un incremento súbito del 20% en el precio de la gasolina en México. La medida generó particular molestia, al grado de que los días 4 y 5 de enero se presentaron saqueos importantes en más de 1,000 tiendas en todo el país, incluyendo tiendas de conveniencia, cadenas de supermercados y tiendas de empeño.

Días después de estos hechos comenzó a circular la versión de que los saqueos habrían sido organizados con la idea de generar más caos y desorden; se dijo que las sectas cibernéticas 100tifikos y Secta Holk habrían generado miles de tuits con el hashtag #SaqueaUnWalmart. En los los saqueos se habrían mezclado habitantes afectados y molestos por el alza del precio de la gasolina, con vándalos no precisamente preocupados por tener que pagar varios pesos más en combustible.

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Hecho C: Hace unos días publicamos en este espacio el caso (no tan extraño) de esos movimientos que se esparcen con rapidez y generan consecuencias insospechadas. Lo que debió haber sido una fiesta comunitaria con algunos cientos de asistentes en un poblado –al que antes de los hechos casi nadie conocía– devino en un evento mediático que generó un revuelo artificial de los medios.

Días después aparecieron presuntas declaraciones de la quinceañera y de su mamá en el sentido de que habrían sido amenazadas por los mismos medios; lo que nos recuerda lo que Luis Estrada denunció y parodió en su película La dictadura perfecta (2014): la intención cada vez más frecuente, sobre todo en la televisión, de inducir hechos con la idea de mantener los raitings y, en medio, hacer de la televisión no un mediador sino un actor en la promoción de aparentes soluciones en la vida de algunas personas, con estrategias de dramatización y seguimiento al mejor estilo de los reality shows.

El concepto de “modernidad líquida” se ha utilizado en muchos órdenes. Es tal vez una de las metáforas más exitosas en lo que por el momento –para no polemizar– reconocemos como posmodernidad. La dimensión líquida de la vida contemporánea se traduce en un aumento del movimiento de procesos, personas, cosas, informaciones.

Lo “líquido” parece ser un fenómeno, si no completamente opuesto, muy distinto a esa modernidad sólida, fija, estable, donde las fronteras entre verdad y falsedad, belleza y fealdad, eran incuestionables.

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En el “mundo líquido” las cosas parecen diluirse, el “tiempo líquido” parece el tiempo virtual donde el estándar de lo noticioso se rompe y cede a lo instantáneo. Una fiesta en el lugar más recóndito de México se convierte en tema de agenda en los programas de variedades nacionales, se hace central, dislocando por un momento la relación entre lo rural y lo citadino.

Ahora bien, algunas preguntas: ¿qué pasa con el caso #XVañosRubi que emana ese halo de superficialidad y falta de respeto? (al menos por la familia de esta adolescente). Y si fuera cierta la manipulación mediática, ¿qué decir de esos medios que a la menor provocación intentan capitalizar lo que pasa en las “redes sociales”, suponiendo ello les abona en lo que ahora prescinden: credibilidad, cercanía, etc. ¿Es esto una estrategia de los medios por intentar recuperar lo que sienten perdido?

¿Qué conlleva usar hechos comunes como si fueran trascendentes, importantes? Ciertamente para la familia de Rubí y la comunidad de La Joya sí lo eran, pero ¿lo pueden ser para quienes ni siquiera conocían a esas personas antes de su irrupción involuntaria en las redes?

Bauman, era escéptico de la idea del progreso occidental. En una entrevista publicada por el diario El País, hace casi un año (9 de enero 2016), dijo que una “red” no es una comunidad, es un lugar donde la gente solamente quiere sentirse mejor, porque se siente sola. La gente usa las redes no para unir o ampliar horizontes sino para reforzar su “zona de confort”, donde el único sonido es el eco de su voz.

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La fenomenología de #XVaños Rubi y de los saqueos o malestar social derivado de un incremento significativo en el precio de la gasolina en México tienen naturaleza muy distinta. Sin embargo pueden relacionarse: ambos son efectos de los grupos de interés que vehiculan y diseminan esos hechos; ambos combinan consecuencias deseadas y no deseadas; ambos mezclan necesidades sociales con oportunistas.

Los saqueos del 4 y el 5 de enero son una metáfora de un malestar social; son efecto de ese enojo que muchos mexicanos sienten con respecto al engaño del gobierno de turno con respecto a una promesa cantada de no incrementar los costos del combustible.

Ahora bien, quienes se manifestaron no fueron solamente automovilistas indignados. El columnista Sergio Aguayo propone como hipótesis una relación entre algunos lugares donde se dieron los saqueos (por ejemplo el muy conflictivo municipio de Ecatepec en la zona conurbada de la capital mexicana) y la importante presencia en esos barrios de grupos acostumbrados a ser cooptados y vender su voto, o bien a prestarse a cualquier causa que les parezca rentable.

Con #XVañosRubi y los saqueos asistimos a expresiones en cuyas dinámicas operan los “mecanismos líquidos” (con permiso de Bauman) de la explosión virtual-real: superficialidad y aceleración de la manipulación informativa, gusto irresponsable por la espectacularización de cualquier aspecto de la vida cotidiana, por una parte. Instrumentalización de la protesta, irradiación del capital social negativo en un sectores muy manipulables en medio de un malestar social justificado, por la otra.

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Scott Fitzgerarld decía que la prueba de una inteligencia superior es conservar simultáneamente dos ideas opuestas y seguir funcionando; admitir que las cosas no tienen remedio y sin embargo, estar decidido a cambiarlas ¿Será posible que en estos “tiempos líquidos” (nuevamente, con permiso de Bauman), se puede mantener algún criterio de esa inteligencia (o lo más cercano) de tal manera que observe estos hechos y no pierda la esperanza, ya no de cambiar, sino por lo menos de entender al mundo on line y offline? (y eso me recuerda un aforismo del escritor Carlos Monsiváis: o ya no entiendo lo que pasa, o ya dejó de pasar lo que entendía).

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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