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Banderas de EEUU y Cuba en un balcón de La Habana.

Elaine Díaz: ¿Dónde están los cambios en Cuba?

Elaine Díaz: ¿Dónde están los cambios en Cuba?

A un año del anuncio de la reanudación de relaciones entre Washington y La Habana, la periodista analiza los resultados

Banderas de EEUU y Cuba en un balcón de La Habana.
Banderas de EEUU y Cuba en un balcón de La Habana.


Por Elaine Díaz Rodríguez ( @elainediaz2003) desde La Habana (*)

Hay tres lugares donde los cubanos que usan frecuentemente el transporte público –o sea, cubanos de a pie, gente común– buscaron los cambios luego de que el 17 de diciembre de 2014 se restablecieran las relaciones diplomáticas con Estados Unidos: la mesa, el bolsillo, y el techo.

La jubilada, ahora ama de casa, revisa el menú habitual: pollo, salchichas, picadillo, huevos. La carne de res es demasiado cara. El pescado, difícil de conseguir. La lechuga alcanza precios astronómicos a medida que se acerca el fin de año. Las frutas disimulan los líquidos sin tasa ni control que se usan para madurarlas y la gente las compra con recelo. Nadie quiere morir de cáncer. Nadie quiere morir de hambre tampoco.

El 17 de diciembre debía haber traído una renovación en las relaciones económicas entre ambos países. Exportaciones van e importaciones vienen, o viceversa. Más pescado en la mesa, verduras baratas y frutas sin químicos. O así lo imaginaba la jubilada. Lo demás no le importaba. Quedaba para la charla entre políticos.

El campesino, que debía haber previsto que la lechuga iba a alcanzar precios astronómicos, y que las frutas no eran suficientes –por eso es fácil para el intermediario echarles líquidos y vender, vender, vender– también se imaginó importando tractores, fertilizantes, machetes con buen filo, ropa de trabajo, y botas. Ahora sí iban a llegar las botas.

Mujeres en un mercado de La Habana.
Mujeres en un mercado de La Habana.

Ya el Departamento de Comercio y el Departamento del Tesoro habían anunciado el 15 de enero que permitirían el microfinanciamiento de proyectos que beneficiaran a los negocios privados y las operaciones agrícolas.

El guajiro (campesino) no sabe mucho de política, y lo recalca, pero él creyó también que habría espacio para sus frijoles colorados en el mercado estadounidense y que con los quilitos que hiciera de las ventas podría, ahora sí, retirarse en paz.

Al dueño del Café Laurent sí que le ha ido bien con el nuevo affair cubanoamericano. No me lo dice. Yo tampoco le pregunto.

Pero basta llamar un par de veces a la semana a intentar reservar una mesa para enterarse de que el restaurante está colapsado con “esos grupos de americanos” que desembarcan en La Habana bajo una de las doce categorías aprobadas.

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Vienen dicen que a probar un poco del país que creen va a desaparecer. Hay que ser muy naive, o muy turista, para pensar que la Cuba que conocemos desaparecerá pronto. Y encima pagar las exageradas cifras que impone uno de esos paquetes dizque educativos. Pero nadie se atreve a corregirlos.

A fin de cuentas, taxistas, dueños de restaurantes y casas particulares se benefician por igual de la ingenuidad internacional. Un amigo, profesor de la Universidad de San Diego, California, me comentaba que el precio de una noche en el Capri, para dos personas, estaba rondando los 300 dólares. La industria hotelera también hace su agosto.

El sector turístico se ha beneficiado de la apertura.
El sector turístico se ha beneficiado de la apertura.


Los precios de las casas se disparan. Un apartamento en el Vedado, de tres habitaciones, vale aproximadamente 80,000 dólares. Una casa biplanta de cuatro cuartos en Santos Suárez ronda los 45,000 dólares.

“Tiene la azotea libre”, aclaran los dueños. Y un cuarto en La Habana Vieja, “con todo adentro”, lo que sea que eso signifique, anda por los 7.000 dólares.

Hay muchas razones para vender. Hay otras tantas para comprar. Están los que venden porque intuyen una burbuja inmobiliaria criolla que hay que aprovechar mientras dure. Están los que ni compran, ni venden, ni tienen tampoco donde vivir, porque la vivienda, en Cuba, continúa siendo la gran deuda social de la Revolución. Y están quienes pretenden iniciar la ruta de Ecuador con Estados Unidos como destino final.

En 60 años, las olas de migrantes cubanos que llegaron a EEUU /Univision


En julio de 2013, mientras cursaba un programa de verano en la Universidad Complutense de Madrid, justo en medio de la crisis económica, un profesor le decía a sus estudiantes de periodismo –ante la creciente falta de oportunidades profesionales en el país– que tenían tres salidas al graduarse: por aire, por mar y por tierra.

El 17D no pudo –no ha podido– contener las dos primeras en el caso de Cuba. La tercera va por cuenta de la naturaleza.

Hay tres lugares donde los cubanos que usan frecuentemente el transporte público salieron a buscar los cambios el 17 de diciembre de 2014. Y cuando no los encontraron, siguieron con sus vidas, como ha sido siempre. No hay tiempo para quejarse. Eso sí, a juzgar por la cantidad de banderas que circulan en lugares públicos –bicitaxis, almendrones, ropa, etc.– Estados Unidos ha estado muy presente en la vida cubana en 2015.

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Ahora la moda son las banderas, son el síntoma del cambio. Ya veremos el año próximo.

(*) Editora en jefe de Periodismo de Barrio. Fue profesora de la Universidad de la Habana y Nieman Fellow en la Universidad de Harvard.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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