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Imagen de la celebración de los 15 años de Rubí.
Tanius Karam
Opinión

Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

El caso Rubí ilustra a la perfección el efecto de las redes sociales en la vida cotidiana

El caso Rubí ilustra a la perfección el efecto de las redes sociales en la vida cotidiana

“Basta revisar el hashtag #XVañosRubi para ver esa reacción carnavalesca que recorre distintos matices de burla e ironía y en la cual lo que menos importa es la joven adolescente, su familia o la ahora famosa comunidad de La Joya”.

Imagen de la celebración de los 15 años de Rubí.
Imagen de la celebración de los 15 años de Rubí.

El pasado 4 de diciembre la familia Ibarra García subió a Youtube un video dirigido a los habitantes de un pequeño municipio de La Joya en la provincia de San Luis Potosí, en el centro norte de México, invitando al cumpleaños número 15 de Rubí. Azares del movimiento, la difusión y el consumo, el video no circuló solamente entre la comunidad, sino que fue “abierto”. Por ese y otros factores, el video logró una amplia difusión y generó reacciones que nos llevan en estas líneas a reflexionar sobre las dinámicas de la cultura mediática y la espectacularización de la vida cotidiana, tema que no es en absoluto nuevo y sobre el que ya reflexionaron filósofos como Guy Debord en los sesenta (La sociedad del espectáculo, 1967) o el periodista y político Furio Colombo en los setenta (La televisión, la realidad como espectáculo, 1976).

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En el video aparecen la señora Ana Elda García, la adolescente festejada Rubí, ya vestida y arreglada, y el señor Crescencio Ibarra, quien habla en todo momento. El hombre aparece con sombrero y habla de manera cordial pero enfática. La mujer apenas emite reacción alguna y solo mira a la cámara. Rubí asiente ligeramente. Estamos ante una familia tradicional. El hombre es quien hace la invitación. El destinatario es una comunidad rural que no abarca más allá de algunos cientos de personas. El mensaje de don Crescencio es directo, y remite al lugar de la fiesta y los grupos que la amenizarán; al final se refiere a la práctica local de “la chiva”, que es un premio para una carrera.

El video se viralizó y miles de personas (en todo México e incluso en el exterior) se dieron por invitados a esta fiesta. Al reconocer el impacto la familia solicitó apoyo a las autoridades locales que a su vez, dado su muy reducido número (apenas 11 integrantes) lo pidieron a otros niveles de mando con la idea de manejar lo que amenazaba ser un flujo no controlado de “invitados”, que podrían incluir desde distraídos usuarios de twitter hasta personajes “famosos” o grupos musicales que pensaron que usar este error y subirse a una “invitación” que en realidad no era abierta, supondría algo positivo para su imagen o posicionamiento momentáneo.

Días después la familia Ibarra apareció en un programa de variedades del Canal 2, “Hoy”, donde una de las entrevistadoras afirmó que el video “llegó” a la gente porque “se hizo de corazón”. Las “redes” no actúan solas y, como en este caso, el “periodismo rosa”, la “prensa de espectáculo” hizo su papel y construyó un discurso para reforzar la participación en esta especie de “carnaval” de lo efímero, suma distracción, exageración o quizá vieja tendencia a espectacularizar la vida de los otros ya estudiada por Debord y Colombo en el contexto de la “cultura de masas”.

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¿Qué significa este aparente “furor” y efervescencia por una fiesta privada de una comunidad rural? ¿Remite a lo que con Debord y Colombo o más recientemente con Vargas Llosa (La civilización del espectáculo, 2012) podríamos llamar una especie de espectacularización de la vida cotidiana? ¿A lo que el filósofo francés Gille Lipoveski califica en uno de sus muchos libros como el “imperio de lo efímero” o más recientemente la atracción por la ligereza?

En una de sus películas más recientes, To Rome with love (2012), Woody Allen construye la historia de Leopoldo Pisanello (interpretado por el famoso Roberto Beningni), hombre de clase media que descubre súbitamente que es una persona famosa. La vida común y corriente –lo que come, lo que calza– es presentada como la mayor hazaña. Con solo levantarse e ir a trabajar pasa a ser una persona famosa, con amplio reconocimiento, que incluso aparece en los noticieros prime time .

Allen, con su particular humor, hiperboliza la tendencia de los reality show: hacer dramático lo cotidiano, hacer relevante lo intrascendente, dar una visión acelerada de presencia y relevancia a lo que todo el mundo hace en su vida. Al final, y de la misma manera que llegó a la fama, esa industria escópica —de la mirada y el reconocimiento— pone su atención, de la misma arbitraria manera en que lo hiciera con Pisanello al principio de la cinta, en otra persona que continúa la dinámica cultural de distraernos con lo nimio y exacerbar lo cotidiano.

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El famoso 26 de diciembre, día de la celebración, fue inevitablemente trending topic en las redes mexicanas. El hecho sirvió, como es frecuente, para generar un flujo muy diverso de reacciones: desde lamentos por la pobreza de la cultura del espectáculo, pasando por la generación de juicios contra la mexicanidad, hasta una contraposición del vacuo incidente con lo difícil de la realidad económica nacional (aumento de precios, pesimismo por el cierre del periodo de Peña Nieto) o la situación de pobreza en el municipio La Joya.

Basta revisar en twitter el hashtag #XVañosRubi para conocer esa reacción carnavalesca que recorre distintos matices de burla e ironía y en la cual lo que menos importa es la joven adolescente, su familia o la ahora famosa comunidad de La Joya, a la que seguramente en el transcurrir de enero muchos entusiastas usuarios ya no recordarán, porque su atención se orientará al fenómeno del día.

El 27 de diciembre conocimos detalles poco gratos de la fiesta, como el fallecimiento de un participante en la famosa carrera de caballos que organizó el Sr. Ibarra, y algunos heridos más por disturbios menores. Para no hablar de los inconveniente de los automovilistas en la poca abastecida zona para cargar gasolina. Las cifras de asistentes varían. No llegaron millones de personas –como algunos llegaron a pensar–, pero sí varios miles.

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Si tomamos el tratamiento paródico que hace Woody Allen en su película, no hará falta mucho tiempo para otros “XV años de Rubí”. Podremos entonces identificar esa mirada en la que el propio Pisanello queda sorprendido y sin entender muy bien lo qué sucede, pero que le lleva a recordar que antes tenía una vida simple a la que ahora no le queda más remedio que regresar sin otro aspaviento que simplemente vivirla.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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