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Daniel Morcate: Una campaña a billetazos

Daniel Morcate: Una campaña a billetazos

El periodista advierte sobre la capacidad de los super PACs de convertir la Presidencia de EEUU en una mercancía

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Por Daniel Morcate, miembro de la unidad política de Univision Noticias

Que la actual contienda presidencial va camino de convertirse en la más costosa en la historia de Estados Unidos ya es un lugar común. Los precandidatos presidenciales y los grupos políticos que los apoyan recaudaron $837 millones solamente en 2015. Y en las primeras dos elecciones, en Iowa y Nueva Hampshire, invirtieron más de $200 millones, la mayoría en comerciales en los que atacaban a sus rivales. Algo similar ha venido sucediendo con cada una de nuestras carreras presidenciales desde hace décadas.

Menos comentado ha sido el efecto que este fenómeno está teniendo no solo en las elecciones más importantes del país sino en el manejo de nuestra cosa pública en general. Las sumas de dinero que están ingresando a la contienda son industriales y su procedencia es a menudo oscura, para decirlo por lo bajo.

Es otra manifestación preclara del empeño de un puñado de billonarios, y quienes los sirven, para dominar nuestro proceso político, es decir, imponer una visión del gobierno que concuerde no tanto con las necesidades y el bienestar de todos los norteamericanos, sino con sus intereses particulares. Su objetivo inconfeso es crear una especie de oligarquía civil en la que ellos actúan como titiriteros y el resto de nosotros como marionetas, incluidos nuestros políticos.

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Los billonarios que se han impuesto esta misión suelen justificarla con elocuentes discursos patrióticos y altruistas. Tienen, nos aseguran, las mejores intenciones de forjar una sociedad próspera en la que el gobierno se limite a mínimas labores de carpintería. Y los políticos que aceptan sus generosas dádivas niegan enfáticamente estar haciendo algo malo.

Nos recuerdan que se lo permiten las leyes cada vez más laxas de financiamientos de campaña; que necesitan la plata para comunicar con efectividad sus mensajes a las grandes masas de norteamericanos; y que esta afluencia monetaria de hecho forma parte de su “libertad de expresión”, protegida bajo la Primera Enmienda a la Constitución, según ha sentenciado una Corte Suprema dominada por jueces conservadores, algunos formados precisamente bajo la sombra de los billonarios, quienes con generosidad han contribuido a su preparación académica.

En el peor de los casos, las enormes contribuciones a las campañas presidenciales pueden corromper a los candidatos al endeudarles con benefactores que a cambio les reclamarán favores. No otra cosa es el ilegal tráfico de influencia. En el mejor de los casos, crean la apariencia de corrupción. Y en todos los casos distorsionan el proceso de electoral.

El surgimiento de los poderosos super PACs, por ejemplo, ha generado esta temporada una proliferación de candidatos artificiales y mediocres que sobreviven en la pelea principalmente por la influencia del dinero proveniente de los super PACs y de sus patrocinadores multimillonarios. Pero en una democracia saludable la longevidad de un candidato depende de su capacidad para atraer a los votantes a sus causas políticas.

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El ingreso de grandes capitales a las campañas también determina de manera impropia las prioridades de quienes aspiran a gobernarnos. Muchos donantes billonarios son enemigos declarados del gobierno porque éste los vigila y castiga por evadir impuestos, contaminar el medio ambiente, maltratar a sus trabajadores y discriminar a mujeres y minorías étnicas. Por eso venden un feroz discurso antigubernamental que compran y repiten como papagayos los políticos que reciben sus jugosas subvenciones. Son aquellos que en campaña tras campaña truenan contra las regulaciones gubernamentales, los sindicatos que defienden a los trabajadores y el exceso de impuestos; y los que se burlan con frivolidad de la preocupación por el medio ambiente.

La hemorragia de donaciones también priva a los votantes de un elemento fundamental para tomar una decisión informada a la hora de votar: conocer bien quiénes están subvencionando las campañas de los candidatos. Los votantes merecen saber de dónde procede el dinero de cada candidatura porque lo más probable es que los ganadores lleven ese bagaje con ellos a Washington. En lugar de ello, con cada ciclo electoral aumentan las contribuciones de dudosa procedencia.

En una investigación preliminar, Prensa Asociada descubrió por lo menos $4 millones provenientes de “grupos externos” a los que no pudo identificar. Numerosas entidades no lucrativas se han sumado a la pelea presidencial. Pero, por serlo, ni siquiera tienen que dar cuenta de la plata que aportan para influir sobre la contienda.

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Es verdad que el dinero que invierten los grandes intereses creados no siempre garantiza resultados. Ahí está el caso de Jeb Bush para demostrarlo. A pesar de haber recibido la mayor cantidad de contribuciones el año pasado, su campaña se ha estancado y en consecuencia ha disminuido notablemente lo que recauda. Pero a candidatos menos calificados que él les está yendo mejor, en parte, gracias al del dinero de los super PACs y unos cuantos ricachones.

Es parte de la deformación que crea la afluencia de millones, una tendencia que nos deja con la inquietante impresión de que nuestra presidencia se ha convertido en otra mercancía a la venta para unos pocos que pueden darse el lujo de comprarla.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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