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Daniel Morcate: Repudiar a Donald Trump

Daniel Morcate: Repudiar a Donald Trump

Para el periodista, la alternativa decorosa del GOP es desautorizar a Trump como su candidato

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Por Daniel Morcate @dmorca, miembro de la unidad política de Univision Noticias

Cada vez más confiado en que se le ha abierto el camino a la nominación presidencial, el atrabiliario puntero republicano, Donald Trump, está prodigando insultos a diestra y siniestra y mostrando con candor las cartas de lo que, de prosperar su candidatura, llegaría a ser una gestión neofascista.

Sigo dudando que, en una contienda general frente a un candidato demócrata, Trump pueda ganar la presidencia en noviembre. Pero notables de su Partido Republicano ya no lo ven tan claro. Y por eso están cuadrando caja con él o, por lo menos, absteniéndose de criticarle cada vez que profiere uno de esos frecuentes exabruptos que en la historia moderna de las campañas presidenciales norteamericanas ningún otro candidato se había atrevido a proferir, ni siquiera aquellos que pudieran haberse parecido en zafiedad, narcisismo y bravuconería al magnate de bienes raíces.

Los líderes republicanos deberían ser conscientes de que la candidatura de Trump está emponzoñando la democracia norteamericana, azuzando los prejuicios étnicos y xenofobia que tantos crímenes, injusticias y sufrimientos causaron en el pasado y que aún hoy frenan el progreso hacia una sociedad más habitable.

Frente a esa realidad la única alternativa decorosa que tienen los dirigentes del GOP es desautorizar a Trump como su candidato, antes de que el daño terrible que está causando repercuta no solo en su partido sino en toda la nación. La desautorización de Trump probablemente les costaría la presidencia a los republicanos, porque dividiría a los norteamericanos que hoy se inclinan a votar por el GOP. Pero la complicidad con él causaría daños irreparables al partido y a Estados Unidos internamente y a los ojos del mundo libre.

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En los últimos días de campaña, Trump ha hecho todo lo posible por ganarse el repudio de los norteamericanos decentes, incluyendo los dirigentes de su partido. Se negó a rechazar públicamente el apoyo que le dio David Duke, ex líder del Ku Klux Klan, el grupo más racista y uno de los más criminales que han existido en la historia de Estados Unidos; también se negó a distanciarse de otras facciones de “supremacistas” blancos, con la patética excusa de que tenía que “investigarlas” antes de rechazarlas; retuiteó una cita de Mussolini, el tiranuelo fascista de Italia, y luego defendió la bajeza asegurando que era “una buena cita”; en su nombre, un super PAC racista lleva a cabo bancos telefónicos en diversos estados, inclusive la Florida, exhortando a “no votar por un cubano”, en referencia a Marco Rubio y Ted Cruz; amenazó con perseguir a periódicos que lo critican como The New York Times y The Washington Post si es electo presidente; y con perseguir a empresarios, como el miamense Jeff Bezos, fundador y dueño de Amazon y actual propietario de The Washington Post, de quien afirmó: “Quiere influencia política para que Amazon se beneficie de ella. Créanme, si salgo presidente, (empresarios como él) van a tener problemas. Tendrán enormes problemas”.

Es verdad que dirigentes del Comité Nacional Republicano, entre otros, discretamente han intentado influir sobre Trump para que modere su comportamiento y discurso, desarrolle planes de gobierno y deje de vomitar odio hacia los inmigrantes hispanos, musulmanes y judíos, entre otros. También es cierto que un sector del GOP ha promovido a otros aspirantes como alternativa, incluyendo a Rubio en estos momentos. Pero nada de esto ha frenado la conducta fascistoide del multimillonario precandidato. Al contrario, las presiones partidistas han estimulado su desenfreno y la virulencia del discurso con que, como buen demagogo, ha logrado encender las pasiones más bajas y los resentimientos más corrosivos de un sector de la población.

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En reuniones privadas, líderes republicanos nos culpan a nosotros, los periodistas, por el auge que ha cobrado Trump. Y es cierto que determinados medios, como la cadena CNN, lamentablemente le han dado tribuna libre con el fin de explotar comercialmente su popularidad.

Pero muchos otros han expuesto con elocuencia y detalles su simplismo, su matonismo y su chabacanería. Culpar a los periodistas no eximirá a la dirigencia republicana de su responsabilidad de repudiar sin ambages al hombre que envenena el debate político nacional y que pretende envenenar la paz social del país entero.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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