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Carlos M. Alvarez: Cuba, la letra del año

Carlos M. Alvarez: Cuba, la letra del año

El autor considera que un pueblo que ha tenido más paciencia de la que debió tener, a estas alturas no tendría por qué desesperarse.

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Por Carlos M. Alvarez, periodista cubano ganador de la V Edición del premio internacional de crónica inédita Nuevas Plumas

En este año, de 17 de diciembre a 17 de diciembre, pasaron algunas cosas que queríamos que pasaran y otras no. Pasaron cosas que no son tan importantes pero que era necesario que pasaran para que luego sucedan las cosas que sí queremos que pasen. Cosas que cambian la vida, o que pudieran cambiarla.

En cualquier caso, cuando hayamos cambiado lo suficiente para decir que al fin cambiamos, nos percataremos de que nunca supimos cuándo sucedió. Sucede, está sucediendo, y un día, de repente, habrá sucedido.

Tenemos embajada gringa en La Habana. Hay embajada cubana en Washington. John Kerry se tomó una foto en Malecón junto a dos autos clásicos americanos, Y Kcho, el artista oficial del gobierno –cuya obra Raúl Castro se la regala al Papa Francisco y luego el Papa Francisco se la obsequia a emigrantes, creo, africanos–, ripostó con una bandera del 26 de Julio frente a la entrada de la Casa Blanca.

Gestos que no sirven para nada más que para pensarlos como símbolos. Para decir: hace un año, estos dos no se hubieran podido tomar la foto que se tomaron. Made in 2015, derechos reservados.

Después de todo, fotos es lo que más ha habido, sobre todo en La Habana. Rihanna, Katy Perry, Naomi Campbell, Mick Jagger. Que la caravana pop desembarque en nuestra islilla de moda es, para fanes y entendidos, ejemplo de que algo cambia. Pero en realidad la caravana pop desembarca porque nada ha cambiado. Cuando empecemos a cambiar, la caravana pop ya no querrá venir.

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No sabemos exactamente cuál es nuestra excepcionalidad: si la pobreza de gente que fue a la escuela y que sabe que es pobre, si el rozagante comunismo vintage, si los letreros partidistas y las caras del Che Guevara en sitios donde las malas lenguas auguran Walmart y 7-Eleven. Lo que sabemos, o debiéramos saber, es que si fuéramos algo menos excepcionales, tal vez seríamos un poco más prósperos.

Algunos van pasando de la hospitalidad al enojo. Como un complejo nacional que se les despertara. ¿Qué tanto nos miran? ¿Cuál es el exceso de simpatía? Hemos impuesto record de turistas: tres millones y medio. Anteriormente, apenas habíamos sobrepasado los dos. Un giro, sin embargo, que no contradice lo que verdaderamente hay que contradecir.

Desde hace décadas, Cuba es un país que funciona más para afuera que para adentro. Como si fuéramos un concepto. Tanto nos sacrificó el gobierno en aras de la justicia mundial que somos una abstracción. El comodín impoluto de la izquierda, el blanco predilecto de la derecha, y ahora el marco 4x4 de las celebrities. Mientras sigamos siendo la metáfora de algo, carne de cañón de frívolos y sesudos, que creen ver en nosotros cosas que ya no somos o cosas que ojalá no seamos, los cubanos debiéramos saber que nada habrá cambiado sustancialmente. Y que el verdadero cambio, el único que podría justificar su error o su acierto, es el que hagamos nosotros.

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La principal agitación social que ha ocurrido en el país es el hormigueo incesante alrededor de los parques principales de las ciudades principales para conectarse a la Wifi que generosamente el gobierno ha habilitado en estos puntos específicos. El goteo, esa migaja de derechos, es todo a la vez: ridículo, triste y gracioso. Un Estado nunca demuestra tanto cuán absoluto era como cuando decide devolver a cuentas gotas lo que te corresponde.

No creo que 2015 haya sido poco fructífero. Nunca le pedí más de lo que podía dar. Un pueblo que ha tenido más paciencia de la que debió tener, a estas alturas no tendría por qué desesperarse.

Mi mejor amigo, que vive en Miami, pudo ir a Washington y renovar desde allá su pasaporte cubano. Su padre había caído en cama en Pinar del Río, peligrosamente enfermo, y mi amigo necesitaba apresurar los trámites para el regreso. Respecto a 2014, 2015 le ahorró un par de meses y decenas de trabas burocráticas.

Hace dos días, cuatro peloteros cubanos de Grandes Ligas volvieron a su país como parte de un programa de intercambio deportivo. Es, sin asomo de dudas, nuestra noticia del año, el punto de giro que más nos estremece.

Luego los censores al uso le prohibieron a la prensa oficial hacerles preguntas a los cubanos durante la conferencia de prensa. Un despropósito indignante, pero hay que tener en cuenta que, si por esos censores fuera, estos peloteros ni hubieran venido. Estaban mordiéndose la lengua. Su acto punitivo, más que alarde de poder, es pataleo de ahorcado.

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Vendrán, o no, las reformas políticas, la apertura de derechos, el despegue económico, el rejuvenecimiento de los servicios, la reconciliación del país consigo mismo, pero por lo pronto, después de años y meses y semanas grises, el 2015 nos ha traído lo suficiente. Pequeñas victorias, fotos, misteriosas preguntas.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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