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Arturo Sarukhan: Salvar a la FIFA

Arturo Sarukhan: Salvar a la FIFA

El analista considera que tenemos una oportunidad singular y única para recuperar el fútbol organizado

Arturo Sarukhan: Salvar a la FIFA GettyImages-FIFA-Press-Conference.jpg


Por Arturo Sarukhan, consultor internacional, exdiplomático mexicano

Soy un gran fanático del futbol: un acérrimo hincha de Pumas –mi equipo de toda la vida en México– y –como hijo de madre catalana– del inimitable Barcelona. Por ello hoy evoco en esta columna a Bill Shankly, el mítico entrenador del Liverpool, equipo que adopté como mío cuando niño creciendo en Gran Bretaña. Shankly acotó que si bien para muchas personas el fútbol era un tema de vida o muerte, ¡éste era en realidad mucho más importante que eso!

La bienvenida acción del Departamento de Justicia de Estados Unidos en mayo pasado, al encausar a altos directivos de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) por corrupción y soborno –detenidos algunos en Ginebra por las autoridades suizas– vinculados en particular a las confederaciones de futbol en las Américas –la CONCACAF (Norteamérica, Centroamérica y el Caribe) y la CONMEBOL (Sudamérica)–, es a su vez mucho más que fútbol.

Se trató, en la antesala de lo que sería en ese momento una lamentable quinta reelección –posteriormente congelada– de Sepp Blatter al frente de esa organización, y de los casos subsecuentes y más recientes de corrupción y conflicto de interés al interior de la UEFA, la confederación europea, y posible lavado de dinero, una decisión que deviene en un asunto de envergadura no solo para el futbol organizado y para quienes amamos este deporte, sino también para las propias relaciones internacionales.

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De entrada hay que decirlo: no hay duda de que el hábito de la justicia estadounidense de buscar aplicar extraterritorialmente su legislación irrita –y ha irritado en el pasado– mucho y a muchos, y en ocasiones ha generado severos conflictos diplomáticos o violaciones al derecho internacional y a tratados bilaterales.

Y también es un hecho que si Estados Unidos lanza una piedra en contra de la corrupción internacional, lo hace desde una casa de cristal, ya sea por el posible involucramiento de exoficiales estadounidenses en la CONCACAF o empresas gestoras, de mercadeo y bancos de ese país en el ‘caso FIFA’.

No obstante lo anterior, me parece que la Procuradora General de Estados Unidos, Loretta Lynch, ha actuado correctamente con respecto a la FIFA. Los delitos se cometieron en suelo estadounidense (en la sede de CONCACAF en Miami), e involucran tanto a estadounidenses como a transferencias de dinero desde Estados Unidos.

La decisión además abona al paradigma de un sistema internacional de siglo XXI basado en reglas y bienes globales comunes donde la soberanía nacional no debe ser óbice para perseguir internacionalmente desde delitos de cuello blanco hasta crímenes de lesa humanidad.

Y allí sobresale el tema de la corrupción internacional, que afecta no sólo a organizaciones como FIFA y sus prácticas sino que se yergue también como un flagelo endémico para muchas naciones, particularmente en Latinoamérica y el Caribe.

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No es coincidencia que el instrumento legal utilizado por Washington en este caso sea la Foreign Corrupt Practices Act que prohíbe que una empresa de Estados Unidos o en este caso, una empresa con operaciones en suelo estadounidense, soborne.

Y tampoco lo es el hecho de que la mayoría de los directivos acusados son de naciones del continente americano, abonando con ello a las percepciones negativas que ya de por sí existen en torno a casos relevantes de corrupción a lo largo y ancho de nuestra región. Pero las acciones estadounidenses tampoco se dan en un vacío geopolítico y podrían tener secuelas.

No escapa a nadie que las acusaciones en contra de FIFA reabren el debate en torno a los Mundiales otorgados a Rusia y Qatar. Por un lado, la relación de Washington con Moscú se encuentra en su nadir desde el fin de la Guerra Fría.

Por el otro, muchos en la capital estadounidense sospechan que desde Qatar hay fundaciones e individuos que están apoyando y financiando a Hamas en Gaza o que ven con creciente preocupación el abuso a trabajadores migrantes; ONG internacionales estiman que más de 900 de ellos han muerto en Qatar desde 2012 en la construcción de la infraestructura para el Mundial 2022.

Finalmente, uno de los efectos colaterales de la decisión estadounidense podría acabar siendo un golpe de timón –y de suerte– para la diplomacia pública y la imagen de Estados Unidos en el mundo. Esta no ha sido que digamos estelar en los últimos años y ciertamente quedó magullada después de las revelaciones en torno a cómo espió Washington a otros gobiernos. La decisión de confrontar a la FIFA le ha ganado aplausos a EE.UU no sólo en los medios internacionales sino también entre millones de aficionados al fútbol en todo el mundo.

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Tomando en cuenta todo lo anterior, ¿qué se puede hacer para garantizar una gestión transparente del futbol organizado internacional y salvaguardar un deporte que mueve a millones de aficionados en todo el mundo?

El monopolio que la FIFA tiene sobre el futbol mundial le ha permitido concentrar un poder político y de mercado sumamente considerables. Ello permite que la organización pueda obtener ingresos muy importantes alrededor del mundo. En años recientes, la FIFA ha obtenido ganancias (la mayoría por medio de derechos de televisión y mercadeo) que promedian los mil millones de dólares al año, con cerca de tres mil millones adicionales cuando se trata de un año con Copa Mundial.

Ese monopolio también se refleja en la estructura y gobernanza internas autocráticas, anquilosadas y vetustas. La FIFA no contempla mandatos finitos para los miembros del comité directivo o para su presidente, lo cual explica que desde su incepción en 1904 como una organización no-gubernamental, ha tenido solamente 8 presidentes, con mandatos promedio de 13 años cada uno. Y decisiones como dónde celebrar una Copa Mundial se toman en comités selectos, pequeños y cerrados, en lugar de en el consejo general de la organización.

No cabe duda que líderes políticos alrededor del mundo, los patrocinadores oficiales de la FIFA y los medios de comunicación internacionales pueden y deben –como ya ha comenzado a ocurrir con patrocinadores y medios a partir de la investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos– hacer mucho para presionar a la FIFA y a su liderazgo a imprimir cambios de fondo al interior de la organización y en el futbol organizado alrededor del mundo.

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Estos cambios podrían consistir en una serie de modificaciones y ajustes sustanciales en su gestión y gobernanza internas y en la manera en la cual la FIFA interactúa con federaciones nacionales y con naciones, particularmente cuando se trata de los procesos para escoger una sede mundialista.

  • De entrada, la FIFA debería alentar a países sede a ahorrar recursos y modernizar infraestructura existente en lugar de promover la construcción de “elefantes blancos”; es decir, infraestructura costosa, sobre todo en la forma de estadios nuevos (proyecto favorito de muchos políticos alrededor del mundo), y que luego quedan abandonados o subutilizados y que son en muchas ocasiones detonadores de corrupción. Se deben alentar esquemas de inversión publico-privados. La contribución de la FIFA a los preparativos para un Mundial debería ser mucho mayor, particularmente en economías emergentes, y los mecanismos de repartición de ingresos deben ser revisados para incrementar la proporción que recibe la nación sede.
  • Deben licitarse los procesos mediante los cuales, por ejemplo, agencias de mercadeo y de viajes vinculadas a la FIFA monopolizan la venta de boletos para juegos de una Copa del Mundo.
  • La FIFA debería aumentar de manera dramática la transparencia y rendición de cuentas. De entrada debería sustituir su mecanismo cuasi-monopólico de proveeduría con un portal único de alta tecnología y abierto para todas las adquisiciones, con licitaciones transparentes y competitivas, eliminando asignaciones de contratos a una sola fuente por encima de cierto monto. Debería también establecer un mecanismo para formular denuncias y trabajar con organismos como la ONU y el Banco Mundial u ONG como Transparencia Internacional para instrumentar padrones que promuevan la integridad y la responsabilidad social corporativa y que bloqueen a compañías con antecedentes de corrupción en licitar ante o patrocinar a la FIFA.
  • La FIFA tendría que establecer mecanismos de divulgación del patrimonio de sus oficiales y directivos y sus familias, así como para los integrantes de federaciones nacionales de futbol.
  • Finalmente, la FIFA debería de imponer limites a los periodos en los que sirven oficiales y directivos, y limitar el número de comités en los que pueden participar representantes de federaciones nacionales. El Congreso de la FIFA debería instaurar mecanismos transparentes de votación y adjudicación de los mundiales de futbol y quitarle esas funciones y prerrogativas al comité pequeño y cerrado que toma hoy por hoy esa decisión.

La gobernanza del fútbol mundial importa y no es cosa trivial. Es un fenómeno social global, un negocio multibillonario que afecta la política y los negocios, y, como ahora se advierte, también al sistema internacional.

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La FIFA ha operado a lo largo de décadas con impunidad y opacidad y la podredumbre en su interior lleva años gestándose. No deja de ser una paradoja que fue el país benjamín del fútbol mundial, Estados Unidos, el que puso en evidencia que el emperador Blatter no tenía ropa.

Pero esas acciones no serán suficientes. Patrocinadores, federaciones nacionales y la UEFA en particular, por el peso que tiene en el fútbol mundial, deben pugnar porque la FIFA ponga en orden su gestión interna.

Javier Marías memorablemente apuntó que “el fútbol es la recuperación semanal de la infancia”. Hoy tenemos ante nosotros una oportunidad singular y única para recuperar al fútbol organizado. Si la FIFA no se refunda y reforma, hay que sacarle la tarjeta roja y expulsarla del juego.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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