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Opinion: Obama e impacto a los

Opinion: Obama e impacto a los

Una mirada a la propuesta política fiscal del candidato presidencial demócrata, Barack Obama. Por Amador Pérez.

Proposición atractiva

NUEVA YORK - Entre las medidas económicas que el Senador Barack Obama plantea poner en práctica de ser el presidente electo, se encuentra su reforma tributaria la cual propone la disminución de los impuestos a trabajadores de bajos ingresos, personas de avanzada edad, estudiantes y nuevos negocios.

Esta proposición pudiera ser sumamente atractiva al electorado hispano ya que en su mayoría se ubican en estas categorías.

Sin embargo, en una economía cuyo déficit presupuestario se acerca a los $500 mil millones, la propuesta fiscal de Obama es objeto de continuo escrutinio.

Para muchos observadores, la realidad de la situación fiscal obligaría al presidente Obama a aumentar los impuestos y a reducir los gastos.

En este sentido, para compensar por esa reducción, Obama contempla específicamente aumentar los impuestos de aquellos que ganan más de $250,000 al año, lo cual a simple vista no afectaría directamente a la inmensa mayoría de los hispanos cuyos ingresos se sitúan muy por debajo de esa cifra.

No obstante, este aumento a unos pocos incrementaría el total de los ingresos tributarios del gobierno debido al tremendo y significativo nivel de ingresos de ese 1% en la cúspide del espectro tributario cuyo ingreso per capita se sitúa en $1.6 millones.

Según el equipo de Obama su plan revitalizaría la economía y generaría $131 mil millones de nuevos ingresos que el gobierno del candidato demócrata piensa usar en mantener bajos los impuestos a los más pobres, el financiamiento del plan de seguro médico universal, así como para financiar el cuidado de niños, los bajos intereses hipotecarios y la educación entre los más pobres núcleos familiares, entre los cuales los hispanos se encuentran bien representados.

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En una economía filosóficamente orientada hacia los libres mecanismos de mercado, este intento de revivir la economía americana mediante el aumento de impuestos a los ricos y la redistribución de la riqueza entre los pobres y la clase media, de seguro encontraría no sólo opositores en el ámbito académico sino también en el congreso. Sin embargo, las expectativas de que el partido demócrata conquiste mayoría en el congreso hace políticamente factible la realización del proyecto.

Por otra parte, la solución a otros problemas económicos que afectan a los hispanos como el de los tratados de comercio, la perdida de sus casas debido a la crisis hipotecaria y los efectos de la globalización sobre los empleos son importantes, pero a mas de ser frecuentemente objeto de la manipulación retórica que caracteriza el coqueteo político con los hispanos en tiempos de elecciones, también se pueden ver en cierto sentido relacionados, algunos aún más supeditados a la política fiscal y su poderoso impacto sobre la economía. De aquí que estas consideraciones enfocadas en el aspecto fiscal de la política de Obama puede que, por otra parte, contribuyan a simplificar la intrincada madeja económica para los hispanos.

El debate ha comenzado y aún es tiempo para rectificar posiciones tanto entre los que por el lado republicano piensan que reducir los impuestos estimula el consumo, aumenta la inversión y promueve las actividades empresariales, como entre los que del lado demócrata, en el campo de Obama, miran con admiración hacia los años dorados de otro demócrata, el presidente Bill Clinton, cuyo aumento a los impuestos fue evidentemente acompañado de un crecimiento robusto de la economía y, muy importante, de la eliminación del déficit fiscal y de un balance presupuestario.

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