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Foto del 27 de enero del 2015, donde Barack Obama conversa con el rey saudí Salman bin Abdul Aziz en Riad.

Obama busca un acercamiento con Arabia Saudí al inicio de cumbre con el Golfo

Obama busca un acercamiento con Arabia Saudí al inicio de cumbre con el Golfo

El presidente recibió a los príncipes de este país, tras la cancelación de la visita del rey, para tratar de reforzar su relación en la lucha contra ISIS

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Foto del 27 de enero del 2015, donde Barack Obama conversa con el rey saudí Salman bin Abdul Aziz en Riad.

Este miércoles inició la reunión conjunta entre EEUU y los líderes de los países ribereños del Golfo Pérsico en Camp David, Maryland, en el que el presidente de Barack Obama trató de acercar posturas con Arabia Saudí, un país crítico con las negociaciones nucleares con Irán y otras políticas estadounidenses, al inicio de una cumbre regional que la Casa Blanca considera clave para reforzar sus lazos con el Golfo Pérsico.

Actualmente, las relaciones entre los países árabes ribereños del Golfo Pérsico y EEUU no atraviesan por buenos momentos, mientras crece cada vez más la influencia de Irán en los estados regionales. Por tanto, es normal que estas acciones influyan, de manera directa en las políticas de los países del Golfo Pérsico.

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Por esta razón, buscarán incrementar sus colaboraciones militares y armamentísticas con los países ribereños del Golfo Pérsico para que puedan aumentar su poder político ante Irán.

Por su parte, Aaron David Miller, un experto en Oriente Medio en el centro de estudios Wilson Center, cree que otro factor de interés es el debilitamiento de la ecuación de "intercambio de petróleo por seguridad" que está en la base de la relación entre EEUU y Arabia Saudí.

¿En qué influye el conflicto con Irán?

La tensión principal se basa en la desconfianza de Arabia Saudí con Estados Unidos porque los saudíes creen que Washington solo da un apoyo tibio a su guerra en Yemen, que es "ambivalente" respecto a la guerra civil en Siria y que sigue permitiendo la influencia iraní en el liderazgo chií de Irak.

En Siria, el gobierno y sus aliados, incluyendo Irán y el grupo chiita libanés Hezbolá, califican de "terroristas" a la oposición sunita.

En Siria, Arabia Saudí apoya a los rebeldes sunitas, mientras que Irán y Hezbolá sostienen al régimen del presidente Bashar al Assad, que es alauita, una rama del islam chiita.

"El mayor factor de tensión es la percepción saudí de que EEUU persigue una agenda centrada en Irán en la región, permitiendo que el archienemigo del reino gane influencia y prestigio", escribió Miller este martes en el diario  Wall Street Journal.

Teherán, por su parte, ha condenado enérgicamente en más de una ocasión la operación militar encabezada por Arabia Saudí contra posiciones hutíes en Yemen y aboga por una resolución del conflicto a través de un alto el fuego y el cese de la operación militar.

Irán además brinda apoyo táctico y material al Gobierno sirio, que acusa a la OTAN de proveer apoyo material a los rebeldes que luchan contra Damasco. Diversas fuentes afirman que más de 12,000 yihadistas se han colado en territorio sirio cruzando la frontera turca.

Asimismo, tanto Arabia Saudí como Irán son países que están dominados por mayorías que profesan ramas distintas del islam, y con frecuencia apoyan a sus correligionarios en los distintos conflictos de la región.

La retórica extremista, frecuente en grupos yihadistas como el Estado Islámico -que considera herejes a los chiitas- también está presente en el discurso oficial de las dos potencias regionales.

 Las expectativas de la Cumbre

Se espera que la cumbre incluya un anuncio para "integrar mejor la infraestructura de defensa antimisiles balísticos" de los países del Golfo, así como más ejercicios militares para afrontar retos de seguridad marítimos y aéreos, según adelantó el lunes Colin Kahl, un asesor del vicepresidente estadounidense, Joe Biden.

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Obama recibió a dos príncipes saudíes en la Casa Blanca horas antes de inaugurar, con una cena en la residencia presidencial, una cumbre que durará hasta mañana jueves y a la que acuden líderes de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar, Omán y Baréin.

"Estados Unidos y Arabia Saudí tienen una amistad y relación extraordinaria, que se remonta a (los lazos entre el expresidente de EEUU) Franklin Roosevelt (1993-1945) y el rey (saudí) Faisal, y seguimos construyendo esa relación durante un periodo muy difícil", aseguró Obama en declaraciones a la prensa antes de la reunión.

Pese a las expectativas por parte de Estados Unidos de llegar a un acuerdo, el rey Salman de Arabia Saudí anunció que enviaría en su lugar al príncipe heredero y ministro del Interior, Mohamed bin Nayef, y al ministro de Defensa, el príncipe Mohamed bin Salman.

Durante la reunión, Obama destacó el rol "crucial" de Arabia Saudí en el combate al Estado Islámico (EI) en Irak y Siria, y habló con ellos sobre la tregua humanitaria que entró en vigor el martes entre Arabia Saudí y los hutíes en Yemen.

Por su parte, el príncipe saudí Bin Nayef afirmó que su país da "una gran importancia a la relación estratégica" con EEUU, y aseguró que ese vínculo "sigue reforzándose y ampliándose con el tiempo".

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Obama trató de descartar la idea de que la ausencia del monarca saudí en la cumbre se deba a su falta de confianza en la política estadounidense en Oriente Medio, como han argumentado numerosos analistas.

De los seis países invitados a la cumbre con el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), cuya porción más importante tendrá lugar mañana en la residencia presidencial de Camp David (Maryland), únicamente Kuwait y Catar han enviado a sus jefes de Estado.

La Casa Blanca ha insistido en que los ministros enviados por el resto de países a la cumbre son quienes manejan las carteras de seguridad y, por tanto, los más idóneos para negociar e implementar las decisiones que se tomen en la cumbre.

No obstante, especialmente en el caso de Arabia Saudí, el país más poderoso de la región, el hecho de que el monarca no acuda a una cita que estaba pensada para los jefes de Estado es "una señal deliberada de su falta de confianza en la política estadounidense" en Irán, Siria, Irak y Yemen, según el experto Bruce Riedel.

A medida que se iba definiendo la agenda de la cumbre, fuentes saudíes fueron "sugiriendo" que al encuentro "le faltaban acuerdos sustanciales", entre ellos un tratado de defensa mutua que EEUU no está dispuesto a aceptar, de acuerdo con Riedel, un experto en el Golfo Pérsico del centro de estudios Brookings.

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"Pero los saudíes ya sabían desde hacía semanas las limitaciones que tenía Washington. Eligieron deliberadamente el último momento para cancelar el viaje del rey con el fin de enviar una señal potente", escribió el lunes Riedel en la web de Brookings.

Aaron David Miller, un experto en Oriente Medio en el centro de estudios Wilson Center, cree que es "difícil imaginar" que en la cumbre pueda anunciarse "algo sustancial" sin la participación del rey saudí.

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