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UNICEF pide ayudas para atender a millones de damnificados en el Pacífico y Asia

UNICEF pide ayudas para atender a millones de damnificados en el Pacífico y Asia

La ONU pide colaboraciones para acudir en ayuda de millones de damnificados por desastres en el Pacífico y Asia.

Condiciones precarias

Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) está pidiendo ayudas para ir en auxilio de millones de personas en el Pacífico y Asia, zonas azotadas por un maremoto, un terremoto y al menos dos ciclones que azotararon Filipinas.

La organización internacional apuntó en su página de Internet que "está respondiendo a las necesidades inmediatas de los niños y niñas afectados por la situación de emergencia producida por una sucesión de tormentas tropicales y terremotos a finales de septiembre", pero que para responder de manera adecuada necesita colaboraciones en efectivo para atender millones de necesidades.

Cientos de miles de personas, la mayoría niños, perdieron sus hogares en Sumatra, Samoa y Filipinas, y ahora viven como "desplazados en condiciones precarias", dijo la UNICEF.

Los sobrevivientes de estas tragedias requieren de la atención permanente de grupos humanitarios y gobiernos porque no tienen medios y manera de poder satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, salud, educación y vivienda, entre otras.

La organización internacional precisó que desplegó recursos y personal a las zonas devastadas "para atender las necesidades de estos niños y niñas, y para proteger sus derechos".

Número astronómico

A su vez, la ONU estimó que el número de afectados por los recientes desastres naturales bordea las 10 millones de personas y que la mayoría son niños de corta edad.

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"Ellos podrán recuperar algunas de las cosas que para ellos eran normales antes de convertirse en desplazados, sobre todo educación, agua y saneamiento, salud y protección", dijo UNICEF, pero reiteró que para dar soluciones se necesita colaboración monetaria para cumplir con los objetivos humanitarios.

Al elaborar un balance de la situación en Sumatra, la entidad señaló que menos de una semana después del terremoto de grandes dimensiones devastó la provincia indonesia, cerca de 70 mil niños volvieron a sus clases en la ciudad de Padang -severamente dañada por el seísmo- gracias al establecimiento de escuelas provisionales y suministro de materiales.

Llamado de ánimo

Luego de una llamada del gobernador de Padang para animar a los niños a que volvieran a clase cuanto antes, la organización puso en marcha las primeras 250 escuelas provisionales para proporcionar zonas de aprendizaje temporales para los niños.

"Esta es una señal importante de que los niños y niñas afectados por esta tragedia pueden recuperar la sensación de normalidad en sus vidas", dijo la representante de UNICEF en Indonesia, Angela Kearney.

"Muchos de los niños que he visto entre los escombros de Padang han expresado su miedo por el futuro, están preocupados porque puede haber nuevos temblores, por perder sus casas, y por no poder volver nunca a la escuela", añadió.

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Primer paso

El regreso a clases después de un desastre natural "es un primer paso hacia la vuelta a la tranquilidad y la seguridad", precisó la ONU.

Otras áreas en las que colabora UNICEF con el gobierno indonesio en la atención de las necesidades inmediatas de la población afectada por el terremoto son asegurar la disponibilidad de agua potable, servicios de saneamiento y suministros de higiene, proporcionar servicios de protección y espacios seguros para niños y niñas en situación de vulnerabilidad y distribuir equipos de emergencia para la atención a la primera infancia.

Crisis humanitaria

En Filipinas la situación se agrava con el paso de los días. En las últimas tres semanas dos tifones golpearon el norte del archipiélago causando muertes, daños considerables y la destrucción de zonas agrícolas.

"Más de un centenar han muerto y centenares de miles se han visto obligadas a abandonar sus hogares debido a las inundaciones en Manila, la capital, y zonas vecinas", dijo UNICEF.

Miles de personas en Manila, la capital, y en los municipios aledaños quedaron aislados por las inundaciones, primero tras el paso de la tormenta tropical Ketsana, y luego el ciclón Ondoy.

Ondoy descargó, en 12 horas, una cantidad de lluvia equivalente al total de precipitaciones correspondientes a un mes. Esas lluvias, a su vez, desencadenaron las inundaciones que ahora afectan a una cuarta parte de Manila y alrededores, además de otras 24 provincias filipinas.

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Como un tsunami

Los datos suministrados inicialmente por el Consejo nacional de coordinación de situaciones de desastre indicaron que el número de personas afectadas por Ondoy superaba el millón. El Gobierno del Filipinas, sin embargo, afirmó que los damnificados por la tormenta y las inundaciones bordean los 1.8 millones.

Marinus Hotink, Jefe de la Sección de Salud de la Oficina de UNICEF en Filipinas, dijo tras una evaluación preliminar que Ondoy fue la peor tormenta de lluvia que se recuerde en los últimos 40 años, y que "la población lo describe como un tsunami".

"En una hora, aproximadamente, las aguas subieron entre cuatro y cinco metros sobre su nivel normal, lo que significa que las viviendas ubicadas a orillas del río, los puentes... todo quedó destruido", apuntó.

Hotink añadió que las comunidades pobres que habitan varios tugurios de la zona fueron las que sufrieron los peores efectos de la inundación.

"Debido a que gran parte de los desperdicios de la región normalmente va a parar al río, después de la crecida y la retirada de las aguas toda esa basura se ha acumulado sobre los árboles y las casas, y el olor es repugnante", agregó. "Los habitantes tratan de limpiar el lodo hediondo y verterlo nuevamente en el río con cubos y con las manos".

Ayuda a desplazados

Una de las mayores preocupaciones de la ONU en materia de salud en Filipinas es la carencia de agua potable.

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Vanessa Tobin, representante de la organización en Filipinas, visitó las localidades de Taguig, Mandaluyong y Quezon, que figuran entre las zonas más afectadas por el desastre natural y dijo que estaba profundamente conmovida por el grado de devastación que habían sufrido muchas comunidades, pero que también había quedado muy emocionada ante la generosidad que demuestran los habitantes hacia sus vecinos.

Tobin apuntó que UNICEF participa activamente en las labores de suministro de socorro a las familias desplazadas.

La ONU ha distribuido botiquines médicos y de higiene, pastillas de purificación del agua, retretes portátiles y conjuntos de artículos para las familias, como mantas y jabón. "También estamos colaborando con el Gobierno y otros organismos de asistencia comunitaria para cubrir cualquier deficiencia que se produzca en materia de prestación de ayuda a los afectados", indicó Tobin.

A largo plazo

UNICEF dijo que también tomó medidas para subsanar los efectos a largo plazo del desastre natural en niños y niñas, como la amenaza a su salud que representan las inundaciones y la carencia de agua potable.

A ello se suma la preocupación que impera en la región por otras tormentas tropicales que amenazan la zona, con sus consiguientes resultados devastadores.

El viernes, las autoridades de Filipinas dijeron que permanecían en estado de alerta ante la inminente llegada del tifón Lupit, que en las últimas cambió su trayectoria en varias ocasiones, según los meteorólogos.

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A menos de 100 km

El Servicio Nacional de Meteorología indicó que Lupit, cuya fuerza será menor que el de las dos tormentas anteriores que causaron 934 muertos en el país, se encuentra a menos de 100 kilómetros de la costa de la provincia de Cagayan, al noroeste de la isla de Luzón.

El jueves en la noche el servicio de meteorología alertó en un mensaje transmitido por la televisión, de la llegada del tifón a esta provincia el viernes en horas de la mañana, pero la tormenta volvió a desviar su trayectoria y sigue sin tocar la costa.

"Después de avanzar lentamente en los dos últimos días, aceleró hacia la costa y se frenó otra vez, lo que puede retrasar su llegada a tierra entre uno y tres días más", aseguró el responsable del servicio de meteorología Nathaniel Cruz.

Lupit se ha debilitado pero aún arrastra vientos de 120 kilómetros por hora con ráfagas de hasta 150 kilómetros por hora.

Entre 15 y 20 tifones y un sinfín de temporales y sistemas de baja presión suelen pasar cada año por Filipinas durante la estación lluviosa, que transcurre entre junio y diciembre.

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