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Triste amanecer por la muerte de Arafat

Triste amanecer por la muerte de Arafat

Palestina amaneció de luto tras darse a conocer la muerte de su líder Yasser Arafat, que falleció en un hospital militar de París a los 75 años.

Instantes antes, cuando todavía no habían dado las seis de la mañana, dos Mercedes Benz negros transportando al secretario de la Presidencia, Tayeb Abdelrahim, y al ex ministro de Comunicación, Yasser Abed Rabbo, habían entrado precipitadamente en la Muqata, el cuartel general de Arafat.

En el interior del complejo, las luces se encienden, la guardia personal de Arafat se moviliza y todo se precipita.

Con pulso nervioso, Abdelrahim sostiene el papel en el que ha escrito su anuncio oficial de la muerte del dirigente y apenas consigue terminar sus palabras, sostenido por Abed Rabbo, también lloroso.

En el silencio de la noche, en medio de este complejo semidestruido por los ataques israelíes, la voz trémula de Abdelrahim rinde un sentido elogio a la figura de Arafat, "presidente", "líder" y "portador de la bandera palestina hacia un nuevo futuro".

"Arafat, que recorrió en los caminos de Jerusalén y vivió esperando convertirla un día en la capital de Palestina, está hoy mirándola y descansando cerca de Al Aqsa, llamándonos a continuar el trabajo para hacer realidad su sueño", asegura en medio del silencio total de periodistas y guardias de seguridad.

Minutos después, la noticia corre como un reguero de pólvora por la ciudad de Ramala, que recibió a Arafat durante los últimos tres años de su vida, mientras estuvo confinado por los tanques israelíes en la Muqata.

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Poco a poco se va haciendo de día y centenares de palestinos se congregan a las puertas del cuartel general del dirigente, con lágrimas en los ojos, abrazándose entre ellos sin mediar palabra y queriendo comprobar si la noticia es cierta.

A las puertas de la Muqata, la bandera palestina ondeando a media asta y el trabajo incesante de las excavadoras que preparan la tumba del dirigente les confirman que Arafat nunca volverá.

"La noticia de la muerte de Arafat me ha provocado más dolor que la de mi hermano, un mártir asesinado por los israelíes", declaraba Mussa Jatab, de 25 años, apoyado contra un muro de la Muqata, con su cuerpo envuelto en una bandera palestina.

Ante las puertas cerradas del complejo, donde la Fuerza 17, guardia presidencial, impide la entrada de los ciudadanos, un anciano se tambalea y cae desmayado de la emoción, justo debajo de una imagen de Arafat sonriente y haciendo el gesto de la victoria.

Minutos después, el imam de la Muqata, Jamis Abdeh, que todos los viernes conversaba con el dirigente antes de orar juntos, se presenta en el lugar con semblante serio. Le siguen un grupo de jóvenes 'muyahidin', con el rostro cubierto y el pañuelo palestino anudado en la cabeza.

"Arafat es más que un padre para mí. Estuve con él en Túnez y en Líbano hasta llegar aquí en 1994. Nunca traicionó a su pueblo como otros líderes árabes, él nos enseñó a luchar", explica Amin Abbasi, que trabaja en una empresa de inversiones del gobierno palestino.

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A su lado, varias mujeres lloran sentadas en el suelo, con las manos elevadas al cielo y varios posters con la imagen del 'rais' palestino mientras contemplan con indiferencia el paso interminable de vehículos oficiales que entran y salen de la Muqata.

"Creímos hasta el último momento que se recuperaría. Salió bien parado de tantos ataques que nos hizo pensar que también podría vencer la enfermedad", asegura Reenah.

Con el paso de las horas, las personas que se congregan en las puertas de este complejo gubernamental se cuentan por centenas, que se mezclan con periodistas venidos de todo el mundo. Al mismo tiempo, las fachadas de Ramala se llenan de banderas negras y arden hogueras por toda la ciudad en señal de duelo.

Los palestinos están de luto y en Ramala se espera que miles de personas acudan al entierro de Arafat en la Muqata, convertido más que nunca en un símbolo de su tenaz resistencia.

Arafat fue un musulmán sunita y será sepultado según los ritos funerarios de la ley islámica.

El cuerpo será amortajado en tela de algodón y se depositará directamente en la tierra recostado sobre el lado derecho y con la cara hacia La Meca, el principal lugar sagrado del Islam.

Según el ritual islámico, una vez constatado el deceso, los presentes prodigan elogios al fallecido para que reciba la misericordia del arcángel Gabriel cuando lo interrogue sobre su vida y creencias.

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Si antes de morir, el difunto rezó la "shahada" (profesión de fe islámica) queda a salvo de ser enviado directamente al infierno.

El segundo interrogatorio es el llamado "interrogatorio de la tumba", que se realiza en el momento de depositar el cuerpo en la tierra, lo cual debe hacerse lo antes posible.

En ese interrogatorio, minuciosamente descrito por la tradición musulmana, el difunto debe responder a las preguntas de los ángeles Munkir y Nakir. El diablo (Iblis) intenta hacerlo caer en tentación y si el fallecido lo resiste va a la Paraíso. Si no responde sin equivocarse irá al infierno.

Los rituales fúnebres islámicos son simples. El cuerpo es colocado con el rostro hacia La Meca, lavado cuidadosamente, secado y envuelto en telas blancas. El Islam reprueba el embalsamamiento, la cremación e incluso los sepulcros.

Al depositar en tierra el cuerpo, se pronuncia la "plegaria del ausente" que no es necesario que sea pronunciada por un imán.

Usualmente, sólo los hombres asisten a la inhumación. Las mujeres y los niños se alejan o se van del cementerio.

En los tres días siguientes, la familia recibe las condolencias y se rezan plegarias.

Descansará en la "perla" de Cisjordania

Ramala, "la perla de Cisjordania", como la llaman los palestinos, será la última morada del histórico dirigente, en el mismo lugar donde el Ejército israelí lo mantuvo confinado durante casi tres años.

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Situada a 16 kilómetros al norte de Jerusalén, Ramala y la ciudad gemela de El Bireh se extienden por varias colinas situadas a 900 metros sobre el mar, lo que explica su clima templado.

De mayoría cristiana en un comienzo, la población de Ramala está formada por una mezcla de cristianos y musulmanes, estos últimos ahora mayoritarios debido a un elevado índice de natalidad y a una tendencia de los cristianos a expatriarse a Estados Unidos.

Una gran parte de la población musulmana está formada por descendientes de refugiados de diferentes regiones de Palestina, que debieron salir de sus hogares durante la guerra árabe-israelí de 1948.

La ciudad de Ramala propiamente dicha tiene 40 mil habitantes pero su población global en la región llega a 220 mil con los habitantes de ochenta poblados que la rodean y que forman su aglomeración.

Es la ciudad más occidental de Cisjordania. En ella están los centros del poder palestino. La población vive esencialmente del comercio y los servicios, si bien el turismo era en el pasado una importante fuente de ingresos.

Los arbóles frutales son la principal cultura de la región y la extracción del aceite es una actividad tradicional.

Con un nivel de educación elevado, la ciudad cuenta con varios centros culturales. En su periferia se encuentra la universidad de Bir Zeit, que cuenta entre sus diplomados un gran número de intelectuales y de palestinos influyentes.

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La ciudad fue ocupada en junio de 1967 durante la guerra de los Seis Días. Es autónoma desde 1996 pero, desde el inicio de la Intifada, en septiembre de 2000, el ejército israelí que controla todos sus accesos, ha realizado varias incursiones contra ella.

En París, el servicio de salud militar francés "no tiene declaraciones que hacer" sobre las causas de la muerte de Arafat, ocurrida en la madrugada del jueves en el hospital militar Percy de Clamart, cerca de París, donde estaba internado desde hace casi dos semanas.

"No tengo declaraciones que hacer al respecto", declaró el jueves el general médico Christian Estripeau, encargado de la comunicación del servicio de sanidad de las fuerzas armadas francesas.

"No corresponde al servicio de salud de las fuerzas armadas revelas hechos que se dan a conocer a la familia", agregó.

En la mañana, delante del Hospital Percy, el general Estripeau había leído a la prensa un breve comunicado, anunciando que "el señor Yasser Arafat, presidente de la Autoridad Palestina, falleció en el hospital de instrucción de las Fuerzas Armadas Percy, en Clamart, el 11 de noviembre de 2004 a las 3:30 a.m. locales" (02:30 GMT).

Rumores contradictorios circulaban desde hace varias semanas sobre la enfermedad que padecía el presidente palestino.

Hospitalizan a un hermano de Arafat

Mientras, en El Cairo, Fathi Arafat, hermano menor del presidente palestino Yaser Arafat, se encuentra en coma en un hospital en El Cairo, sin que se haya enterado de que éste murió esta madrugada en París, informaron el jueves fuentes palestinas.

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"Cada vez que Fathi se despierta del coma, pregunta por su hermano, pero no sabe nada de su situación", precisaron.

Fathi Arafat, el presidente de la Media Luna Roja Palestina, fue ingresado hace dos semanas en el hospital egipcio del Instituto Naser tras ser trasladado desde la franja de Gaza debido al agravamiento de su enfermedad, un cáncer con metástasis en el cerebro.

"Fathi vive sus últimos días en el hospital", declaró su hijo, Tarek al periódico árabe internacional Al Sharq Al Awsat.

"Cuando hablé a principios de Ramadán (el mes sagrado musulmán) con mi tío Yaser, tenía buena salud. Le dije que mi padre preguntaba por él y me contestó que si Dios quiere, rezaremos juntos en la mezquita de Al Aksa" (en Jerusalén este), declaró a ese mismo periódico, Sanaa, la hija de Fathi.

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