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Tifón Ketsana dejó una estela de muerte y destrucción en Filipinas

Tifón Ketsana dejó una estela de muerte y destrucción en Filipinas

Tifón Ketsana dejó al menos 140 muertos y casi medio millón de damnificados en Filipinas el fin de semana.

Ayuda internacional

MANILA - La cifra de muertes por las inundaciones en Filipinas llegó a 140 mientras las cuadrillas de socorristas continuaban rescatando cadáveres de los ríos crecidos y miles de personas continuaban sin recibir víveres o servicios básicos.

El gobierno filipino solicitó ayuda internacional ante la gran escala de las inundaciones. El secretario de Defensa, Gilbert Teodoro, dijo que la ayuda de otras naciones asegurará que el gobierno filipino pueda continuar las labores de rescate, dijo The Associated Press.

La Agencia Española de Noticias ( Efe) reportó que los equipos de socorro luchaban el lunes por llevar ayuda al casi medio millón de afectados por la tormenta tropical Ketsana en el tercio norte de Filipinas.

Un total de 15 cadáveres permanecen sin identificar y la cifra definitiva de muertos probablemente raye los 200, según el Consejo Nacional para Coordinación de Desastres, la agencia que preside el ministro de Defensa, que se encarga de canalizar toda la información oficial sobre las inundaciones.

Casi medio millón

El número de desplazados creció hasta las 451,000 personas, de las que 115,990 se encuentran acogidas en 205 centros de evacuación habilitados por las autoridades.

Hay filipinos que vivieron todo el fin de semana subidos en el techo de sus viviendas casi completamente sumergidas a la espera de que apareciese ayuda.

Los equipos de rescate tienen como prioridad alcanzar a esa gente e impedir que las zonas anegadas se conviertan en caldo de cultivo de enfermedades tales como el cólera o el dengue, explicó el ministro Teodoro.

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En las operaciones de salvamento participan cinco compañías filipinas, además de 22 militares y un helicóptero estadounidenses, más de 200 vehículos entre camiones, ambulancias, furgonetas y automóviles, ocho buques y 59 zodiac que surcan algunas barriadas como si fuesen los canales venecianos, por la cantidad de agua caída.

Lluvias torrenciales

La tormenta tropical Ketsana tocó tierra durante el fin de semana y dejó 32 personas desaparecidas.

Las autoridades estaban rebasadas e intentaban verificar numerosas muertes sin confirmar, incluyendo las ocurridas en varias ciudades cercanas a Manila y en la cercana provincia de Rizas, donde unas 99 personas presuntamente murieron, acotó Teodoro.

Decenas de miles de residentes comenzaron a tratar de limpiar la zona mientras que la tormenta ya había dejado Filipinas haciendo más clara la destrucción que dejó tras de sí: comunidades cubiertas de lodo, calles con autos dispersos y enormes cantidades de habitantes sin agua, comida o electricidad.

En la ciudad de Marikina, cercana a Manila, incluso había un sofá suspendido entre cables eléctricos.

Estado de "calamidad"

El gobierno declaró un "estado de calamidad" en la zona metropolitana de Manila y 25 provincias afectadas por la lluvia, incluyendo muchas que no habían sufrido inundaciones antes, por lo que las autoridades podían hacer uso de los fondos de emergencia para ayuda y rescate.

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En menos de doce horas, Ketsana dejó caer un volumen de lluvia muy superior a la media mensual en esta época del año y batió el anterior récord, de 1967.

Manila y 25 provincias de la isla de Luzon han sido declarados estado de catástrofe por el Gobierno.

Las imágenes televisadas muestran decenas de filipinos desplazándose en botes de plástico o improvisadas balsas, entre coches abandonados y sumergidos, habitantes con el agua hasta el cuello, otros cruzan pasos de peatones con el agua por las rodillas.

Se han abierto y se anuncian al menos una docena de cuentas bancarias o teléfonos para recibir donaciones, algunos de las empresas más conocidas ya han anunciado contribuciones, y los hay que piden auxilio al "hermano americano" y dibujan un panorama aproximado a la de Katrina en Estados Unidos.

Segunda tormenta

Aunque la situación mejoró algo el lunes con el alejamiento de Ketsana, el cese momentáneo de las precipitaciones y el descenso de los niveles de agua, una depresión tropical y un sistema de baja presión se encaminan al archipiélago filipino desde el Pacífico.

"Es muy posible que uno aumente de intensidad y se transforme en tifón", advirtió el meteorólogo Nathaniel Cruz, de la Administración de Servicios Atmosféricos, Geofísicos y Astronómicos (Pagasa).

Ambos fenómenos atmosféricos tienen previsto tocar tierra pasadas 48 horas, si es que corrientes de aire impredecibles en estos momentos no los desvían hacia Taiwán.

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Todavía es pronto para calcular las pérdidas económicas por los daños del aguacero, pero la declaración del estado de catástrofe permitirá echar mano de las arcas estatales para financiar la labor de reconstrucción y las tareas de limpieza.

No estaban listos

Manila, ciudad de doce millones de habitantes en la que fue declarado el estado de catástrofe natural, fue inundada por lluvias torrenciales que cayeron durante nueve horas tras el paso de la tormenta tropical Ketsana.

El gobierno reconoció el lunes que había sido sobrepasado por la catástrofe, mientras los servicios de socorro, cuyas intervenciones son dificultadas por el lodo y el agua estancada, se esfuerzan por cumplir las tareas más urgentes.

"Nos concentramos en las enormes operaciones de socorro, pero el sistema ha sido sobrepasado, las autoridades locales han sido sobrepasadas", declaró el responsable del centro de coordinación contra desastres, Antonio Golez.

"Teníamos la costumbre de intervenir en una ciudad, en una o dos provincias, pero esta vez unas tras otras fueron pidiendo ayuda. Los medios materiales y humanos fueron repartidos de manera insuficiente", agregó.

El sábado, el nivel de las aguas alcanzó hasta seis metros en algunos lugares de la capital.

Bajo el lodo

La desolación reina ahora en varios barrios de la ciudad, cuya superficie fue cubierta en un 80 por ciento por las aguas, según la Cruz Roja. Dos días después del paso de la tormenta, algunos barrios siguen estando inundados y hay todavía habitantes bloqueados en los pisos altos de las casas, según la televisión local.

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Refugiados en campamentos improvisados, los siniestrados carecen de alimentos, de agua, de ropa, recalcaron autoridades locales.

"Esperamos la llegada de un poco más de ayuda. Tratamos de movilizar nuestros propios medios, pero necesitamos mucho más", dijo Armando Enday, intendente del pueblo de Bagong Silangan, donde se refugiaron unas 3,000 personas.

"No tenemos ni dinero ni familia. No sabemos qué hacer. Esperamos ayuda en alimentos", declaró a la AFP Edgar Halog, chófer de autobús cuya casa fue destruida.

El gimnasio donde los refugiados deben sentarse directamente en el suelo, sirve también de depósito de los féretros de once de las víctimas de la inundación.

El caos es agravado por el hecho de que los servicios de electricidad y teléfono siguen estando cortados en buena parte de la ciudad.

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