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Murió el líder palestino Yasser Arafat

Murió el líder palestino Yasser Arafat

Luego de debatirse entre la vida y la muerte por varios días, falleció en hospital de París el líder palestino Yasser Arafat. Tenía 75 años.

Se desconoce, sin embargo, las causas precisas de su muerte. El servicio de salud militar francés anunció que "no tiene declaraciones que hacer" al respecto.

Arafat, que presidía la Autoridad Palestina desde enero de 1996 y era jefe de la Organización de Liberación de la Palestina (OLP), había experimentado un brusco deterioro de salud el 28 de octubre que obligó a trasladarlo de urgencia a Francia, donde fue internado en el Hospital Militar de Percy en Clamart, a 20 kilómetros al oeste de París.

Por más de dos semanas se han informado rumores contradictorios sobre la condición del líder: se dijo de que sufrió un derrame cerebral, una infección en la sangre, complicaciones de cáncer en el sistema digestivo y, hasta que había sido envenenado por sus colaboradores. Pero estas versiones nunca fueron confirmadas.

Considerado durante mucho tiempo por la comunidad internacional como un líder terrorista, Arafat fue uno de los artífices de la Declaración de Principios de la Autonomía Palestina, firmada en septiembre de 1993 en Washington.

En esa ocasión protagonizó un histórico apretón de manos con el entonces primer ministro israelí, Yitzhak Rabin, con quien en mayo de 1994 firmó el acuerdo de Autonomía.

Ese mismo año, obtuvo el Premio Nobel de la Paz junto a Rabin y a Shimon Peres, entonces ministro de Relaciones Exteriores de Israel.

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Detalles de su vida...

Nacido en El Cairo en agosto de 1929 con el nombre de Mohamed Abdel Rauf Arafat al-Qudwa al-Husseini, a los 17 años se sumó a los grupos armados árabes que luchaban contra la creación de un Estado judío en Palestina.

Después de la creación del Estado de Israel en 1948, se refugió en Gaza y luego en Egipto, donde estudió ingeniería. Presidió la Unión de Estudiantes Palestinos de 1952 a 1956.

Luego, en 1959, viajó a Kuwait y enfrentado con el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser creó el movimiento nacionalista El Fatah, que inició la lucha armada contra Israel el 31 de diciembre de 1964.

Arafat entró en la clandestinidad con el nombre de Abú Ammar (el padre constructor) y en 1969 fue elegido presidente del Comité Ejecutivo de la Organización de Liberación de Palestina (CEOLP). En 1974, la cumbre árabe de Rabat reconoció a la OLP como "única y legítima representante del pueblo palestino".

Instalado de 1971 a 1982 en Beirut, debió abandonar la capital libanesa, que estaba sitiada por las fuerzas israelíes, y partió a refugiarse a Túnez.

Durante esos años, reforzó su autoridad gracias a su fuerte personalidad, su energía, sus métodos contundentes para imponerse a sus ocasionales adversarios y su instinto para sobrevivir a los numerosos complots políticos que debió sortear.

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Su mayor prueba de fuego fueron los combates con las fuerzas jordanas en el sangriento "Septiembre Negro" de 1970. Su derrota frente a las tropas del Rey Hussein lo obligó a refugiarse en Líbano.

En diciembre de 1988 renunció públicamente al terrorismo y reconoció el derecho de Israel a su existencia.

Aislado después de haber apoyado a Irak en la primera Guerra del Golfo Pérsico (agosto de 1990 a febrero de 1991), volvió a la escena internacional cuando aceptó un proceso de negociaciones secretas con Israel en 1993.

En 1994 regresó a los Territorios Palestinos y dos años más tarde fue elegido presidente de la Autoridad Palestina.

El asesinato de Rabin en 1995 y luego la victoria de la derecha dirigida por Benjamin Netanyahu debilitaron a Arafat en el terreno de la paz.

La situación política de Arafat se agravó después del inicio de la segunda Intifada, en septiembre de 2000, y la accesión de Ariel Sharon al cargo de primer ministro israelí, en febrero de 2001.

Desde diciembre de 2001, permaneció confinado en Ramala, sitiado por el Ejército israelí. El presidente estadounidense George W. Bush lo declaró políticamente muerto en junio de 2002.

El gabinete de seguridad israelí adoptó el 11 de septiembre de 2003 un acuerdo de principio para expulsarlo de los territorios palestinos.

Cuestionado también en su propio campo, Arafat salió victorioso de una controversia con su primer ministro, Mahmud Abbas, que renunció en septiembre de 2003, y fue reemplazado por Ahmed Qureia.

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Arafat se había casado desde 1992 con Suha Tawil y en 1995 tuvo una hija que recibió el nombre de Zahwa.

Lo que sí está claro es que Arafat, figura emblemática de los palestinos desde hace más de 40 años, pasó buena parte de su vida en la clandestinidad y el anonimato.

Arafat fue el primer dirigente palestino en salir a la luz pública - al menos parcialmente - cuando en abril de 1968 fue nombrado portavoz oficial de una organización desconocida, el Fatah, de la cual fue uno de los fundadores en los años 1950.

Durante sus años en Jordania o en El Líbano (1960-1970), entrevistarlo era generalmente un hecho fortuito, incluso después de insistentes demandas.

Después de esperarlo durante horas en un edificio del barrio palestino de Beirut, aparecía a medianoche, de repente, para denunciar los ataques israelíes contra los campamentos palestinos o para reiterar que los refugiados no renunciarían jamás a Palestina.

Varios años después, en 1987, en Bagdad, el estilo para una entrevista de Arafat no había cambiado en absoluto: dos días de espera en un hotel, y de repente, la llegada a toda velocidad de un coche repleto de guardaespaldas, un recorrido por las calles de Bagdad para llegar a una residencia.

Nueva espera antes de ver llegar a Arafat, en tenida militar y kefía, sonriendo y con la mano tendida. El té estaba ya preparado y Arafat lo mezclaba cuidadosamente con miel antes de comenzar a hablar.

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"Jamás habrá conferencia de paz sin la OLP", afirmaba resuelto.

Hasta los años 1970, sus fotos eran escasas y sólo se le veía como uno de los jefes de una pequeña guerrilla palestina de la que no se sabía mucho, pero que era recibido en Argel, en Moscú y en Pekín.

Con los enfrentamientos de 1970 con el ejército real, en Jordania, se convirtió súbitamente en un personaje de primer plano en el Medio Oriente, aunque para los periodistas seguirlo era una odisea.

Escapó a un atentado en el sur de Siria, cuando se le creía en un campamento palestino al norte del Líbano.

Perfectamente habituado a la clandestinidad, no dormía nunca dos noches en el mismo lugar o aparecía donde no se le esperaba y a una hora imprevista. Llevaba a veces la kefía, una gorra militar o incluso una chapka.

Cuando Sharon, el actual primer ministro israelí, trató de capturarlo durante el sitio de Beirut en 1982, sus métodos de clandestinidad dieron pruebas con creces de su eficacia.

Después de dos meses de acoso israelí, el 30 de agosto, los francotiradores de la Legión extranjera francesa lo evacuaron por el puerto de Beirut desde un edificio vecino que fue sometido a estrecha vigilancia de los servicios secretos israelíes.

El gran acontecimiento que habría de convertirlo en alguien frecuentable dentro de la comunidad internacional, fue su discurso ante las Naciones Unidas, el 13 de noviembre de 1974.

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Arafat apareció en la madrugada en Nueva York y se dirigió directamente a la sede de la ONU aún desierta a esas horas.

En una escena un tanto irreal se le vio caminar por los corredores del edificio internacional acompañado de cuatro personas, recién afeitado, tocado con su kefía y vestido de una chaqueta clara y un pantalón oscuro.

Visiblemente emocionado y feliz declaró a un periodista "estoy aquí por Palestina". Unas horas más tarde, declaraba ante la asamblea general: "He llegado trayendo un ramo de olivo y un fusil de revolucionario. No dejéis que el ramo de oliva caiga de mi mano".

La imagen que el mundo tiene de Arafat es la de la barba mal afeitada, su uniforme militar verde oliva y un kefía a cuadros blanco y negro sobre la cabeza. Arafat encarna desde hace 40 años el nacionalismo palestino y la resistencia a Israel.

En estas cuatro décadas decisivas para la historia de su pueblo, ese hombre que comenzó su carrera política como terrorista se convirtió, con el correr de los años, en un interlocutor a quien los principales líderes mundiales trataban como un virtual jefe de Estado.

Esa evolución fue -a la vez- el resultado de su legendaria tenacidad, una gran capacidad de maniobra política y una asombrosa "baraka" (suerte, en árabe) que le permitió escapar varias veces a la muerte.

Inmutable ante las situaciones más adversas, Arafat demostró durante toda su vida una fe inconmovible para salir de las situaciones más críticas: "Oh, montaña, el viento no te conmoverá", solía decir a sus interlocutores.

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Desde diciembre de 2001, sólo había abandonado fugazmente una sola vez la Muqata, su residencia en Ramala, asediada casi en forma permanente por las fuerzas israelíes.

Ese aislamiento le provocó una progresiva pérdida de autoridad como presidente de la Autoridad Palestina y -en forma paralela- una disminución de su salud.

El viernes 29 de octubre salió por última vez en camilla de su cuartel general para trasladarse a París con la esperanza de recobrar su salud quebrantada en un hospital francés.

Sus biógrafos podrán escribir sin exagerar que terminó su vida consumido por la pasión que puso durante 40 años en la lucha palestina.

El hombre que en 40 años de lucha hizo avanzar la causa palestina hasta casi lograr la creación de un Estado independiente, no pudo lograr -sin embargo- el mayor sueño de toda su vida: regresar al sector árabe de Jerusalén, anexado en 1967 por Israel, para orar en la mezquita Al Aqsa, tercer lugar santo del Islam.

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