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Mafalda y el pesimismo universal

Mafalda y el pesimismo universal

A 50 años del nacimiento de Mafalda, muchos europeos la creen equivalente a la clase media argentina de los 60.

A 50 años del nacimiento de Mafalda, muchos europeos tienen una percepción equivalente a la de la clase media argentina de los 60, dice un catedrático alemán que ha estudiado la obra de Quino.

¿Qué diría hoy Mafalda, al ver el surgimiento de la milicia terrorista del Estado Islámico, la pugna en el este de Ucrania o el empecinamiento con que se mantiene en carpeta el conflicto del Cercano Oriente?

Probablemente diagnosticaría que todavía no se ha encontrado una terapia efectiva para las enfermedades de este planeta. Pero muchos de sus habitantes la ven precisamente a ella, al menos, como una pincelada de bálsamo y siguen agradeciéndole a Quino que le haya dado vida hace 50 años.

El cincuentenario de Mafalda está presente en la agenda cultural de muchos países. También en Alemania ha habido mesas redondas y coloquios dedicados a la historieta. El Dr. Hartmut Nonnenmacher, profesor de literatura española, hispanoamericana y francesa en la Universidad de Friburgo en Brisgovia, conversó con DW sobre la magia de Mafalda.

¿Qué tan universal es el personaje de Mafalda? ¿Funciona también en Alemania?

Es difícil de decir. Habría que hacer un estudio empírico, también entre la gente más joven. Yo pregunto regularmente a mis estudiantes si conocen a Mafalda. Muchos efectivamente la conocen, pero de los manuales de español que tienen la tira en la versión original. Son pocos los que la leían ya desde su infancia en la versión alemana. Las primeras traducciones datan de los años 70 y las últimas, las más completas, de los 80. Desde entonces, que yo sepa, no se han hecho nuevas ediciones.

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Lógicamente Mafalda funciona mejor en los países latinoamericanos y en España que en países en los que hay que traducir las tiras. Hay algunas con juegos de palabras que son difíciles o imposibles de traducir. Recuerdo el famoso episodio donde Mafalda se encuentra con Libertad y se asombra de que sea tan pequeña; eso solo funciona en un idioma en el que Libertad puede ser al mismo tiempo un nombre femenino. Es casi imposible traducir eso al alemán. Nadie se llama Freiheit.

Pero también en alemán una tortuga podría llamarse Burocracia…

Sí. Claro que se pierde la alusión al presidente argentino de la época (Illia), que apodaban La Tortuga, pero el chiste funciona igual.

¿A qué atribuye el éxito internacional de Mafalda?

La mayoría de las tiras de Mafalda no se basa en juegos de palabras, sino que es traducible y por eso ha tenido éxito en muchos países, no solo en Europa; también hay traducciones al japonés. Creo que eso obedece también a que muchas de las tiras tratan temáticas bastante universales, como la emancipación de la mujer o la Guerra Fría, que era un fenómeno internacional por lo menos en los años 60, 70 y 80. La temática de cómo está el mundo es un leitmotiv de toda la obra. Siempre el mensaje es que el mundo va bastante mal. Y ese es un mensaje universal.

Un mensaje que además sigue siendo bastante actual…

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Hay mucho pesimismo en Mafalda. En los años 60 y 70 en Europa no estaba todavía tan presente ese pesimismo frente al futuro. Pero a partir de los 80, con la época neoliberal y las diferencias cada vez mayores entre ricos y pobres, ha crecido también un pesimismo que hace que hoy en día la sensación vital de muchos europeos equivalga a la que tenía la clase media argentina de los años 60.

Entonces ¿éste sería el momento oportuno para Mafalda en Europa?

Hasta cierto punto sí. Hay una tira que ahora debería funcionar estupendamente, por lo menos en España, que es un diálogo entre Mafalda y su madre. La madre le ordena hacer determinada cosa y Mafalda le contesta: no te tengo que obedecer, porque yo soy la presidenta. Entonces la madre responde: pero yo soy el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. En España hoy en día habría que agregar tal vez a la troika, pero eso está muy de actualidad.

¿A qué se debe que no haya pasado de moda este cómic?

Hay aspectos básicos de cómo funciona el humor. Hay un grupo de amigos y cada uno es un personaje bastante estereotipado, sobre todo Susanita y Manolito. Además Mafalda tiene esa magia de ser a la vez algo bastante sencillo y universal, y de poseer también un lado intelectual, por lo menos en muchas tiras. Es el término medio ideal entre lo que exige un esfuerzo intelectual y lo entretenido.

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¿Es comparable a algunos cómics europeos?

Si comparamos Mafalda, Ásterix y Mortadelo y Filemón, que son tres historietas que tuvieron gran éxito en Europa, la diferencia radica en que Mafalda es la más pesimista y la más política también. En contraste, en Ásterix tenemos una ligereza total; los supuestos sometidos siempre vencen a sus opresores sin ningún problema, porque tienen el brebaje mágico. Si Ásterix irradia optimismo, con Mafalda ocurre más bien lo contrario.

¿Está vigente el cómic como forma de expresión, ahora que corren los tiempos de Internet?

En los años 60, después de que la televisión se impuso como principal medio de entretenimiento, se redujo el público de los cómics, pero al mismo tiempo la historieta se volvió más intelectual. Fontanarrosa, de Argentina, es un ejemplo de esa línea. A partir de ese momento, la historieta tiene más calidad, pero se dirige a un público más pequeño. Yo diría que justo hoy en día, cuando estamos expuestos a una cultura totalmente visual y sobre todo a imágenes en movimiento, la historieta es el medio de expresión ideal para reflexionar sobre el efecto que tiene la imagen, porque la congela. Además la combina con textos, generalmente. Yo creo que está completamente vigente y produce obras de gran calidad.

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