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Desde el inicio de los ataques en Libia el 19 de marzo, la coalición no ha dado parte de ningún incidente grave en el que hubiera civiles implicados.

Los rebeldes libios huyen de Ras Lanuf

Los rebeldes libios huyen de Ras Lanuf

Hablan deprisa y el miedo se lee en sus ojos. De pronto, llegan varios vehículos con estruendo de bocinas. Frente al ejército libio, los rebeldes retomaron el miércoles su impetuosa huida hacia el este en pleno desierto.

Desde el inicio de los ataques en Libia el 19 de marzo, la coalición no...
Desde el inicio de los ataques en Libia el 19 de marzo, la coalición no ha dado parte de ningún incidente grave en el que hubiera civiles implicados.

Aliados tienen dificultades para derrocar a Gadafi

CERCA DE RAS LANUF - Hablan deprisa y el miedo se lee en sus ojos. De pronto, llegan varios vehículos con estruendo de bocinas. Frente al ejército libio, los rebeldes retomaron el miércoles su impetuosa huida hacia el este en pleno desierto.

Este miércoles por la mañana, la importante terminal petrolera de Ras Lanuf, a 200 km al este de Syrte, ha caído apenas sin combate en manos de los soldados del coronel Gadafi. Sólo ha estado tres días en manos de los insurgentes.

Al volante de su Landcruiser oculto tras el muro de una estación eléctrica, a diez kilómetros de Ras Lanuf, Abdelhami Sahti tiene las manos temblando. "Ayer por la noche estábamos en la ciudad, cerca de la refinería. Todo comenzó hacia las 07:30, nos dispararon con misiles, con obuses. Nos fuimos. Vienen rápido".

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Cinco rebeldes están montados en un 4x4. Sus caras reflejan la angustia que sienten, ahora que deben retirarse. Abdelhami Sahti, comerciante de 41 años de Bengasi, cuenta que los hombres de Gadafi "rodearon la ciudad por el desierto, y dispararon contra nuestro puesto de control. No pudimos hacer nada".

Futuro incierto

Cuatro combatientes más jóvenes se apresuran en un viejo Mazda. "¡Han tomado la refinería! Avanzan con hombres en los pick-up, muy rápido, y disparando. ¡No podemos quedarnos aquí!".

De pronto, el vehículo se cala. No queda batería. Los otros tres empujan el automóvil, que renquea y finalmente arranca.

A un lado de la carretera, unos civiles paran los pocos vehículos que se dirigen a Ras Lanuf para mostrarles la bala que han recibido en el maletero, y disuadirlos de continuar.

Veinte kilómetros atrás, se siente el pánico en un puesto de control. La gente grita, y unos jóvenes intentan subirse en marcha a un camión que apenas frena a su paso.

Ataviado con un gorro rojo, gafas de sol, deportivas y un fusil Kalashnikov, Nabil Mohamed, de 30 años, explica que va a "regresar a Bengasi" (320 km al este). "En las ciudades se puede combatir, podemos detenerlos. Pero aquí, en el desierto, es imposible. Nos masacran antes de que podamos verlos para dispararles", cuenta.

Gadafi no se rinde

Tres jóvenes pasan, echados sobre unas mantas en la parte posterior de un camión. Uno de ellos aprieta contra su pecho una pistola automática, que parece un juguete entre sus manos.

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Otro hombre de 52 años, Hamad Mansur, asegura haber pasado como oficial 14 años en el ejército regular libio antes de jubilarse.

Cuenta que los hombres de Gadafi "han recibido refuerzos de Sirte, e incluso de Trípoli. Ahora están tranquilos. Desde hace tres días no hay ataques aéreos para abrirnos la ruta.

Han comprendido que mientras no saquen tanques, los aviones franceses e ingleses no los atacarán. Para nosotros es el final. No podemos aguantar".

Apremiado por sus cuatro compañeros de retirada para que se suba al automóvil, añade: "Gadafi necesita carburante, porque no le queda. Lo que quieren es Ras Lanuf, Brega, los terminales petroleros. Las tendrán esta noche. Después se detendrá. Tal vez".

Inteligencia, pieza clave

La presencia de agentes de inteligencia y de miembros de fuerzas especiales occidentales entre los insurgentes libios, previsible según los expertos aunque desmentida oficialmente, es una de las claves del conflicto.

Oficialmente, la coalición no cuenta con hombres sobre el terreno en Libia. Pero a finales de febrero, la prensa inglesa ya hablaba de la intervención de hombres del SAS -las fuerzas especiales del ejército británico- para sacar a cientos de empleados de grandes compañías petroleras aislados en el desierto.

Desde entonces, la coalición desmiente toda implicación de agentes occidentales entre los insurgentes libios. En la Dirección General de la Seguridad Exterior (DGSE), los servicios de inteligencia franceses, se limitan a repetir la fórmula habitual: "No comentamos nuestras operaciones reales o supuestas".

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Cuestión de estrategia

Sin embargo, para los especialistas del espionaje, la presencia en tierra de agentes en este tipo de conflictos es "una constante en la historia militar".

"Dado el carácter sulfuroso de esta intervención y las críticas del mundo árabe, es muy complicado desplegar las llamadas fuerzas convencionales", destaca Pascal Le Pautremat, especialista del mundo árabe y colaborador de la revista "Défense" del Instituto de Altos Estudios de Defensa Nacional (IHEDN), con sede en París.

"Es más sensato hacer intervenir a equipos pequeños, muy discretos, que aporten su habilidad operativa en materia de instrucción, encuadramiento y orientación puramente táctica", añade.

Esos equipos tendrían entre "cinco y doce personas" y contarían con potentes sistemas de transmisión. Su objetivo sería "determinar objetivos" para permitir a los aviones de la coalición afinar sus ataques. Esos agentes infiltrados operarían de noche para calibrar el potencial de hombres y blindados de las fuerzas de Muamar Gadafi, y para aconsejar a los insurgentes o enseñarlos a manejar armas antitanques.

Dicha presencia en tierra es especialmente necesaria si se tiene en cuenta que la coalición quiere evitar pérdidas civiles.

"Cuantos más hombres haya en el terreno, menos riesgo hay de equivocarse", comenta Pascal Le Pautremat.

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Cuestión de espías

Desde el inicio de los ataques en Libia el 19 de marzo, la coalición no ha dado parte de ningún incidente grave en el que hubiera civiles implicados, al contrario de lo ocurrido en la campaña de Afganistán, donde las víctimas civiles se cuentan por centenares a menudo por falta de información.

La pregunta que se plantea es que haya espías desplegados en Bengasi, el bastión de la oposición a Gadafi en el este del país.

"En este tipo de situaciones, es de prever que todo servicio de inteligencia digno de ese nombre esté posicionado en Bengasi para ver lo que pasa allí", confía un especialista de inteligencia, que prefiere el anonimato.

Según él se trataría de agentes y militares de países de la coalición, como Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, y también de Alemania, Rusia e Israel, dotados de servicios de inteligencia muy fuertes.

"De todos modos", recuerda Pascal Le Pautremat, "hay elementos posicionados desde hace años en la región, en África occidental y central, y en la zona del Magreb, donde se libra la batalla contra AQMI (Al Qaida en el Magreb Islámico)".

Occidentales con dificultades

A pesar de crear un "grupo de contacto" sobre Libia, los occidentales que bombardean desde hace casi dos semanas objetivos militares en el país africano parecen tener dificultades para lograr una cohesión internacional clara para derribar al líder Muamar Gadafi.

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¿Exilio o no para el jefe de Estado libio, en el poder desde hace casi 40 años? ¿Ayuda militar o no para los rebeldes de Bengasi? Reparto más o menos claro de los papeles entre la "conducción política" de las operaciones militares y la dirección de éstas últimas por parte de la OTAN.

El martes, los cerca de 40 países reunidos en Londres se esforzaron en mostrar un frente unido en torno a la constatación de que "se evitó un derramamiento de sangre".

Pero en el fondo, quedan todavía varias preguntas en suspenso.

Nada está ganado

Punta de lanza de una coalición internacional de una decena de países, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña hablaron con una sola voz para decir que tras los intensos bombardeos "no hay nada ganado" y que la guerra debía "continuar (...) hasta que se alcancen los objetivos de la ONU, es decir que las poblaciones civiles ya no estén amenazadas".

Según Italia, 35 países se unieron a ellos para decir que el problema principal era el coronel Gadafi y que éste tenía que abandonar el poder, incluso si este objetivo no figura en ninguna resolución de la ONU.

La manera de lograrlo divide a los miembros del nuevo "Grupo de contacto" sobre Libia.

Algunos, como Italia y España, mencionan abiertamente la posibilidad de un exilio del jefe de Estado libio, otros hablan de que rinda cuentas ante la Corte Penal Internacional (CPI) por presuntos crímenes de guerra. Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores francés dijo esta semana que correspondía ante todo "a los libios deshacerse de él".

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Armas a los rebeldes

Para precipitar la caída del régimen y poner fin lo antes posible a operaciones aéreas onerosas en esta era de ajuste para los países más ricos del planeta, Washington inició una reflexión sobre la necesidad o no de armar a los rebeldes.

La resolución 1970 de la ONU prohíbe sin embargo "el suministro directo o indirecto, la venta y la transferencia de armas o de material conexo de todo tipo". Pero la siguiente, la 1973, prevé "todas las medidas necesarias" para proteger a los civiles.

Con el paso del testigo de todas las operaciones militares a la OTAN el jueves, la coalición de países que abrieron fuego contra las tropas de Gadafi debería lógicamente disolverse en la Alianza, posiblemente con disposiciones para los países no miembros que participan en las misiones aéreas, especialmente Qatar y Emiratos Árabes Unidos.

Los miembros de la coalición se reunieron el martes antes de la conferencia y, según fuentes francesas, deberían volverse a encontrar.

Aunque la estrategia global es ahora responsabilidad del "Grupo de contacto", la unanimidad de su veintena de miembros podría tropezar en el futuro con temas espinosos. ¿Cómo asegurar sin tropas terrestres la seguridad del envío de ayuda humanitaria que todos "quieren acelerar"? ¿Qué hacer frente a columnas de tanques que se dirigen hacia una ciudad?

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"Los objetivos seguramente no va a elegirlos el grupo de contacto, es responsabilidad de la OTAN", dijo el martes el ministro de Relaciones Exteriores francés, Alain Juppé.

Entre sus miembros figuran por ejemplo Alemania y Turquía, opuestos al uso de la fuerza.

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