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"La presión crece sobre Erdogan"

"La presión crece sobre Erdogan"

El número de víctimas por el accidente minero en  Turquía sobrepasa todos los temores iniciales y de años.

En las regiones turcas donde se explota el carbón son frecuentes los accidentes. La mayoría, sin embargo, no son registrados en el país, y ya no se diga en el extranjero. Sin embargo, la catástrofe del martes pasado en Soma, Anatolia occidental, cobró un número de víctimas sin precedente en la historia de este tipo de accidentes en Turquía. El número de muertos sobrepasa todos los temores iniciales.

No se sabe el número exacto de personas que aún se encuentran sepultadas. La cifra de sobrevivientes que esperan ser salvados, en cambio, va decreciendo, y de seguro será superada holgadamente por la de víctimas mortales.

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Como en todo siniestro de este tipo en cualquier parte del mundo, en Turquía llueven las acusaciones. Pero cada intento de sacar provecho político del dolor causado por este episodio constituye una falta de respeto. La oposición habla de una moción parlamentaria rechazada hace tres semanas por el partido gobernante AKP del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, en la cual se abordaba el tema de la seguridad en la industria minera turca. Esto en nada ayuda a los familiares de las víctimas.

Menos aminora este dolor el que se diga que el mantenimiento de las instalaciones aumentaba la presión sobre los costos de producción de cada tonelada de carbón. Que muchas deficiencias hayan sido ocultadas es tan solo un lado de la moneda. Sería importante saber en qué medida hubo sobornos, pero sobre este aspecto solo hay especulaciones.

En todo caso, la prevista candidatura de Erdogan a la presidencia de Turquía ha sufrido un golpe. Hoy no resulta tan seguro que se imponga en la primera ronda a celebrarse el 10 de agosto.

Un triunfo en segunda vuelta no sería suficiente para colmar sus aspiraciones, puesto que Erdogan se ha puesto como meta que el pueblo lo elija al primer intento. Pero incluso la victoria en la segunda vuelta no está garantizada, pues la oposición podría acordar la formación de un frente y presentar a un candidato único que plante cara a Erdogan.

Es mucho lo que no anda bien en el Estado turco. Pero cada esperanza de que Turquía abandone la senda equivocada otorga a los ciudadanos nueva energía para sobrevivir en una sociedad marcada por una creciente corrupción.

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Esto es lamentable para un país que se presentó alguna vez como potencia relevante en lo político y lo económico, y que ahora es visto por Europa como “el enfermo del Bósforo”, y es relegado a segundo plano.

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