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La débil democracia iraquí

La débil democracia iraquí

El nuevo Irak es un estado de estructuras más democráticas, pero minado por las cuotas sectarias y separatistas.

"Los chiíes han formado una alianza en la que todos los partidos

que participan tienen el mismo credo, la Alianza Unida Iraquí; los

suníes se han reunido en torno al Frente del Consenso Iraquí, y los

kurdos en la Alianza Kurda", dijo a Efe, Abdel Hamid al Yaburi,

profesor en la universidad de Tikrit.

Estos tres bloques son los que han terminado repartiéndose el

pastel del poder en el Irak post-Sadam.

Para al Yaburi, las tendencias sectarias y étnicas son

alimentadas desde dentro de estos partidos para conservar o aumentar

su cuota de poder, e inevitablemente esto conduce a las aspiraciones

separatistas, expresadas ya por chiíes y kurdos.

El último grupo en proponer de manera clara sus ambiciones

separatistas -explica el profesor- fue la Asamblea Suprema Islámica

(ASI) dirigida por Abdelaziz al Hakim y su milicia Badr.

Las aspiraciones del ASI, que aspira a un sur homogéneo chií

-desde los confines de Bagdad hasta Basora-, se suman las de los

responsables de la septentrional región autónoma del kurdistán.La ambición kurda

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Los kurdos nunca han ocultado sus ansias independentistas, pero

"la situación internacional y regional es la que les ha obligado a

postergar la realización de este sueño histórico", dijo Al Hakim,

que precisó que las exigencias kurdas de incluir la ciudad petrolera

de Kirkuk dentro de su territorio responde a un interés por

garantizarse los recursos económicos necesarios.

El pasado diciembre el Parlamento kurdo decidió, a propuesta de

la ONU, posponer seis meses el referéndum sobre la integración de

Kirkuk en el Kurdistán -previsto en un principio para antes del fin

de 2007- dado el retraso acumulado en las dos condiciones previas:

el retorno de todos los desplazados y el censo de la nueva

población.

El futuro de Kirkuk es clave tanto para árabes como para kurdos,

ya que en la región se encuentra cerca de la mitad de las reservas

petroleras del país: si los kurdos se hacen con su control, pueden

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soñar con un Estado viable, en detrimento de los árabes, que se

quedarían sin ingresos en caso de que se consume la partición de

Irak en tres entidades.

Por su parte el periodista Talib al Auda asegura que "aunque a

primera vista parece que la situación en Irak ha cambiado, sobre el

terreno lo que se observa es que todo ha sido destruido; peor aún,

la estructura social del pueblo iraquí ha cambiado y se ha asentado

en ella el sectarismo y la identidad racial en lugar de haber

resurgido el espíritu nacional".

Al Auda, que se muestra muy pesimista sobre la situación de su

país considera que "todo lo que ha ocurrido es que antes temíamos a

un dirigente y a un partido y ahora a cientos de líderes y de

partidos y a decenas de milicias y grupos armados"

"Los dirigentes que llegaron en los tanques estadounidenses son

los que ocupan los puestos más altos", mantiene Al Auda, que subraya

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que debido a la "mal construida estructura política" estos líderes

deben sus cargos a su origen religioso o étnico, por lo que sirven a

estos intereses "con el fin de permanecer en sus sillas".

Por su parte Mahmud Husein, profesor de colegio, asegura que las

disputas entre credos y etnias rivales se ha extendido también a las

sedes de las propias formaciones políticas.

Para Husein esto es una muestra de que no existe un proyecto

nacional y común que consiga aglomerar a los distintos bloques,

sobre los que priman intereses sectarios, partidistas y tribales."A la libanesa"

Ninguno de estos observadores concede mucho valor a la supuesta

mejora institucional del país, pues la implantación de un Estado con

estructuras más democráticas se está llevando a cabo con un sistema

de cuotas "a la libanesa", en el que a cada grupo o secta le

corresponde una cuota estricta según su peso demográfico, relegando

así las competencias individuales.

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Además, el hecho de que la identidad suní o chií pese tanto lleva

inevitablemente a un peso desmedido de los hombres religiosos, que

están haciendo de Irak uno de los países más intransigentes en

Oriente Medio, cuando en los años setenta era el paladín del

laicismo.

Mientras en las altas esferas continúan las irreconciliables

disputas políticas, Salem Rahif, que regenta un puesto de verduras,

se queja de que los iraquíes siguen emigrando o muriendo en

explosiones o ataques de grupos armados y de que las promesas de una

vida mejor, de acabar con el paro o de poder acceder a servicios

sanitarios siguen siendo las mismas que se escuchaban antes de que

llegara la llamada democracia.

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