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El Papa condena los "ídolos" c

El Papa condena los "ídolos" c

La prensa francesa se mostró este sábado dividida en su valoración sobre la  ornada en París del papa Benedicto XVI.

Seducidos por visita papal

La prensa francesa se mostró este sábado dividida en su valoración sobre la primera jornada en París del papa Benedicto XVI, la víspera, marcada por los discursos que pronunció en el palacio del Elíseo y en el colegio medieval de los Bernardinos.El diario Le Figaro, de talante conservador, figuraba entre los "seducidos": "apareció, como es habitual, magistral y didáctico, y en absoluto incómodo explicando a la brillante concurrencia parisina lo que la civilización europea debe al monaquismo, que inventó una concepción de la libertad para vacunarse contra lo arbitrario y el fundamentalismo".

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Liberation, de centro izquierda, hizo hincapié en lo que consideró que fue una fastuosa recepción del presidente francés Nicolas Sarkozy al Papa: "un show, uno de verdad, como le gustan a Nicolas Sarkozy. Sobre todo cuando él es la estrella junto al 'muy Santo Padre'".

El comunista L'Humanité destacó en portada que "Sarkozy y Benedicto XVI crean una religión común" al coincidir en pedir una redefinición del laicismo, una alianza que causó "viva inquietud de todos los republicanos".

El católico La Croix, se congratuló de ver que "el Papa no perdió la oportunidad de recordar a los políticos sus responsabilidades", aludiendo a la precisión papal de que corresponde al Estado legislar para erradicar las injusticias.

La prensa regional también destacó la visita. L'Est républicain, optó por la ironía al comentar las afinidades entre Sarkozy y el Papa: "Benedicto XVI encontró un aliado inesperado en la persona de un presidente ostentoso y divorciado".

Procesión de miles de antorchas

El sábado por la mañana, el Pontífice había realizado una breve visita al Instituto de Francia para, a continuación, celebrar una misa en la explanada de los Inválidos, donde se reunieron unas 260 mil personas, punto culminante de sus actividades en la capital.

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Miles de asistentes pasaron la noche en el lugar, al que llegaron procedentes de la basílica de Notre Dame, en una procesión de antorchas en la que participaron 40 mil personas.

La celebración del sábado contó con la presencia del primer ministro, François Fillon, y varios miembros de su gabinete, además de otras autoridades.

"Codicia: idolatría"

Durante la ceremonia, Benedicto XVI condenó lo que llamó los "ídolos contemporáneos" e hizo un ferviente llamado en favor de las vocaciones sacerdotales.

"La codicia insaciable es una idolatría" y "el amor al dinero es la raíz de todos los males" afirmó el Pontífice, citando a San Pablo.

"El dinero, el afan de tener, de poder e incluso de saber, ¿acaso no desvían al hombre de su fin verdadero, de su propia verdad?", planteó.

"El único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ha creado la razón y nos da la fe, proponiendo a nuestra libertad que la reciba como un don precioso. Lo que desencamina al hombre de esta perspectiva es el culto a los ídolos y la razón misma puede fabricar ídolos".

Benedicto XVI hizo también un llamado en favor de las vocaciones religiosas, que conocen un constante descenso en Francia al igual que en otros países de Europa.

Sin miedo a Cristo

"Permitidme hacer un llamamiento esperanzado a la fe y a la generosidad de los jóvenes que se plantean la cuestión de la vocación religiosa o sacerdotal", dijo el Papa en su sermón.

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"¡No tengáis miedo! ¡No tengáis miedo de dar la vida a Cristo!", lanzó a la multitud, pidiendo luego a los "jóvenes" y "no tan jóvenes" que no dejen "sin respuesta la llamada de Cristo".

Una vez terminada la ceremonia, que duró unas dos horas, el Papa se dirigió a la Nunciatura, donde almorzó con los miembros de su comitiva pontificia y los obispos de las diócesis de la región parisina.

Con la Vrigen de Lourdes

Arropado por unos 60 mil fieles, Benedicto XVI rezó a la Virgen al iniciar su primer peregrinaje a Lourdes y recorrer el camino del Jubileo, que traza la vida de la pastora Bernadette, que vio aparecer a María, según la tradición católica, hace 150 años.

Desde la terraza de la basílica del Rosario, en la entrada del santuario mariano más importante de Europa, Benedicto XVI se dirigió a los peregrinos - muchos de ellos españoles -, para compartir su fe por María evocando los encuentros de la Virgen con la pastorcilla Bernadette Soubirous en la gruta de Massabielle.

La Virgen hizo "brillar la esperanza y el amor al dar el primer puesto a los enfermos, pobres y pequeños" en Lourdes, donde se descubre "la sencillez de nuestra vocación: basta con amar", dijo el Papa en su homilía, aclamado por los fieles que le habían esperado toda la tarde bajo un tiempo inclemente.

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"¡Esta es la juventud del Papa!", "¡Benedicto, Benedicto!" coreaban al unísono centenares de jóvenes españoles en la explanada de la basílica, magníficamente iluminada por una procesión mariana de antorchas y las velas que sujetaban los fieles.

Enric Buxeres, un español de 18 años y estudiante de un colegio mayor del Opus Dei, explicó a la AFP su "ilusión por ver por primera vez al nuevo Papa", que reemplazó a Juan Pablo II tras su muerte en 2005.

"A Juan Pablo II le tenía mucho cariño y quiero saber si este Papa me comunicará" el mismo sentimiento, explicó Enric, que viajó a Lourdes con unos 15 compañeros de clase.

"Es muy emocionante, es la primera vez que vemos al Papa y que venimos a Lourdes", indicó a la AFP Judith Cortés, una mexicana residente en Madrid, que afirmó esperar que Benedicto XVI transmita en su visita un mensaje "a América Latina", puesto que hasta ahora "se ha concentrado demasiado en Europa".

"Me gustaría que se abriera un poco más", que actuara frente "a la pérdida de la fe entre los jóvenes", en especial en América Latina, que "mire más hacia nosotros", corroboró por su parte su esposo, Rodrigo Posada.

Benedicto XVI llegó el sábado por la tarde a Lourdes, a los pies de los Pirineos, procedente de París, donde efectuó su etapa más institucional de su viaje a Francia, el décimo al extranjero desde el inicio de su pontificado.

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Una visita que estremece

A bordo del 'papamóvil' y escoltado por su guardia personal, el Papa alemán recorrió primeramente las dos primeras etapas del camino del Jubileo, la Iglesia del Sagrado Corazón, donde fue bautizada Bernadette, y el Calabozo, una antigua prisión que sirvió de morada temporal a la humilde familia de la pastora.

Los peregrinos se estremecieron después al ver al Pontífice, a través de las siete pantallas gigantes instaladas, avanzar a pie hacia la pequeña gruta de Massabielle, tercera etapa del Jubileo, sobre la que María ordenó a Bernadette construir la basílica del Rosario y convertir Lourdes en un lugar de peregrinación.

Flanqueado por varios cardenales y obispos, Benedicto XVI bebió el vaso de agua procedente del manantial de la gruta, a la que popularmente se le atribuyen propiedades curativas, que le tendió una monja vestida como la pastorcilla Bernadette.

El Papa, arrodillado, oró y recitó un Ave María, evocando el "grito de esperanza" que la Inmaculada Concepción pronunció en esa gruta en 1858.

En la Pradera del santuario, justo frente a la cueva, Benedicto XVI celebrará el domingo una misa en la que se esperan unos 150 mil peregrinos, algunos de ellos enfermos que acuden a Lourdes en busca de un milagro o de un alivio a su sufrimiento.

El lunes, culminará el camino del Jubileo visitando el oratorio del hospital en el que Bernadette recibió su comunión y oficiará una misa para los enfermos, con lo que pondrá punto y final a su viaje a Francia.

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