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El halcón en la presidencia alemana

El halcón en la presidencia alemana

En Alemania, ser presidente implica equilibrar, poder conciliar pero no emitir juicios concluyentes.

En Alemania, ser presidente implica equilibrar, poder conciliar; también implica impulsar procesos y discusiones, pero no emitir juicios concluyentes. El papel del presidente federal alemán es el de un buen padre de familia. Debe estar por encima de las cosas. Debe representar, pero dejar la política práctica en manos del canciller, el gabinete y el Parlamento.

Joachim Gauck, quien como pastor protestante ya se inmiscuía en política en tiempos de la RDA, estira de tanto en tanto los estrechos márgenes de su cargo, definidos constitucionalmente. Su fulminante crítica contra Putin, ligada a una apodíctica demanda de una nueva disposición de Alemania a la defensa, es una bomba política, cuya resonancia y humareda no se disiparán tan rápidamente.

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Poco conciliador

El primer error de Gauck fue la elección del lugar y la ocasión para lanzar su reprimenda contra Rusia. El 1 de septiembre marcó hace 75 años el inicio de la II Guerra Mundial, que costó la vida a un número estimado entre 20 y 30 millones de rusos. El hecho de que probablemente muchos polacos hayan coincidido con sus palabras, no puede disculpar tal insensibilidad político-psicológica.

Ciertamente, el proceder militar de Rusia en el este de Ucrania es tan indignante como contrario al derecho internacional, pero en una fase de máximo dramatismo político y tragedia humana, el duro discurso del presidente en Gdansk no es útil, ni menos diplomático. ¿Qué diablos le pasó al pastor?

Punta de lanza de la nueva política exterior alemana

La política exterior germana se encuentra desde hace años en una especie de proceso de remodelación. Entre las numerosas figuras que a más tardar desde 2011 demandan una “nueva política exterior alemana” se cuenta también el presidente Gauck, con reiteradas declaraciones sobre un papel más activo de Alemania en el mundo, como las formuladas en la Conferencia de Seguridad de Múnich del 2014. También en el “Día de la Unidad Alemana”, el año pasado, Gauck ganó fama como adalid de política exterior con su mensaje de que “ya no se puede seguir asumiendo menos responsabilidades”.

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No son meras casualidades. Al igual que ahora, en el 75 aniversario del inicio de la guerra, el presidente siempre escoge ocasiones destacadas para demandar más fortaleza, más presencia de la política exterior alemana. Con ello favorece, de facto, el abandono de la “cultura del recato militar” de décadas.

Libertad interior

Joachim Gauck no es ciertamente un belicista. Pero su discurso de Gdanks da la impresión de que, con su dura actitud frente a Rusia y a Putin, el jefe de Estado alemán está rumiando sus experiencias de la RDA con el Gran Hermano de entonces. El que habla es más el Gauck germano-oriental que el presidente federal de todos los alemanes. Un poco demasiada libertad interior para el principal servidor del Estado.

Y todavía hay otro aspecto que considerar. De poco valen los rugidos de león ante las bravatas de Moscú, en vista de la correlación de fuerzas. ¿Qué quiere decirnos Gauck cuando aboga por “adecuar la disposición defensiva a las nuevas circunstancias”? ¿Deberíamos desempolvar los cientos de tanques Leopard 2 que están fuera de servicio desde hace años o reinstaurar el servicio militar obligatorio? Quien dice algo, debe ser consecuente. Pero ¿es eso lo que queremos?

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