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El alto precio de la soberanía en Irak

El alto precio de la soberanía en Irak

Un año después de que el Ejército de Estados Unidos traspasara la soberanía en Irak, el país sigue siendo escenario de numerosos actos violentos.

Lo único positivo ha sido la participación masiva de 8.5 millones de iraquíes en las históricas elecciones del 30 de enero y la creación de un proceso político, en un país que ha dejado de ser el Estado paria que fue durante la última década bajo el régimen de Saddam Hussein.

Sin embargo, la insurgencia continúa implacable, amenazando con hundir al país en una guerra civil. Un problema que para Washington puede significar años de una presencia militar más grande y costosa en Irak.

Bagdad mantiene relaciones diplomáticas con más de 40 países, incluidos antiguos enemigos como Irán y Kuwait, y la resolución 1546 de la ONU ha aprobado el traspaso de soberanía y ha legitimado la presencia de tropas extranjeras.

"Las divisiones son más pronunciadas que antes, la vida es dura y ha empeorado la inseguridad", estimó el político sunita Adnan Pachachi, cuya lista no ha obtenido escaños en las últimas elecciones.

Según él, los comicios han dividido a los iraquíes entre chiítas y kurdos por un lado, que votaron masivamente, y los árabes sunitas por otro, que los boicotearon, quedando marginados de la vida política.

"Desgraciadamente, en las últimas elecciones, han ganado las consideraciones confesionales, religiosas y tribales", dijo.

Pero estima que se pueden superar los desacuerdos si los sunitas, que participarán en la comisión que redactará la Constitución, son tratados como socios y si los comicios generales previstos en diciembre están abiertos a todos.

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En los últimos 12 meses, ha habido una ola de atentados contra los chiítas y un aumento alarmante de los ajustes de cuentas entre los miembros de esta comunidad y los sunitas.

"Quito mi tocado negro cuando salgo de mi barrio", confesó Hazem al-Araji, partidario del jefe chiíta radical Moqtada Sadr.

Al menos 10 mil civiles resultaron muertos en ataques desde el traspaso de poder el 28 de junio, según la entidad independiente británica Iraq Body Count (el Conteo de Cuerpos de Irak).

Araji está convencido de que el poder está en manos de Estados Unidos, con sus 140 mil soldados y asesores, sus diplomáticos y empresarios, y de que la erradicación de la violencia pasa por la fijación de un calendario para la retirada de las tropas extranjeras y la apertura de un diálogo con los grupos dispuestos a deponer las armas.El problema es que los grupos armados iraquíes "carecen de programa político o de dirigentes con los que se pueda negociar", estimó Hamed al-Bayati, viceministro de Relaciones Exteriores.

En este caluroso y sangriento verano en Irak, arden las tensiones entre diferentes grupos étnicos mientras los insurgentes continúan incrementando sus ataques en una oleada de terror que comenzó el 28 de abril, al asumir el nuevo gobierno, y los estadounidenses no dan señales de que abandonarán el país.

"La vida se ha hecho imposible en Irak", expresó el viernes Rashid al-Baldaui, mientras observaba la devastación frente a su comercio.

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"Esto va de mal en peor. La electricidad, el agua, los teléfonos no funcionan", indicó. "En cuanto a la seguridad, basta mirar a nuestro alrededor", Al-Baldaui, cuyo negocio de venta de artículos para el hogar fue dañado en explosiones registradas el jueves en la urbanización de Karradah, en Bagdad.

El actual primer ministro iraquí, Ibrahim al-Jaafari, y su predecesor, Iyad Alaui, mencionaron un diálogo con grupos armados que renuncien a la violencia pero, según los analistas, fue en vano ya que los estadounidenses se oponían.

Sigue habiendo auténticos campos de batalla en el país, como los bastiones sunitas de Al-Anbar, Nínive o Salahedin.

Por otra parte, Pachachi blande la amenaza de "la caza de brujas y los ajustes de cuentas" que pueden incrementar los conflictos.

Muchos de los miembros del gobierno de Al-Jaafari, dominado por los chiítas, insisten en la necesidad de depurar las instituciones gubernamentales de todos los elementos vinculados al antiguo régimen.

La mayoría de los iraquíes están convencidos de que Estados Unidos sigue siendo el poder detrás del trono en este país, pese a que el 28 de junio del 2004, hace casi un año, entregó la soberanía a un gobierno interino encabezado por Alaui, un político chiíta no religioso que tenía estrechos vínculos con Washington.

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Se realizó una importante elección en enero, dando a los iraquíes su primer gobierno democráticamente electo en décadas. Eso representó una gran victoria moral sobre la insurgencia.

Pero el triunfo, y la asunción el 28 de abril del gobierno de Al-Jaafari, dominado por los chiítas, no han logrado hacer avances de importancia para resolver los principales problemas de Irak: la seguridad, la delincuencia, la corrupción, el desempleo y el colapso de la infraestructura.

Un alto funcionario del gobierno, que pidió no ser identificado pues no está autorizado a hablar con periodistas, dijo que el gobierno de Al-Jaafari está virtualmente en control de la política, pero que en materia de seguridad, Estados Unidos decide.

Sin importar quién controla el gobierno, Irak es un país que muy difícilmente consiga un respiro en el futuro inmediato. Su pueblo ha sido afectado por tantas tragedias en los dos últimos años, a partir de la invasión de Estados Unidos y sus aliados, que algunos, a veces, recuerdan con nostalgia aspectos de la vida durante el régimen de Hussein.

Desde que al-Jaafari llegó a su despacho hace casi dos meses, por lo menos 1,240 personas han muerto. Más de 1,700 soldados estadounidenses han muerto desde el comienzo de la guerra en marzo del 2003.

Los soldados estadounidenses en Irak no entienden por qué sus conciudadanos cada vez apoyan menos la guerra, afirmó el lunes el jefe de las fuerzas multinacionales en ese país, general George Casey.

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El general de cuatro estrellas del Ejército de Estados Unidos dijo que se mantienen contactos con facciones insurgentes en Irak "para atraer a esta gente al proceso político", durante una entrevista en la cadena de televisión CBS.

"Cuantos más iraquíes se incorporen al proceso político y lo usen para resolver sus diferencias, mucho mejor estaremos todos", añadió.

Casey dijo que la erosión del apoyo a la guerra entre la ciudadanía estadounidense "tiene un efecto" sobre los soldados que la pelean. "Los soldados (en Irak) llevan a cabo una labor absolutamente magnífica en un contexto muy exigente", añadió.

"Y cuando los chicos que están allá escuchan que la ciudadanía no apoya la guerra, se rascan la cabeza desconcertados, porque ellos ven progresos en el terreno día a día", comentó Casey.

El general agregó que los miembros del Ejército no pueden entender qué es lo que ve la ciudadanía que la hace creer algo diferente.

Una reciente encuesta de opinión de la firma Gallup encontró que el 58 por ciento de los estadounidenses opina que el presidente George W. Bush debería iniciar la retirada de tropas de Irak.

Asimismo, miembros demócratas y republicanos del Congreso, que deben buscar su reelección en noviembre de 2006 y miran preocupados las encuestas de opinión pública, han pedido que Bush anuncie algún tipo de calendario para la salida del Ejército estadounidense de Irak.

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Tanto Bush como el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, han dicho que no habrá tal calendario y que el anuncio de un plan de salida solo daría más aliento a los insurgentes.

Casey dijo que Estados Unidos tiene en Irak el número suficiente de tropas y que "si necesitáramos más, yo las pediría".

"En este momento, no las necesitamos", afirmó. Estados Unidos tiene unos 140 mil soldados en Irak, a más de dos años de haber invadido el país con 130 mil soldados. Desde la invasión en marzo de 2003, han muerto en Irak más de 1,700 soldados estadounidenses, y algo más de 13 mil han resultados heridos.

A pesar de ello, Casey trató de mostrar una idea optimista de la situación, porque "el pueblo iraquí y la coalición siguen haciendo progresos".

Explicó que "hay una oleada de ataques, pero no está al nivel de hace un año, cuando teníamos de 800 a 900 ataques por semana. Ahora estamos en unos 450 a 500 por semana".

Según Casey, los insurgentes intensifican sus ataques "para llamar la atención de los medios de prensa".

"Tratan de propagar su mensaje de que Irak es ingobernable e inseguro cuando, en realidad, el ímpetu en Irak es más hacia la democracia que hacia el terrorismo", añadió.

Rechazo a la guerra

El apoyo a las políticas del presidente Bush en Irak cayó del 72 por ciento al 18 por ciento en una de las mayores comunidades de árabes-estadounidenses durante los últimos dos años, de acuerdo con una nueva encuesta difundida el lunes.

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El sondeo de 503 árabes-estadounidenses de Michigan, incluyendo iraquíes, mostró que el 77 por ciento considera que el manejo de Bush de la guerra en Irak es "apenas aceptable" o "malo".

Otro 18 por ciento dijo que la gestión del presidente en ese país era "excelente" o "muy buena", y un 5 por ciento estaba indeciso o no sabía, según la encuesta realizada por EPIC/MRA.

El sondeo, realizado entre el 13 y el 22 de junio, tenía un margen de error de más o menos 4.4 puntos porcentuales. Los resultados fueron publicados en las ediciones del lunes del diario Detroit Free Press.

Otra encuesta de EPIC/MRA difundida en mayo del 2003 mostró que el 72 por ciento de los iraquíes-estadounidenses del área metropolitana de Detroit aprobaba la gestión de Bush en Irak.

Entre todos los árabes- estadounidenses de la región, el 45 por ciento creía que el manejo de la guerra era positivo, mientras un 55 por ciento lo veía como negativo.

Hace algún tiempo se consideraba a los iraquíes-estadounidenses entre los mayores partidarios de Bush en la población árabe de la región de Detroit, una de las más numerosas del país.

"No están contentos con lo que está sucediendo", expresó al diario Jacob Mansour, un médico iraquí-estadounidense del área. "Parece que ha empeorado ahora".

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