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Arafat: omnipresente en las elecciones

Arafat: omnipresente en las elecciones

La imagen del fallecido líder Yasser Arafat sigue viva en vísperas de las elecciones presidenciales de la Autoridad Palestina.

Dos meses después de su muerte y en vísperas de los comicios de los que emergerá su sucesor, el nombre de Abu Ammar, como es llamado Arafat entre su pueblo, sigue resonando en Gaza y Cisjordania, asociado siempre a la resistencia y a la idea de un Estado palestino libre.

Mahmud Abas, apodado Abu Mazen, que mantuvo numerosas diferencias con el 'rais' palestino e incluso abandonó su cargo de primer ministro en 2003, no ha tenido inconvenientes en aferrarse a la imagen de Arafat en la campaña electoral que le conducirá sin dudas el próximo domingo a la presidencia de la Autoridad Palestina.

En la mayoría de los grandes carteles que se multiplican por los territorios, el candidato aparece, sonriente, junto a Arafat, en un fotomontaje impecable que tiene como fondo la cúpula dorada del Domo de la Roca, en la Explanada de las mezquitas de Jerusalén, la ciudad ansiada por los palestinos.

Autoproclamado heredero de Arafat, Abas es aclamado como lo sería el fallecido 'rais' allá por donde va por un pueblo que busca desesperadamente un nuevo líder.

"Votaré a Abu Mazen porque es la mano derecha de Arafat y dice que nos defenderá como él", asegura Julud, una joven estudiante de Naplusa (norte de Cisjordania).

Consciente del poder de Arafat sobre su pueblo, Abas fomenta esta imagen de pupilo del dirigente e incluso añadió a su indumentaria, totalmente occidental, el tradicional 'kefieh' palestino blanco y negro que tanto caracterizaba al dirigente palestino, aunque sobre los hombros y no en la cabeza.

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Las alusiones a la lucha del fallecido 'rais' no faltan en sus mítines, que comienzan normalmente con una pequeña oración o un minuto de silencio por el líder.

"El presidente Yasser Arafat se marchó pero su alma sigue entre nosotros (...) Seguiremos fieles a su herencia hasta la liberación", aseguró el futuro presidente de la Autoridad Palestina en Gaza.

En Ramala, ciudad de Cisjordania donde Arafat pasó los tres últimos años de su vida, las imágenes del 'rais' son tan abundantes como las de Abu Mazen en las calles y en los muros de la Muqata, su cuartel general en el que se encuentra su sepultura, siempre florida y frecuentada.

E incluso muerto, Arafat sigue siendo primera página de la prensa en esta recta final de la campaña electoral. Ilustraciones en periódicos locales lo dibujan como un fantasma vestido con kefieh que lo sigue observando todo.

Tal vez por ello, en los bastiones de la resistencia palestina, Abu Mazen resucita las piedras angulares de la vida del 'rais': creación de un Estado palestino con Jerusalén como capital, fin de la ocupación y del muro de separación en Cisjordania, derecho al retorno para los refugiados, fin de los asesinatos de activistas por parte de Israel y liberación de los presos que están cárceles del Estado hebreo.

¿Pura campaña o profundo convencimiento? Hay opiniones para todos los gustos.

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"No creo que Abu Mazen crea en todo lo que dice. Yo, personalmente, lo veo muy inferior a Arafat en carisma y en valentía pero voy a votarle porque es el único que puede sentarse a negociar con Israel, nos guste o no", explica Noaman Mashayj, imam de una pequeña mezquita de Naplusa.

"Sólo esperamos que Abu Mazen entienda nuestro sufrimiento como lo entendía Arafat. Queremos pensar que son un sólo hombre", afirma una refugiada palestina mientras muestra al mismo tiempo una fotografía de Arafat y otra de su hijo preso en Israel durante un mitin de Abu Mazen en Cisjordania.

Lo cierto es que miles de palestinos que viven en Jerusalén-este votarán el domingo para elegir a su nuevo presidente, vigilados de cerca por las fuerzas de seguridad israelíes y supervisados por cientos de observadores internacionales, con la "intención de mostrar al mundo que la ciudad también les pertenece".

"Votar en Jerusalén es importante y simbólico porque queremos decir al mundo que somos palestinos, vivimos aquí y ésta será un día nuestra capital. No daremos a Israel la oportunidad de decir que esta ciudad les pertenece", declaró a la Agence France Presse Ahmad Fadel Tahboub, a las puertas de la oficina de correos de la calle Salah el Din, donde depositará su voto el domingo.

Nacido en Jerusalén hace 58 años, este palestino miembro del Foro Paz y Democracia, que busca un entendimiento con los responsables israelíes, admite que muchos de sus vecinos y amigos no tendrán el valor de acercarse hasta las oficinas de voto "por miedo a los militares y policías israelíes que vigilarán el lugar".

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Tahboub señala con el dedo la puerta de al lado de la oficina de correos, donde se sitúa de forma permanente un puesto de policía israelí con la bandera blanca y azul y la estrella de David ondeando en su tejado.

"Confiamos sobre todo en los observadores internacionales porque sabemos que los colonos israelíes vendrán hasta aquí con la intención de colapsar la oficina e impedirnos votar", corrobora a su lado Lutfi Daoud, un jubilado de 68 años que también pretende ejercer su derecho al voto.

Los palestinos sueñan con convertir un día Jerusalén, tercera ciudad santa según el Islam, en la capital de un Estado independiente mientras que Israel la considera su "capital indivisible".

La comunidad internacional no ha reconocido la ocupación y anexión israelí de la parte oriental de la ciudad en 1967.

En total, casi 250 mil palestinos viven en Jerusalén-este de los cuales tienen derecho a votar unos 120 mil.

Presionado internacionalmente, el gobierno de Israel se comprometió a autorizar los comicios en esta parte de la ciudad pero las cinco oficinas de correos de Jerusalén-este acondicionadas para recibir papeletas de voto sólo podrán acoger unas 6 mil personas, según la Comisión Electoral Central (CEC).

"No serán comicios justos, transparentes y libres", afirmaron los responsables del organismo.

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La otra opción para los habitantes de Jerusalén-este será votar en cualquiera de las oficinas repartidas por Cisjordania, algunas de ellas muy cerca de la ciudad santa.

"Tengo miedo de que haya problemas pero al mismo tiempo quiero participar como una ciudadana más, así que votaré en Al Ram (ciudad cisjordana cercana a Ramala), donde vive parte de mi familia", explica Noor, una joven madre de familia palestina residente en Jerusalén-este.

Desencantados con estas elecciones que se llevan a cabo "bajo la ocupación", muchos habitantes de la ciudad santa han decidido seguir la iniciativa de los grupos radicales Hamas y Yihad islámica y no participarán en estos comicios.

"Esto no es democracia. ¿Qué más da que gane uno u otro? Estas elecciones son una farsa", asegura Mohamad Al Touri, un estudiante de Informática de 21 años.

A su lado Daoud intenta convencerle para ejercer su derecho. "No votamos desde hace nueve años. Las elecciones son el primer paso hacia la democracia, la forma de decir que no queremos seguir viviendo así y la oportunidad de recuperar poco a poco Jerusalén", le recuerda, frente a la puerta de Damasco de la ciudad vieja.

Como la mayoría de los palestinos, Daoud votará por el gran favorito, Mahmud Abas, candidato del Partido Fatah, al que pertenecía Arafat.

"No es el mejor líder al que podemos aspirar pero es el hombre adecuado para los tiempos que corren, el único que puede empujar las conversaciones de paz", asegura.

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Pero el joven Mohamad se mantiene firme. "No votaré pero le aseguro que si cuando Abas sea presidente firma algún acuerdo que Arafat no firmaría, estará bajo tierra media hora después", concluye.

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