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Tristeza y dolor en Tabasco

Tristeza y dolor en Tabasco

Los habitantes de Villahermosa, que son conocidos en todo el país por su alegría, ahora están tristes por las inundaciones.

Sobreviviendo en la ciudad

VILLAHERMOSA, Tabasco - Los habitantes de Villahermosa, que son conocidos en todo el país por su alegría, ahora están tristes.

Tabasco pide ayuda

Unvision ha puesto en funcionamiento una línea gratuita de teléfono para que la gente haga sus donaciones en el marco de este esfuerzo solidario.

La línea es operada por personal bilingüe de la Cruz Roja: 1(800) 842-2200

Durante el día se afanan en trasladarse en busca de alimentos, para trabajar o hacia sus casas y es entonces cuando utilizan todas sus energías en ello. Cruzando por medio de cuerdas los nuevos ríos en que se han convertido las calles de su ciudad, sus rostros enrojecen con el esfuerzo. En cuanto llegan a una orilla, o se pueden subir a un techo, su mirada baja hacia el agua y se vuelve melancólica.

En una conocida canción, se menciona que Tabasco es un edén, una metáfora basada en su abundancia de agua. Un tercio del agua dulce de México está en su territorio.

Ahora el agua dulce se ha mezclado con la del mar y con la que ha sido desfogada de las presas de las partes altas de Chiapas y se asienta, fuera de su cauce natural, sobre los campos y las ciudades del estado.

Las advertencias

Jesús, un taxista que no ha dejado de dar servicio durante esta crisis, señala que mucha gente no hizo caso a las advertencias.

“Yo mudé mis cosas a casa de un pariente desde hace una semana, pero mis vecinos se quedaron y ahora no pueden salir”. Asegura que brigadas del gobierno local le pedían a la gente que se retirara a zonas más altas. Sin embargo, nadie quería dejar sus pertenencias.

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Y el desastre se sucedió al principio con lentitud, y cuando ya no se podía hacer nada, se agravó.

Ríos desbordados

El domingo 28 de octubre, el río Grijalva se salió de su cauce. El agua empezó a pasar a algunas colonias de Villahermosa. La capital de Tabasco está un metro por debajo del nivel del mar, así que una vez rebasados los diques naturales y artificiales, el agua no regresaba al río.

Miles fueron desplazados a albergues, mientras los niveles del agua subían en el río Carrizales y en las lagunas de contención. Algunos damnificados fueron alojados en el recinto de la Feria del Parque Tabasco, junto al Carrizales, una zona entonces segura.

El miércoles 31, las lluvias en Chiapas y el desfogue de la presa Peñitas causaron que el agua de todo un mes en este lluvioso estado, corriera en un solo día por el Carrizales.

Ahora por el poniente, la ciudad se inundaba. Los damnificados de los primeros días que estaban en el recinto ferial tuvieron que ser reacomodados en otros albergues.

Colocación de diques

El Ejército Mexicano ya estaba trabajando, y de la mano de habitantes de la ciudad, llenaron miles de costales de harina que colocaron sobre una de las márgenes del río para evitar que el agua llegara a la zona hotelera y a las populosas colonias colindantes.

Quizás fue cuando todo el mundo se dio cuenta de la situación que prevalecía. El Presidente Felipe Calderón llegó ese miércoles a ofrecer la ayuda del Estado Mexicano.

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Bajo el agua

Pero la gota que colmó el vaso llegó el jueves cuando no se pudo evitar que el agua inundara el centro de la ciudad, con construcciones coloniales, las mejores tiendas y las oficinas gubernamentales.

Ya los periódicos nacionales cabeceaban con titulares como “Devastada”, acompañada de fotos de la ciudad, anegada y sus habitantes clamando pro ayuda.

Fue entonces como el gobernador Andrés Granier señaló las coincidencias de la situación de Villahermosa con la de Nueva Orleáns tras el paso de “Katrina” en 2005.

Entre tragedias

Para algunos expertos, no es ninguna exageración.

Recién llegado, el comandante Javier Orozco, líder del escuadrón de bomberos del municipio de Tlalnepantla, sabe que la tarea que viene por delante será titánica. “Está grave”, dice, bajando el volumen de su voz y mirando a los ojos. El, junto con diez elementos de su base, son expertos en rescate submarino, y llegan a Villahermosa a ayudar.

Han estado en Indonesia, auxiliando tras el tsunami, y en Irán, rescatando personas después de un sismo, así que experiencia en desastres no le falta. Sin embargo, la tragedia le pega, y su cara, que parece un resumen de sus experiencias, se oscurece y su mirada se vuelve como esas de los tabasqueños.

La incertidumbre

No sabe dónde va a dormir, qué va a comer, ni siquiera quién va a coordinar sus esfuerzos. De hecho, sólo trae la ropa que lleva puesta, su uniforme de trabajo. Sus cosas personales viajan por tierra junto con su equipo de rescate.

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“Si la gente no come, pus ni modo que lo hagamos nosotros”, y muestra las palmas de sus manos, poniéndolas hacia arriba.

Es una muestra más de la solidaridad de la mayor parte de la población de México que se manifestó en los centros de acopio, a donde llegaban familias enteras cargando cajas con ayuda.

En la representación del gobierno de Tabasco en la ciudad de México, las botellas de agua se apilan sobre la acera, y dos enormes tráilers son llenados por voluntarios y boy scouts.

Tras más de doce horas de camino desde el centro del país, la ayuda llega tras cruzar las carreteras, inundadas en varios tramos.

Distribuir la ayuda

El problema es ahora repartirla.

En algunas colonias sólo es posible llegar en lanchas pequeñas. Las embarcaciones grandes causan olas que pueden voltear las lanchitas en que la gente se mueve.

Muchas personas pertenecen en los segundos pisos o las azoteas de sus casas por miedo al saqueo, y a la incertidumbre de cuando podrían volver si dejan su hogar.

En busca de alimento

“Este es el embarcadero”, dice con seguridad un tabasqueño y apunta a la parte más alta de una calle donde descansan barcas de fibra de vidrio. Varias personas esperan pacientemente mientras regresa una lancha piloteada por personal de la Marina, como si estuvieran aguardando el autobús. Sin prisas, con la calma de Job.

Tras unos minutos llega la lancha. La gente levanta sus paquetes con provisiones del piso y se sube a la embarcación. Hombres, mujeres y niños se amontonan y se dirigen a sus casas, sin luz ni agua potable, pero con sus familias.

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El sábado el sol pegó de lleno como no lo hacía en días, lo que favoreció una disminución de la altura del nivel del agua en ríos y lagunas.

Así, el gobernador se permitió sonreír en un programa de la televisión estatal. Dijo que espera que esto permita acelerar los trabajos de rescate y ayuda.

Sin embargo, recordó que las pérdidas económicas superan los dos mil millones de dólares. Mucho dinero para cualquier estado, pero que no le dice nada a toda la gente pobre de Tabasco, que como todo México son la mayoría. Ellos han perdido el patrimonio forjado en varias generaciones y que ahora no saben cuándo podrán recuperar.

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