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Tepito, centro de la pirateria

Tepito, centro de la pirateria

El barrio de Tepito, en el corazón de la capital mexicana, lucha por sacudirse la mala fama de refugio de delincuentes.

"Barrio Bravo"

CIUDAD DE MÉXICO -  El barrio de Tepito, en el corazón de la capital mexicana, recuerda las hazañas de sus glorias del boxeo y lucha por sacudirse la mala fama de refugio de delincuentes en medio de operativos policiales contra la piratería, el contrabando y el narcotráfico.

En este barrio hay un dicho que los vecinos tratan de cumplir a rajatabla, "en Tepito todo se vende menos la dignidad", y es que con un mercado callejero, "tianguis", que ocupa más de 25 calles, y tres mercados más, uno de alimentos, uno de calzado y otro de segunda mano, la mayoría de los vecinos son comerciantes.

"Tepito es una comunidad grande y fuerte, porque aquí todos trabajamos para sobrevivir", explica a Efe Silvia Hernández, quien tiene un puesto callejero de comida.

A Silvia le encantan las calles que la vieron nacer, y se enoja cuando se le pregunta por la peligrosidad del llamado "Barrio Bravo".

"Las noticias sólo dicen que hay puro ratero, puro vicioso, pero donde quiera hay rateros y viciosos, no son más que aquí", asegura para culpar después a las autoridades por no darles trabajo a los del barrio.

Respecto a los negocios de piratería y contrabando de productos como perfumes, muy comunes en Tepito, Silvia sostiene que "si un ratero se mete a vender piratería, va a dejar de robar y ya no mata, pero las autoridades no entienden eso".

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Juan Manuel vende juegos piratas para vídeo-consolas en el tianguis, y asegura que a pesar de los operativos, viven bastantes tranquilos, pero una señora de un puesto de venta de televisiones portátiles cercano, que no quiere revelar su nombre, disiente y asegura que las ventas han bajado en los últimos años por "la mala fama" que dan los operativos policiales al barrio.

"En Tepito se vive mal únicamente por la voracidad del gobierno, que nos tiene amenazados por muchos lados", le da la razón Jesús Plasencia, otro comerciante.

Las calles de Tepito están llenas de puestos y gente, y en sus laterales hay vecindarios, especie de "corralas", con patio, plantas, altar a la Virgen de Guadalupe y lavaderos comunes, donde los tepiteños hallan un remanso para vivir.

Pinocho y la Santa Muerte

El principal riesgo para los adolescentes de Tepito es la droga, "que hace que muchos se pierdan y hagan cosas que no deberían", explica Jorge Vera, ex boxeador y entrenador de jóvenes del barrio, como su padre Juan.

"Tratamos de ayudarles metiéndoles en un gimnasio para que vayan por el buen camino", explica. "Estos jóvenes no tienen un guía en la vida, el deporte les guía un poco y les saca de la mala rutina".

De hecho en Tepito el boxeo es el deporte rey y de este barrio del centro de Ciudad de México han salido grandes campeones, como Raúl "El Ratón" Macías, Rubén "El Púas" Olivares, o Lorenzo "Halimi" Gutiérrez.

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Halimi, quien alcanzó un campeonato nacional de peso mosca, culpa al "desmadre" que lo dejó sin dinero.

Cuando se acerca al gimnasio los niños aún lo miran con admiración y los mayores, como el fundador del gimnasio, Gerardo Gutiérrez "Pinocho", lo recuerdan con respeto, algo que, a simple vista, resultaría difícil de creer.

En las fiestas del patrón del 4 de octubre, San Francisco de Asís, cuentan con él y con Pinocho para entregar los trofeos de boxeo a los campeones del barrio del festejo.

Barrio contradictorio

Aunque la auténtica patrona del barrio es la Santa Muerte, cuyos devotos que visitan su altar en el barrio ascienden a 5.000 el primer día de cada mes, según explica Enriqueta Romero, la devota que le construyó el altar.

Según dicen, la Santa Muerte protege a sus fieles y les concede milagros, como explica María Luisa Mejía llorando en agradecimiento ante la imagen porque sacó de las drogas a su hermano.

Tepito, con sus múltiples caras y contradicciones, y a pesar de sus peligros, es el barrio del que los vecinos no se quieren marchar, allí nacieron y allí quieren ver crecer a sus familias.

"Somos muy felices aquí, aunque seamos el barrio al que mucha gente tiene miedo, somos privilegiados por vivir aquí", concluye con una sonrisa Miriam, vecina del lugar.

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