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Tarahumaras soledad y silencio

Tarahumaras soledad y silencio

Desde hace mil años los indios tarahumaras, han vivido diseminados por las montañas del estado de Chihuahua.

Propio lenguaje

CHIHUAHUA - Desde hace mil años los indios tarahumaras, últimos sobrevivientes de la gran cultura mesoamericana prehispánica, han vivido diseminados por las escarpadas montañas de la Sierra Madre Occidental mexicana, donde hoy habitan cuevas, aman el silencio, usan su propio idioma y son muy longevos.Un total de 105 mil indígenas de este pueblo, según el Censo Supremo Tarahumara de 2005, habitan en este majestuoso espacio de 54 mil kilómetros cuadrados conformado por los siete cañones de la Barranca del Cobre, gigantesco paraje descubierto por el turista en 1961, cuando finalizó la construcción de un tren turístico que lo atraviesa.

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Aislados en este místico entorno de picos pétreos catedralicios, con valles más profundos que el cañón de Colorado, los rarámuris, su verdadero nombre, que significa "los que caminan bien", habitan en cuevas sin luz, agua corriente ni drenaje.

Este pueblo ama el silencio, es longevo pese a las condiciones de vida pues alcanzan fácilmente los 80 años y persisten en el uso de su propio idioma, el rarámuri, que en la actualidad ha comenzado a estudiarse en algunas escuelas.

Las costumbres

Olga Burciaga, experta en capacitación del organismo Coordinación Estatal Tarahumara, CET, creado en 1987 para el fomento indígena en la región, dijo que el rarámuri "es una lengua ágrafa" de transmisión oral de madres a hijos, pues las mujeres tienen la "obligación de sostener la vestimenta y el idioma".

Existe además la figura del educador o mayora, que trabaja con los niños para que no pierdan la lengua.

'Escritura latinizada'

No obstante, explicó Burciaga, ya existe una escritura latinizada basada en la gramática que escribió hace 52 años el padre jesuita David Brambila, junto al indígena tarahumara Erasmo Palma, y también hay libros de texto en rarámuri.

Pese a algunas costumbres católicas adoptadas tras la evangelización jesuita de la Sierra Tarahumara en siglo XVI, los rarámuris practican un panteísmo animista basado en la unión sagrada con la naturaleza, armonizando lo que piensan, hacen y sienten.

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Si no hay cuevas ...

Cuando no hay cuevas, construyen casitas cerca de manantiales, muy lejos de sus vecinos, por lo que con frecuencia deben caminar a diario largas distancias. De ahí su nombre, "el que camina bien", que se refiere tanto al mundo físico como espiritual.

El poeta francés Antonin Artaud escribió en 1930 que la cultura tarahumara era la más civilizada del planeta por su hondura espiritual y filosófica y por la alta conciencia de sí mismos y su entorno.

La resistencia

Es precisamente esta fortaleza física y anímica basada en la soledad y el silencio la que les ha permitido, durante cuatrocientos años, resistir los embates del mestizaje, las guerras y las ideologías.

Según Olga Burciaga, no existe gente "más especialista en la resistencia cultural que el tarahumara".

Recursos para indígenas

Carlos Flores, jefe de 'planeación' de la CET, señaló que el programa del Gobierno de Chihuahua, "Manos a la Obra", presupuestó en 2007 un total de 1.257 millones de pesos para alimentación, salud, educación y otras mejoras destinadas a esta población.

El Gobierno de Chihuahua, uno de sus principales promotores, les reconoció también la propiedad ejidal de sus tierras, que no se pueden vender, algo impensable para quienes han hecho de la escasez la virtud que los libera.

Lo que desde fuera se confunde con conformismo, timidez, dejadez o desafecto, alberga una sencilla sabiduría: el rarámuri nunca acumula pero siempre está activo.

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Así, los hombres cortan leña, cultivan maíz, vigilan el ganado y secan la carne, mientras las mujeres cuidan el núcleo familiar y tejen cestos que venden a los turistas por raquíticas cantidades con que proveerse de un barreño, una manta y poco más.

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