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Policias, entre el honor y la

Policias, entre el honor y la

Algo ocurre en el país, al parecer, agentes de las distintas corporaciones policiacas se han dejado corromper por el crimen organizado.

Sobornos y temor

CIUDAD DE MÉXICO – El narco está dentro de la policía mexicana. Los recientes operativos contra agentes vinculados con el crimen organizado son una muestra alarmante de que las autoridades se han dejado corromper por la delincuencia y ahora se baten entre el honor de servir a su país y la traición, a cambio de poder y dinero.Hace un par de semanas, el Ejército arraigó a 124 agentes policiacos de 12 corporaciones municipales del fronterizo estado de Nuevo León, presuntamente vinculados con el tráfico de drogas, lo que a decir de analistas consultados por Univision Online evidencia la creciente descomposición del sistema judicial mexicano.

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Luego de intensos interrogatorios, casi la mitad de los agentes detenidos admitieron haber recibidos sobornos entre $45 y $1,300 (500 y 15 mil pesos) del Cártel del Golfo, a cambio de proteger los cargamentos de droga, que tenían como destino Estados Unidos, o de no ser molestados si llevaban algún “levantado” por las carreteras de la región.

En sus declaraciones, los elementos confesaron que aceptaban el dinero por temor a “Los Zetas”, el brazo armado de la organización criminal liderada por el capo extraditado en Estados Unidos, Osiel Cárdenas, pues habían sido amenazados de muerte si se negaban a cooperar.

Según los arraigados, los narcotraficantes se entrevistaban primero con los jefes de las corporaciones para intimidarlos. Una vez que aceptaban las condiciones, los capos les hacían llegar el dinero introducido en sobres con los nombres o apodos de los agentes involucrados junto con las instrucciones para la protección de sus movimientos.

“Compra” de agentes

Pero esto no es nuevo en el país. Según un estudio del Instituto Mexicano de Estudios de la Criminalidad Organizada, “es una constante histórica que el crimen organizado –como el narcotráfico- realice esfuerzos permanentes para someter al Estado y sus fuerzas a sus designios, o al menos, para que estos no sean un obstáculo inamovible”.

De ahí que los grupos delictivos mejor organizados invierten buena parte de sus ingresos en la “compra” de agentes policiacos y demás funcionarios públicos.

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Entrevistado por Univision Online, el doctor José Luis Piñeyro, experto en Seguridad Nacional, explicó que en México las corporaciones municipales constituyen las agrupaciones más susceptibles a la corrupción, “en comparación con las corporaciones estatales y federales que tampoco están exentas de malos elementos”.

Tal es el caso de las policías municipales de Matamoros, Nuevo Laredo y Reynosa, en el estado de Tamaulipas, que recientemente fueron inspeccionadas para detectar sus relaciones con el crimen, así como la de Guadalupe, en Nuevo León, donde el pasado fin de semana ocho agentes fueron detenidos por sus vínculos con el narco.

Tres problemas a resolver

De acuerdo con Piñeyro, hay tres elementos que favorecen la corrupción entre las corporaciones policiacas; dificultades que de solucionarse, eventualmente contribuirían en la solución de este complicado problema para la seguridad del país.

“El primer elemento tiene que ver con el proceso de reclutamiento”, explicó Piñeyro, “habría que revisar qué tan estrictos son los procedimientos de admisión de las corporaciones y qué tan efectivos para detectar a personas con elementos penales o fallas psicológicas”.

“El segundo está relacionado con el proceso de entrenamiento”, indicó, “no sólo en el sentido técnico del manejo de armas y tácticas de combate, sino entendido como el conjunto de valores de servicio, honestidad y sacrificio que son inculcados entre los agentes en el momento de su adiestramiento”.

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Según el experto, el tercer elemento es de índole salaria l, pues los bajos salarios que se ofertan a los elementos intervienen en su decisión de involucrarse con el narcotráfico. Para José Luis Piñeyro, estos tres elementos están estrechamente relacionados entre sí, aunque hay casos en los que prepondera alguno más que los otros.

Plata o plomo

A decir del catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana, el problema de la corrupción policial en México, es también una “cuestión de filtros”, es decir, no existen los tamices adecuados de control interno para evitar que los elementos corrompidos continúen laborando en las corporaciones e incluso lleguen a los mandos superiores.

El narco además tiene el poder para disponer de la vida de sus socios. Según Piñeyro, cuando algún elemento ya es innecesario para colaborar en sus funciones entonces es eliminado, ésta es una de las reglas del crimen organizado.

O bien, explicó el experto, son asesinados porque no cumplieron con su trabajo o no lo hicieron bien; incluso muchos policías son muertos porque no aceptaron las condiciones del narco y decidieron combatirlos, concientes de su labor como policías. “De ahí el aforismo de ‘no aceptaron plata y les dieron plomo’”, recordó Piñeyro.

Bajo alguna de estas premisas, en lo que va del año, al menos 70 agentes de distintas corporaciones han muerto en manos del narcotráfico.

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Zetas, “maras” y kaibiles

Para el criminólogo Alberto Hernández, “siempre han existido agresiones contra los cuerpos policiacos, la muerte violenta es la firma del crimen organizado y su manera de establecer su poderío y hacer evidente su impunidad”.

La diferencia es que en la actualidad, aseguró, los crímenes del narco han dejado de ser cifrados, para convertirse en señales abiertas que buscan generar dudas y sembrar temor.

Según el doctor René Jiménez, analista del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, esto se debe a la mala estrategia gubernamental implementada contra los cárteles del narcotráfico, cuyos brazos armados están comandados por gatilleros de los Los Zetas, pandilleros de las ‘maras’ y ex kaibiles de Centroamérica.

De policías a funcionarios

Al crimen organizado no se le vence con persecuciones, indicó Jiménez, la lucha se debe complementar con trabajos de inteligencia, como sucedió en las ciudades de Bogotá y Medellín, en Colombia, y con una política integral que incluya aspectos de jurídicos y anticorrupción.

Y es que el poder del crimen es tal, que a últimas fechas se ha dado el lujo de escalar el nivel jerárquico de las víctimas y pasar de la intimidación de simples policías a amedrentar a las familias de altos funcionarios federales, un hecho inédito en la historia del país, donde el gobierno federal en turno, históricamente ha sido una figura intocable.

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Las amenazas han alcanzado a personajes de mayor nivel, entre ellos alcaldes –como el de Acapulco, Félix Salgado-, diputados federales, jueces, procuradores –Luis Carlos Treviño, de Nuevo León-, regidores y al propio presidente Felipe Calderón.

Recientemente, el general Francisco Fernández fue tiroteado a pocos días de asumir el cargo de secretario de Seguridad Pública de Tabasco, asimismo en la Ciudad de México fue asesinada la hija de otro general, Luis Humberto López Portillo.

En constante riesgo

Al respecto, Univision Online charló con un elemento de una de las corporaciones de seguridad pública de México, quien prefirió el anonimato.

Según el uniformado, a pesar de que el suyo es un trabajo de alto riesgo, últimamente el temor por perder la vida se ha convertido en una constante entre él y sus compañeros, pues la ola de violencia incluso lo ha llevado a considerar cambiar a un oficio menos aventurado.

“Nosotros salimos a las calles a combatir el hampa con incertidumbre: sin armas adecuadas, ni chalecos antibalas y, en ocasiones, con vehículos en mal estado”, denunció.

Estos factores, aseguró el agente, complican la labor de sus compañeros, quienes además se enfrentan a la corrupción de los “malos elementos y jefes”, que abundan en las corporaciones.

“Hay veces que aunque uno quiera hacer bien su trabajo, las órdenes llegan desde arriba y nos obligan a liberar a algún maleante que fue capturado o hacerse de la vista gorda (disimular) para dejar pasar algún ‘negocio’”, comentó, “y ni modo, tenemos que entrarle, porque si no, se pone en riesgo el trabajo y hasta la propia vida”. 

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