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Los ataques en Ciudad Juárez son el pan de todos los días.

Plan del gobierno para salvar a Ciudad Juárez es insuficiente

Plan del gobierno para salvar a Ciudad Juárez es insuficiente

"Todos Somos Juárez" ss el nombre del programa de $274 millones del gobierno federal de México para mejorar C. Juárez.

Los ataques en Ciudad Juárez son el pan de todos los días.
Los ataques en Ciudad Juárez son el pan de todos los días.

Pasear sin balas apuntando

CIUDAD JUAREZ, México - En uno de los barrios más peligrosos de Ciudad Juárez, situado en la ladera de un cerro, un parque inmaculadamente reconstruido se extiende a lo largo de dos cuadras. Entre las casuchas de concreto se destaca un nuevo auditorio techado, una cancha de fútbol y un área de juegos.

"Todos Somos Juárez" está escrito en el laberinto de toboganes y balancines. Es el nombre del programa de $274 millones del gobierno federal de México para mejorar la educación, el empleo y la seguridad en esta violenta ciudad de la frontera con Estados Unidos, considerada una de las más peligrosas del mundo.

Poco después de que el parque fue inaugurado en septiembre, arrojaron un cadáver en la cancha de baloncesto.

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"Es bueno tener un parque", dijo Teresa Almada, directora de la Casa de Promoción Juvenil. "Pero el tema es cómo la gente puede pasear en los parques con las balas".

Esos son los precarios éxitos de Todos Somos Juárez, un programa que el presidente Felipe Calderón promueve en cada esquina como prueba de que México libra una guerra contra las drogas con más que armas y soldados. Las inversiones diseñadas para combatir la pobreza y el desencanto que alimentan las filas de los cárteles están por toda la ciudad: parques y escuelas nuevas en algunos de los barrios más pobres, nuevos hospitales y clínicas, y más patrullas de la policía en distritos comerciales para detener la extorsión que ha devastado la economía local.

Todos Somos Juárez

La tarea es enorme. Antes de que la violencia aumentara en el 2008, fruto de una guerra entre dos cárteles por controlar el lucrativo tráfico de estupefacientes en la ciudad, Juárez sufrió durante décadas la falta de inversión de los gobiernos estatal y federal. Por cada escuela que se construye por Todos Somos Juárez, hace falta otra. Los habitantes desconfían de las autoridades, quienes en el pasado parecían estar trabajando para las organizaciones criminales a las que se supone debían combatir.

Ahora la guerra contra las drogas ha hecho que miles huyan de la ciudad. Las patrullas han llegado ahora que las otrora prósperas zonas comerciales se han convertido en hileras de decrépitos edificios tapiados. Aunque hay nuevas instalaciones hospitalarias, los médicos han cerrado sus consultorios privados y protagonizaron protestas por los secuestros de 20 doctores desde el 2008 y por la muerte de tres el año pasado: uno en un ataque con carro bomba y otro después de que su familia pagó un rescate.

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Desde que Calderón lanzó personalmente Todos Somos Juárez en febrero y formó mesas de trabajo con académicos, grupos civiles y líderes empresariales para revisar proyectos y dar seguimiento de su progreso, la ciudad ha tenido su año más violento con más de 3 mil asesinatos hasta mediados de diciembre.

"Estamos muy escépticos", dijo la doctora Leticia Chavarría, miembro del Comité Médico Ciudadano que participa en las mesas de trabajo. "Todos estos meses desde que vino el presidente Calderón e hizo mesas de trabajos, los resultados han sido al contrario, aumentaron los delitos".

Paso a pasito

Calderón responde alegando que el desarrollo social y económico no produce resultados de la noche a la mañana. Su gobierno ha estudiado a Colombia y a Palermo, Italia, lugares conocidos por el predominio del crimen organizado, y en ambos se requirieron años para lograr un cambio.

"Si nosotros estamos construyendo cinco preparatorias o tres universidades más, no me digan que no funciona cuando empezaron clases hace un mes", dijo Calderón en octubre. "Se necesita que varias generaciones tengan oportunidades educativas, se necesita que se reinserten esas nuevas generaciones de estudiantes en la estructura productiva de Juárez. Es una labor de largo plazo".

Todos Somos Juárez se lanzó luego de una tragedia que pareció colmar a los ciudadanos de Juárez: 15 jóvenes, la mayoría de ellos estudiantes de secundaria, fueron masacrados en enero en una fiesta en un caso que se presume derivó de una confusión. Calderón llegó después de los homicidios a una comunidad furiosa, cuya profunda desconfianza fue exacerbada cuando el presidente inicialmente describió a las víctimas como pandilleros.

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Si se le pregunta a los juarenses sobre la situación de su ciudad, es como si todos hubieran recibido el mismo guión: la ciudad que comparte frontera con El Paso, Texas, ha sido históricamente próspera y generadora de empleo y oportunidades para mexicanos de todo el país. Pero nunca recibió la justa retribución por los impuestos que esos empleos generaban.

"Hubo muchos gobiernos federales y algunos gobiernos estatales que ni quisieran (ayudar) a Juárez", dijo el presidente municipal juarense Héctor Murguía. "Juárez creció por su propia dinámica. Pero nos falta todo, nos falta pavimento, luz, centros comunitarios, centros de salud, parques, maestros, bibliotecas".

Cártel de Sinaloa vs Cártel de Juárez

Como en muchas partes de México, el narcotráfico era una parte aceptada de la economía, siempre y cuando las cosas se mantuvieran relativamente tranquilas. Eso comenzó a cambiar con el cierre de la frontera tras el 11 de septiembre del 2001, lo que hizo que las drogas que debían llegar a Estados Unidos se vendieran en las calles locales.

Hoy se estima que hay 100 mil drogadictos en una ciudad de 1.4 millones de habitantes, donde jóvenes visiblemente drogados deambulan por las calles y ocurren tiroteos a plena luz del día.

En el 2008, comenzó la lucha de los cárteles de Sinaloa y Juárez por las lucrativas rutas de transporte hacia Estados Unidos, así como por el mercado local, lo que causó que la violencia se disparara y que partes de la ciudad se quedaran vacías. Los cálculos de cuánta gente ha salido de Juárez exceden los 200 mil.

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El desempleo en Ciudad Juárez es de 7%, cuando el promedio nacional es de 5.4%, de acuerdo con el economista local Miguel Angel Calderón.

Botones de pánico

Con ese panorama, Todos Somos Juárez se lanzó como una iniciativa conjunta entre gobiernos federal, estatal y local para reducir la violencia y mejorar la calidad de vida con 160 "acciones concretas", desde codificar los radios de la policía e incrementar el crédito para empresas locales, hasta darle a los alumnos clases de civismo.

Aun los detractores dicen que ha habido progresos. Además de las seis nuevas escuelas, el gobierno ha dado miles de becas para mantener a los estudiantes en las aulas y ha extendido el horario escolar hasta las 5 de la tarde en 32 colegios, lo que previene que los niños salgan a las calles y brinda una mayor flexibilidad a los padres que trabajan.

Más de 150 mil personas pobres se han incorporado al seguro popular de salud, el hospital general tiene 34 camas más y el hospital para mujeres finalmente fue concluido.

Los pobladores creen que otras de las mejoras son insuficientes y tardías.

Todos Somos Juárez comprometió $267 mil para apoyar a organizaciones comunitarias que ayudan a los adictos y prometió instalar botones de pánico (alarmas silenciosas que llamarían a la policía en una emergencia) en 65 centros de rehabilitación. Pero el ingreso de adictos ha disminuido en muchos centros, donde bandas rivales han lanzado ataques y matado a decenas.

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Oscar Chavarría, un adicto rehabilitado y gerente de la Asociación Nacional de Alcohólicos y Adictos en Recuperación, dijo que su centro ha recibido 50 kilos (110 libras) de frijol y cinco cajas de leche en polvo de Todos Somos Juárez, y que espera una donación de mantas. Pero sólo hay 35 personas en una instalación que puede albergar a 120.

"Hay temor en la ciudad", dijo Chavarría.

Todos Somos Juárez prometió nueve "corredores de seguridad" libres de delincuencia en los que sería seguro transitar las 24 horas del día, pero sólo ha completado tres a la fecha. En uno conocido como Gómez Morín, un largo tramo de bulevar comercial que incluye comercios como Starbucks y Chili's, hay docenas de fachadas cerradas o quemadas. Un conjunto de establecimientos -una casa de cambio y una de empeño contiguas a una tienda de licores- depende no de las patrullas del programa, sino de guardias de seguridad privada luego de que la casa de cambio fuera asaltada e incendiada el año pasado.

Faltan agentes

El guardia de seguridad privado Alejandro García Veloz, de 31 años, dijo que la policía patrulla la zona, pero que sólo se detuvo una vez para saber si tenía permiso para el arma de choques eléctricos que porta. Su primo, un agente estatal, fue ejecutado la noche previa.

"No he visto cambios", dijo García.

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En otra parte del centro de la ciudad, los patrullajes de la policía federal han reducido la extorsión y los asaltos a dueños de negocios casi a cero. Pero de 120 locales, 88 han cerrado en los últimos dos años.

Los miembros de la comunidad en las mesas de trabajo de Todos Somos Juárez dijeron que la inversión social no marcará la diferencia mientras la delincuencia y la impunidad continúe.

Menos de 5% de los crímenes en Juárez se investigan. Nadie ha sido arrestado en relación con los casos de los doctores secuestrados y asesinados.

Abelardo Escobar, secretario de la Reforma Agraria de México y el encargado de dirigir Todos Somos Juárez desde la Ciudad de México, dijo que con el programa se contrataron más agentes, pero que aún se necesita investigar mejor a los policías.

En la empobrecida colonia Plutarco Elías Calles, Mónica Ramos Escobedo observa desde su casa el nuevo parque, el cual dice es un cambio agradable respecto al sucio arroyo que había antes.

Como muchas de las casas de alrededor, la suya tiene una nueva ampliación -un dormitorio y medio baño- construida por el gobierno federal.

"Siento como que nos ayudará", dijo la mujer de 33 años, mientras uno de sus cuatro hijos juega en el ejercitador del parque que está cruzando la calle.

Pero su nueva ampliación ya tiene goteras.

Residentes escapan de "ciudad agonizante"

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Laura Longoria apuntó con el dedo a las casas abandonadas y contó cuántas familias han escapado de la ciudad más mortífera del Hemisferio Occidental solamente en su calle.

"Una, dos, tres, cuatro, aquí, y dos más allá en la otra cuadra", dijo Longoria, de 36 años y con cuatro hijos. Longoria administraba una tienda en su barrio obrero en el sur de Juárez hasta que los dueños la cerraron, hastiados con el tributo que se vieron forzados a pagarle a los pandilleros del narcotráfico para seguir funcionando.

Su familia prometió quedarse. Pero entonces ocurrió el secuestro de un adolescente de una tienda de artículos de papelería al otro lado de la calle. El esposo de Longoria, Enrique Mondragón, solicitó una transferencia a la compañía de autobuses en la que trabaja.

"Ellos me preguntaron 'adónde' ", recuerda Mondragón. "Yo les dije 'adonde sea'".

Nadie sabe cuántos residentes han dejado esta ciudad de 1.4 millones de habitantes desde que comenzaron las batallas territoriales entre pandillas, desatando una ola sin precedentes de asesinatos y caos. Líderes empresariales, citando información tributaria del gobierno, dijeron que el éxodo pudiera totalizar 110 mil personas, mientras que un grupo municipal y una universidad local colocan la cifra cerca de 230 mil, y estimados de organizaciones sociales son aún más altos.

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El éxodo es especialmente difícil de cuantificar porque Juárez tiene una naturaleza transitoria, atrayendo a miles de trabajadores a empleos temporales en fábricas, y a quienes usan la ciudad como escala antes de cruzar ilegalmente hacia Estados Unidos.

Pero sus efectos son vistos en todas partes. Prácticamente no pasa una semana sin que Longoria y su esposo vean a otro vecino irse. Entonces los vándalos llegan y se llevan ventanales, tuberías, e incluso elementos de las instalaciones de electricidad, hasta que solamente quedan paredes peladas cubiertas de graffiti, rodeadas por patios llenos de comida podrida y viejos neumáticos. Esa podría ser la suerte de la casa de tres habitaciones de Longoria si se aprueba la transferencia de su esposo.

Controlada desde hace tiempo por el Cártel de Juárez, la ciudad cayó en un horripilante ciclo de violencia luego que el capo narcotraficante más buscado en México, Joaquín "El Chapo" Guzmán, y su Cartel de Sinaloa tratasen de tomar el control por la fuerza a partir del 2008. El presidente Felipe calderón envió a casi 10.000 soldados para restaurar el orden. Ahora, el ejército y las autoridades federales están yendo puerta a puerta, realizando un censo de emergencia para determinar cuántos residentes han huido.

Muchas personas, sin embargo, se niegan a responder a sus preguntas por temor a que las autoridades simplemente estén colectando información sobre barrios para poder extorsionar a los residentes, como lo hacen las pandillas de la droga. "Muy pronto", dijo Longoria, "no va a quedar gente que contar".

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Mientras muchos de los residentes de Juárez que escapan de la violencia buscan refugio en puntos más pacíficos en el país, otros han cruzado la frontera hacia El Paso, Texas, con una población de 740 mil, donde la tasa de apartamentos vacantes ha caído y los pedidos de servicios se han disparado, dice el alcalde John Cook.

Masacres, decapitaciones, videos en YouTube en los que se ven sesiones de torturas del cártel e incluso coches bombas se han vuelto algo común en Juárez, donde más de 3.000 personas fueron asesinadas en el 2010 - de acuerdo con el gobierno federal - lo que hace de la ciudad uno de los lugares más peligrosos del planeta.

Una ciudad que está muriendo

El Paso, por contraste, ha tenido tres muertes violentas.

El presidente de la Cámara de Comercio de Juárez, Daniel Murguía, dijo que al menos 6.000 negocios de la ciudad cerraron en el año, de acuerdo con cifras del la Secretaría de Gobernación.

Kathy Dodson, directora económica municipal de El Paso, dijo que el número de honorarios por permisos para nuevos negocios allí no ha subido considerablemente, pero José Luis Mauricio, presidente de un grupo para nuevos empresarios mexicanos en El Paso conocido como "La Red", declaró que la membresía ha subido de nueve en febrero a unos 280 a finales del año.

"Quizás es un poco triste para Juárez, pero éstos son empresarios que se están yendo porque no tienen otra opción", dijo Mauricio, que organiza desayunos semanales para expatriados mexicanos que buscan establecer negocios en El Paso.

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Un miembro del club es un mexicano-estadounidense que es dueño de una fábrica en Juárez, pero se mudó a El Paso con su familia luego de que fue secuestrado en el 2009. El hombre de 50 años, que pidió preservar el anonimato para evitar repercusiones, fue mantenido cautivo en una casa se seguridad en Juárez, pero se las arregló para desatarse y gritar lo suficientemente alto que sus vecinos llamaron al ejército para que lo rescatase.

"Hay mucha gente con miedo. No las critico. Incluso si no han tenido una mala experiencia personalmente no quieren ser el próximo en tenerla, así que se van", dijo. Agregó que nunca va a regresar a Juárez, pero espera que un día la violencia se calme lo suficiente como para poder visitar la ciudad.

"Es una ciudad que está muriendo", dijo. "Está fuera de control".

A medida en que desaparecen los comercios en Juárez, incluso residentes que no se mudan al norte cruzan a El Paso más frecuentemente para servicios que ya no están disponibles en sus barrios, gastándose unos 220 millones de dólares al año en la ciudad, dice Murguía.

"Existe un problema de falta de oportunidades, no solamente de violencia", dijo. "No hay empleos, y eso significa que más gente se está convirtiendo en asesinos a sueldo y criminales".

Muchos restaurantes conocidos en Juárez han cerrado sus puertas y se han mudado al otro lado de la frontera. El restaurante elegante María Chuhchena cerró su local original en Juárez y resurgió en El Paso, aunque mantiene una sucursal en el acaudalado distrito de Campestre, en Juárez. Otro favorito de la ciudad, Aroma, fue uno de tres restaurantes incendiados en una sola noche en junio del 2008 y ahora opera en El Paso.

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Tras la puesta del sol, muchas partes de la ciudad quedan prácticamente desiertas, incluso en el centro de la ciudad.

Carteles de "se alquila" y "se vende" se ven en todas partes, colocadas en una pizzería, una tienda de muebles saqueada y un taller de autos.

Otras propiedades abandonadas tienen una simple frase escrita en letras negras. "¿Cuántas más?".

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