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Megaoperativo en Monterrey

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Entre 3 y 7 cárteles controlan hoy el mapa del narcotráfico en México, más revuelto que nunca por despliegue militar.

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Los sicarios

CIUDAD DE MÉXICO - Entre tres y siete cárteles controlan actualmente el mapa del narcotráfico en México, más revuelto que nunca por el despliegue del Ejército en varios estados, las pugnas internas entre las mafias y la creciente corrupción policial.

Las 7 familias de la mafia

Según el gobierno mexicano, el comercio ilegal de drogas está en manos de los cárteles del Golfo, de Tijuana y de Sinaloa, que supuestamente encabeza el negocio.

Varios analistas consideran al de Sinaloa el "protegido" de las autoridades, porque en enero de 2001, durante la gestión del ex presidente Vicente Fox (2000-2006), el capo del cartel, Joaquín "El Chapo" Guzmán, se escapó sorprendentemente de la prisión de máxima seguridad en la que cumplía condena.

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También porque los mayores golpes de la policía contra el narcotráfico en los últimos años han sido contra bandas rivales de ese grupo, originario del estado occidental de Sinaloa, la cuna del narcotráfico mexicano en la primera mitad del siglo pasado.

El periodista Ricardo Ravelo, autor de varios libros sobre la cuestión, piensa que las autoridades mexicanas lo "protegen" para concederle el monopolio del negocio.

En vista de que el narcotráfico no va a desaparecer hasta que EU y Europa dejen de consumir drogas, argumenta, es mejor que lo gestione una organización experta, con capacidad de negociación y menos violenta que otras como el "cartel del Golfo", creadora del grupo paramilitar "Los Zetas".

A esta organización, llamada así por haber aparecido en el Golfo de México, se le atribuye buena parte de la escalada de violencia que este año ha causado cerca de 1.200 muertos en el país.

Muchos de esos asesinatos se deben a la lucha interna que mantienen los integrantes de ese cartel por el vacío de poder que dejó la extradición a Estados Unidos de su líder, Osiel Cárdenas, en enero pasado.

Una "familia" violenta

"La Familia", que opera en el violento estado de Michoacán (suroeste), y "Gente Nueva", una escisión de "Los Zetas" surgida en el estado oriental de Veracruz, son dos de los grupos en liza.

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El analista en materia de seguridad José Reveles opina, por su parte, que en el mercado de estupefacientes mexicano conviven cuatro carteles más.

Son el de los hermanos Díaz Parada, en el estado sureño de Oaxaca; el de Milenio, controlado por los Valencia en el estado occidental de Michoacán; el de los Amezcua, en otro estado del oeste mexicano, Colima, y el de Juárez, de los Carrillo Fuentes.

Para este último grupo, norteño como el de Tijuana, ha quedado atrás la época gloriosa de Amado Carrillo Fuentes, también conocido como "El señor de los cielos" por la flota de avionetas con las que introducía cocaína de contrabando a EU.

Según Ravelo, su presencia se limita hoy en día a una alianza con el cartel de Sinaloa.

La situación es distinta para el de Tijuana, que a pesar de perder a su último gran jefe, Francisco Javier Arellano Félix, alias "El tigrillo", detenido por la policía estadounidense en 2006, sigue manejando esa ciudad fronteriza, donde se produce metanfetamina para el mercado interno mexicano y para llevar al exterior.

La producción de esa droga sintética es la que más ha crecido en el país, donde se cultiva también marihuana y amapola, materia prima del opio y la heroína.

Por razones geoestratégicas, los siete cárteles tienen su origen en el norte del país, junto a la frontera con Estados Unidos, el oeste, en la costa del Pacífico, y el este, en el golfo de México.

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De las rutas del narcotráfico depende también la ubicación de esas organizaciones, que a través del istmo centroamericano trafican sobre todo con cocaína procedente de Colombia hacia EU y, en menor proporción, para el mercado interno.

Las rutas

Para Reveles, los grandes cargamentos aéreos han pasado a la historia y ahora son la vía marítima y la terrestre las más usadas por los criminales.

Por mar, explica, los narcotraficantes introducen la droga a través de los puertos del Pacífico, como Lázaro Cárdenas y Manzanillo, en las bodegas y contenedores de los cargueros, para llevarla luego por tierra hacia el norte.

Más seguras son las lanchas rápidas, que en sus desplazamientos por el Caribe hasta la península de Yucatán, en el sudeste mexicano, resultan difíciles de localizar por los radares y pueden llegar a transportar dos toneladas de cocaína, considera Ravelo.

Desde Yucatán, la droga es reenviada por mar directamente a Miami (Florida) o por tierra a Texas, a través del golfo de México, por los estados mexicanos de Campeche, Tabasco, Veracruz o Tamaulipas.

"Las rutas son infinitas", pues la droga es como el agua, "se filtra por todas partes", se lamenta Reveles.

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