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'Lo primero que pensé fue en mis hijos'. Pilotos relataron momentos de angustia

'Lo primero que pensé fue en mis hijos'. Pilotos relataron momentos de angustia

Los pilotos del vuelo 675, secuestrado el 9 de septiembre en México, relataron a Univision.com sus momentos de angustia.

'Lo primero que pensé fue en mis hijos'. Pilotos relataron momentos de a...

Hechos desde su perspectiva

MÉXICO – “Este sujeto me enseñó el supuesto artefacto (…) Yo, en realidad, al ver ese aparato, lo primero en lo que pensé fue en mis hijos”, dijo Carlos Corzo, capitán  del vuelo 576 de Aeroméxico, secuestrado por un presunto pastor boliviano por motivos religiosos.

“El hecho de ver un dispositivo que parece bomba, que actúa como bomba, ver a una persona que trae una bomba, que está dispuesto a dar su vida por una idea, la verdad es algo que no le deseo a nadie”, aseguró Corzo, asesor instructor quien, junto al capitán Ricardo Ríos y al primer oficial Ralph Klinckwort, relató a Univision.com los momentos que vivieron en el Boeing 737 aquel miércoles 9 de septiembre.

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Todo parecía un vuelo normal, rutinario, hasta que la sobrecargo Gabriela Ceja anunció por el interfón al capitán Ríos de lo que sucedía: Un hombre que decía tener una bomba exigía hablar con el presidente mexicano Felipe Calderón, después de sobrevolar siete veces la Ciudad de México, o detonaría el artefacto sin importarle la pérdida de vidas humanas, incluyendo propia.

A tal petición, correspondió la negativa sobre las maniobras, puesto que el avión no contaba con la gasolina suficiente para ello. Sin embargo, la tripulación ofreció avisar a las autoridades sobre la petición de este hombre, de quien sólo se sabía que no volaba sólo y que venía de un “grupo de Jehová”.

Lo procedente, relató Ríos, fue dar aviso a las autoridades por medio de códigos electrónicos desde la cabina de pilotos, de que el vuelo estaba siendo víctima de un secuestro.

Tranquilidad relativa

El hecho de que el hombre aceptara que no podía sobrevolarse la Ciudad de México por cuestiones de recursos tranquilizó relativamente a los tres hombres al mando, quienes procedieron con el viaje en las mayores condiciones de normalidad que les fueron posibles, luego de hacer un trabajo llamado CRM, Manejo de Recursos de Cabina.

El primer capitán, Ralph Klinckwort pidió a los controladores aéreos se le diera al avión una posición de aterrizaje, de modo que éste se llevara a cabo lo más rápido posible. Y así se hizo. En este momento, la tripulación notificó a los pasajeros de la aeronave secuestrada que se iba a realizar un procedimiento de seguridad, puesto que era evidente que algo estaba sucediendo.

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Tras estacionar el avión, los tres hombres en la cabina comentaron con más tranquilidad lo que sucedía. El capitán asesor instructor, Carlos Corzo, pidió a Ricardo Ríos le permita salir a hablar con el sujeto, a lo cual accedió.

Carlos Corzo salió de la cabina. “Voy hasta la parte de atrás, al pasajero lo encuentro sentado en la fila 30 acompañado de dos sobrecargos y unas cinco personas a su alrededor”.

Aislaron al sospechoso

Corzo le pidió al hombre dirigirse a la cocina. “Ya un poco más aislado, empezamos a tratar de ganar su simpatía, tratar de que me viera a los ojos. Él empezó a hablar de mandatos divinos y me hizo leer unos siete versículos de la Biblia. Entonces, el presunto secuestrador comentó que estábamos en el día 999 (9 de septiembre de 2009) y que México sería el núcleo de algo que vendría”.

En este momento, el capitán apeló a la conciencia del hombre, diciéndole que había mujeres y niños entre los pasajeros y que no debían salir perjudicados. Momentos después fue que los viajeros se enteraron de la situación de emergencia que estaban viviendo.

En la mano, junto a él, este hombre llevaba lo que hizo ver como el dispositivo que explotaría. “Era una maleta portátil de las que se pueden subir al avión. Él no se separaba de ella, junto con un portafolio y la Biblia”.

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El secuestrador accedió a que mujeres y niños salieran de la aeronave. Aprovechando la distracción del sospechoso, Corzo permitió que se intercalaran algunos varones entre las personas que desalojaron.

El momento más difícil

A bordo quedaron 26 pasajeros. El capitán volvió hasta el plagiario, quien le mostró en un gesto intimidatorio el supuesto artefacto explosivo.

“En un momento dado, es muy fácil decir que uno sobreactúa y que quiere protagonismo. En realidad, yo, al ver ese aparato, lo primero que pensé fue en mis hijos. Se veía un artefacto como si fueran dos ladrillos, interconectados con cables y luces parpadeantes, una azul y una roja. Seguí platicando con él para no perder su atención y de reojo él me inducía a que siguiera viendo el artefacto”.

“Yo quería que me viera a los ojos. Para mí era muy importante distraer su atención del aparato. Quería que no le prestara atención al artefacto, sino que me prestara atención a mí y que regresáramos al tema de sensibilidad, de tener en cuenta las demás vidas, de tener en cuenta el daño que estaba dispuesto a producir”, narró el asesor instructor.

Mientras el sujeto mostraba supuesto artefacto explosivo, reiteró a Corzo que no le importaba perder la vida en su afán de transmitir un supuesto mensaje. “Yo no me voy a poner a averiguar si es real o es mentira”.

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Inmediatamente después de la seria afirmación, “el señor agarra un dispositivo cronométrico digital. Lo puso en dos minutos con 39 segundos o algo así, es lo que recuerdo haber visto, y lo echó a andar en cuenta regresiva”.

Amenaza real

“De inmediato, en plan de orden, pedí a las dos azafatas que se fueran a la parte delantera del avión. Sentí tal nerviosismo que empecé a contar de 60 hacia atrás, mientras que el sujeto seguía hablándome. Al llegar a cero, fui hacia delante del avión. Comenté al capitán (Ríos) lo que estaba sucediendo”.

Al volver al sujeto, la labor de Corzo fue convencer al hombre de ir hasta la prensa. Se ofreció incluso a acompañarlo a donde los medios de comunicación ya estaban reunidos.

Cuando el hombre descendió, le dio su portafolios al asesor instructor, quien lo entregó a un hombre que se ostentó como guardia presidencial. El capitán dijo que no le quedaba claro si dentro de los pasajeros que aún estaban el avión se hallaba alguno de los supuestos tres cómplices.

“Regresé a la aeronave, y notifiqué al capitán de que ya podía realizarse el descenso del avión. Se les pide a los pasajeros que bajen y mientras se realizaba el descenso cuando ingresó la PFP. Ese fue el desenlace gracias a la coordinación del capitán Ríos.”

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¿Hecho real o montaje?

Dentro de los medios mexicanos, algunos han especulado o insinuado sobre la veracidad de estos hechos. Los más osados incluso se preguntan si esto en verdad sucedió o se trató sólo de una simulación.

“Para mí es muy respetable si ellos piensan que fue un montaje. A mí me queda claro que toda la tripulación hicimos (aquello) para lo que estamos adiestrados. Porque esas personas muy probablemente lo que querían ver era una explosión y sangre, pero yo no estoy dispuesto a dar mi vida para satisfacer la falta de criterio de esta gente”, respondió enfático Carlos Corzo.

“Ahí demuestran la falta de criterio que tienen, la ignorancia sobre el tema de la aviación y la poca seriedad que tienen para ciertos temas. Como dice el capitán Corzo, a lo mejor querían ver sangre, y si la hubiera habido, seguro también se habrían dado críticas”, ratificó Ricardo Ríos.

Sobre la actuación de las autoridades, los capitanes aseguraron: “nosotros no tenemos porque estar calificando eso, no es nuestra área. Que lo califique la gente (…) Nos sentimos orgullosos de estar en un país que responde y nos respalda”.

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